Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, enero 08, 2017

"ROGUE ONE": LA ESPERANZA DE JYN Y LAS ASPIRACIONES DE KRENNIC



Toda película con el sello Star Wars siempre genera las más altas expectativas. En el caso de Rogue One: A Star Wars Story (2016), los adelantos pusieron el listón muy alto y, a mi entender, el hecho de que no perteneciese a una trilogía incrementaba el interés por ella, en la medida en que sería una entrega con menos ataduras. 
 
Debo decir que Rogue One no me decepcionó, aunque tenga algunos defectos. No parece necesario compararla con The Force Awakens (2015), que perseguía una finalidad distinta y estaba obligada a sentar las bases de una nueva trilogía, en tanto que Rogue One se desarrolla en un contexto ya conocido por el espectador. 
 
El filme se abre con una brillante escena que me recuerda al inicio de Malditos bastardos (2009). El ambicioso director Orson Krennic (Ben Mendelsohn) exige la ayuda —voluntaria o, si no, a la fuerza— del científico Galen Erso (Mads Mikkelsen), un antiguo colaborador renegado, para completar una poderosa arma de destrucción masiva que garantice la paz en la galaxia, aunque sea la paz de los cementerios. Se produce un tiroteo y la hija de Galen, Jyn, contempla la muerte de su madre y el rapto de su padre. Ella consigue escapar, pero su infancia ha terminado. 
 
La trama, como es de sobra conocido, gira en torno al robo de los planos de la Estrella de la Muerte. Sin llegar tener tanto peso en la trama, este mismo tema —aquí se trataba de los planos de la segunda Estrella de la Muerte— aparecía en la novela Shadows of the Empire (1996), de Steve Perry. En cualquier caso, la misión implica un tour de force harto gozoso (con el consiguiente desfile de nuevas unidades militares y vehículos, tanto imperiales como rebeldes).
 
Rogue One es, sobre todo, una película bélica que no escatima tiros ni explosiones, amén de presentar un aceptable body count. Son numerosos los aciertos, como la apuesta por el tono sombrío y serio, las apariciones estelares de personajes míticos, el final heroico y la trabazón con el episodio cuatro. Lo peor es que sobran explicaciones en el último tramo y que de los adelantos a la película se han perdido varias escenas prometedoras.
 
Un problema puesto de relieve por varios críticos es que los personajes no tienen una buena caracterización, lo que se debe a un ritmo acelerado, a un elenco numeroso y a la sucesión de batallas. Es cierto que Jyn (Felicity Jones) es algo fría y que Cassian Andor (Diego Luna) no da mucho de sí, pero, a pesar de todo, su gesta contra el Imperio es emocionante y hay en ellos un cierto halo fatalista que a mí me seduce. Por su parte, el androide K-2SO (Alan Tudyk) es encantador. 
 
En cuanto al villano, ninguna objeción. Después de muchos Sith, era conveniente alguien más normal, más humano. Krennic no es más que un burócrata que pretende ascender en la jerarquía imperial gracias a un proyecto colosal, la Estrella de la Muerte. Pero su camino a la cima se ve obstaculizado por figuras más principales… En este sentido, creo que es un personaje interesante, pues permite explorar nuevos ángulos de la lucha por el poder en el Imperio.
 
En última instancia, en Rogue One confluyen la esperanza en que Jyn transforma su rencor, pagando un alto precio, y las aspiraciones que finalmente ahogan a Krennic. La conflagración resultante es digna de verse. Una aportación, en definitiva, más que destacable al Universo Star Wars.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Mads Mikkelsen es un crack y habría merecido más tiempo, una subtrama de sus relaciones y actividades dentro del Imperio.

El Espantapájaros dijo...

Estoy de acuerdo. Por lo menos habría añadido una escena en el centro de investigación departiendo con sus colegas científicos para darle luego más dramatismo a la ejecución sumaria.