Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 02, 2016

TRIBULACIONES DE UN ACTIVISTA CONTRA EL RACISMO



He conocido a un tal Mohamed Gerehou, español de padres originales de la República Islámica de Gambia. Mohamed se define como “activista contra el racismo” (de algo hay que vivir) y escribe (sorpresa) para el vil periodicucho de Ignacio Escolar. En particular, he leído un artículo suyo titulado “La mentira xenófoba de los valores occidentales” en el que, con ciertas dificultades expresivas, denuncia tales valores.
 
El escrito carece de valor alguno y revela una preocupante falta de formación. No obstante, es una pieza interesante por cuanto pone de relieve el odio a Occidente que emparenta a izquierda e Islam.
 
A Mohamed le irritan los valores occidentales, opina que la propia expresión es “criminalizadora” (sic). Por tanto, partimos de la base de que está mal de que los países occidentales califiquen ciertos valores como propios, a pesar de que lo sean, como se verá después.
 
Mohamed comenta con poca o nula gracia ciertos ejemplos, como Hollande hablando de los valores republicanos (laicismo, igualdad, etc.). El activista, no sé si traicionado por el subconsciente, pero en todo caso de forma cómica, escribe: “Francia, un país que se arriesga y se pone por bandera principios que nadie en su sano juicio suscribiría”. ¿Que nadie suscribiría? ¿No será lo contrario? Qué mal se enseña la lengua española por culpa de los recortes de Rajoy.
 
También menciona al Rey, al que acusa de defender “valores excluyentes” por afirmar que los inmigrantes y refugiados han de respetar los valores del país de acogida. ¿Cómo se atreve el Rey a decir eso desde su trono, etcétera? Hay que respetar la diversidad cultural, por supuesto, y no excluir costumbre alguna. La ablación del clítoris, la sumisión de la mujer al marido, la persecución oficial contra los homosexuales… ¡Cuánto ganaríamos de no ser por el muro de los valores occidentales! 
 
La razón del enfado aparece poco después: “Lo real es el respeto a los derechos y a las libertades, sin distinciones sesgadas que ensalzan a quien se apropia de los Derechos Humanos para occidentalizarlos y blanquearlos”. He aquí el problema. Según Mohamed, lo que luce en la Declaración de Derechos Humanos no son valores occidentales y, lo que es más importante, no puede ser impuesto a los musulmanes (para qué engañarnos, todo gira en torno a eso aunque no se diga explícitamente) que vienen a Europa. 
 
Aun siendo una Declaración universal, ya que fue adoptada por un organismo internacional con esa vocación, su sustrato es básicamente occidental. Los derechos y libertades que se reconocen en ella son los propios del constitucionalismo anglosajón y francés, muy anterior a 1948, y no parecen emanados de la tradición jurídica de Gambia u otros países musulmanes. Por otra parte, los musulmanes que vengan legalmente a Europa tienen derecho a profesar su religión, siempre que no franqueen los límites del orden público. 
 
Los países occidentales harán muy bien en proteger sus valores frente a personajes como Mohamed, que cree que puede dar lecciones porque la policía le haya parado un par de veces por la calle. En realidad, este activista es un resentido, un hijo de inmigrantes que aspira a volver a sus raíces y que, en el fondo, sabe que el Islam no es compatible con Europa y nunca lo ha sido. De esa frustración íntima nace su diatriba contra los valores occidentales y su incoherente apelación a los derechos humanos, que coinciden en esencia con lo que, sin ir más lejos, establece la Constitución española. Y, a diferencia de la ONU, España sí dispone de mecanismos efectivos para garantizar tales derechos, cosa que el activista no puede o quiere apreciar, quizá porque él vive de presentarse como una víctima del sistema. 
 
Sin duda, esos derechos humanos que exige el activista (“a mí dadme más Derechos Humanos”, dice sin pudor, como si él fuese especial) están mejor y más garantizados en los países europeos que en ninguna otra parte. Si no, espero que Mohamed me ilustre acerca del exquisito respeto por los derechos humanos en los países musulmanes. ¿No hay allí “valores xenófobos”? ¿Los extranjeros y, sobre todo, extranjeras pueden comportarse como quieran, según sus costumbres propias? ¿Hasta qué punto se tolera la diversidad cultural y religiosa? 
 
Está claro que Mohamed sufre mucho. No entiendo cómo no emigra a Gambia y huye de los repelentes valores occidentales. Supongo que lo hace por heroísmo: alguien tiene que sacrificarse contra el fascismo europeo. 
 
En fin, otro profesional de la queja que vive de intentar convencernos de lo malos que somos. Pero cada vez cuela menos, por suerte.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

Es un llorica profesional.