Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 19, 2016

EL PROGRAMA DE PODEMOS (Y II): INMIGRANTES Y REFUGIADOS Y DERECHO A DECIDIR



El tercer punto que suscita mi interés en el programa de Podemos es la parte dedicada a inmigración y refugiados. No decepciona. A los inmigrantes irregulares, por descontado, se les devolverá la tarjeta sanitaria (el programa habla de “inmigrantes”, sin distinguir, incurriendo así en una tosca manipulación). También pretenden elevar el rango de la Secretaría General de Inmigración y Emigración, que pasaría a ser la Secretaría de Estado de Políticas Migratorias. Les encanta la palabra “política”, porque la política es buena y nos va a traer la felicidad.

El programa afirma sin pudor que crearán “vías legales y seguras de entrada a España”. Supongo que a los acólitos de Podemos no les consta la existencia de la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, su reglamento de desarrollo, ni siquiera los puestos fronterizos de entrada… En verdad, quieren abrir las fronteras a todos, descontrol absoluto, y seguro que eso funcionaría a la perfección en todos los niveles, desde la integración a los servicios sociales, pasando por el empleo. Brillante.

En coherencia con lo anterior, en la “frontera sur” (Ceuta y Melilla) eliminarán “elementos lesivos” de las vallas y ordenarán que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sean sustituidas por azafatas dispuestas a dar la bienvenida a todo el que desee entrar. Esto no lo dicen así, pero se infiere sin dificultad del tenor literal del texto.

Otra de sus intenciones es acortar los plazos para obtener la nacionalidad por residencia y suprimir el “test de nacionalidad española”. Cómo no: los naturalizados no tienen por qué conocer el español o la cultura española; basta con que sepan meter en la urna la papeleta con la cara de Pablo Iglesias. Y entre ellos habrá muchos de esos latinoamericanos que reclaman en los países receptores las mismas políticas que arruinaron sus países de origen.

Ninguna sorpresa respecto a los refugiados. Garantizarían el derecho al asilo por diversos medios, organizarían canales de entrada seguros… La cantinela habitual en este asunto.

Me sorprende, en suma, que un partido que sostiene que España sufre una emergencia social de incalculables proporciones conciba la inmigración y el asilo como derechos irrestrictos, sin control y sin medición de las consecuencias económicas o sociales. Deberían aclararse. O España es un país pobre por culpa de los recortes del PP o uno con suficientes recursos como para poder permitirse el lujo de una política de inmigración tan generosa.

Esta política (que vengan todos) habría que conjugarla con la nula preocupación del programa por temas de seguridad o terrorismo. He aquí el mejunje que Podemos ha guisado a fin de arrasar España y condenar a sus ciudadanos a la inseguridad y la falta de oportunidades.

Por último, no podía faltar el llamado derecho a decidir, que realmente es el derecho de una parte a decidir sobre el todo. El referéndum en Cataluña está expresamente contemplado y se convocará, según el programa, con arreglo al artículo 92 de la Constitución. Ese precepto establece que las decisiones políticas de especial trascendencia “podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”. Todos los ciudadanos. Por tanto, no sólo los de Cataluña. Esta propuesta es completamente inconstitucional. Las urgencias y compromisos de Podemos con el separatismo son evidentes; ni siquiera en el PSC se ha dado un caso tan flagrante de genuflexión.

Pero la fragmentación de España no debe detenerse ahí, pues plantean que, previa reforma constitucional (o algo así), los gobiernos autonómicos puedan “celebrar consultas a la ciudadanía [sic] sobre el encaje territorial de país [sic] cuando una mayoría lo pida con intensidad”. ¿Qué será pedirlo con intensidad? ¿Poner bombas, como aquella ETA a la que Iglesias reconocía sus méritos en el marco incomparable de una herriko taberna, o basta con hacer una cadena humana de vez en cuando?  Quién sabe.

No hace falta seguir. La muestra, como ven, es expresiva de las intenciones y delirios de Podemos. Con todo, sé que el programa importa poco a sus líderes y adeptos. Si mañana lo cambian, la secta seguirá dando palmas y sonriendo. Si en caso de llegar al poder no lo cumplen, dará igual. Esto se basa en la sonrisa de un país, la sumisión al caudillo y vengarse del vecino. No hay que buscar más racionalidad.

Ahora bien, ya que Podemos se atreve a presentar un bodrio tan abyecto no podía por menos que desgranarlo en cierta medida y advertir del nauseabundo contenido de ese catálogo tan bien editado (en propaganda sí son maestros).

Esto es lo que hay, lo que no temen airear. Lo oculto podría ser, como es obvio, mucho peor. Ahí están Agarzón manifestando sin reparos su simpatía por el régimen bolivariano e Iglesias defendiendo a criminales como Alfon, Bódalo y Otegui.

Seis millones de votos, si se cumplen los pronósticos. Para echarse a temblar. Ya lo ha dicho Santiago González: “Los españoles son un pueblo que se desprecia a sí mismo. Si eligió para representante en Eurovisión a Chikiliquatre, no hay razón para que no acepte como presidente del Gobierno a Pablo”.

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