Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 29, 2016

¿HAY VIDA MÁS ALLÁ DE LA IZQUIERDA?



Hace ya tiempo que vengo sosteniendo —y sé que no soy original— que el PP ha abandonado cualquier tipo de batalla ideológica para centrarse en los detalles o aspectos técnicos de la gestión, permitiendo que sea la izquierda la que continuamente marque la agenda de los problemas públicos y las eventuales soluciones a aplicar. 
 
La increíble pereza intelectual de Rajoy es una de las causas de lo anterior, pero también el miedo del PP a confrontar ideas con la izquierda. En asuntos como el aborto, la educación, la crisis de los refugiados y tantos otros, el PP se limita a practicar un vergonzante seguidismo de lo que opinen los partidos progresistas, si acaso introduciendo algún matiz, leve corrección o queja remilgada. 
 
Los ejemplos abundan. Margallo, cuya estulticia no conoce límites, declaró que “nos hemos pasado cuatro pueblos en el tema de la austeridad”. Los objetivos de déficit impuestos por Bruselas, nunca cumplidos, le parecen excesivos a este rancio personaje, que desea derrochar como en el pasado. Poco antes González Pons había revelado su admiración por Pablo Iglesias, quien mantiene una opinión menos amable sobre los políticos del PP. Y Cifuentes dijo que Escolar le parecía un buen periodista, lamentando su salida de la SER. El mismo periodista que ha dedicado su carrera a intentar destruir el PP y maniatar y deshonrar a sus votantes. El PP es un partido que intenta que le perdonen la vida los que le van a apalear haga lo que haga. 
 
Tampoco Ciudadanos se resiste a los embelecos izquierdistas. Albert Rivera se ha adelantado a Iglesias en hacerse la foto entre unas tiendas de refugiados en Grecia y afirmar que España debería liderar la acogida. Una impresionante bobada que pone de relieve no sólo un enorme oportunismo, sino también una preocupante falta de personalidad propia. No me sorprendería que tales declaraciones se las hubiera dictado el de la coleta. Quizá Rivera, tan buen chico y centrista él, tema que las hordas rojas le acusen de xenófobo o fascista. 
 
Y hace nada, con motivo de la carta que Rajoy envió a Bruselas explicando que adoptaría nuevas medidas para reducir el déficit público (España está sometida a un procedimiento por déficit excesivo), de inmediato el PP matizó lo que eso significaba. Soraya aseguró que no se trataría en ningún caso de recortes, sino de reformas “con presupuesto” para lograr un “crecimiento sostenible”. Es decir, la misma receta fracasada de Zapatero y su fallido Plan E.
 
Se ha llegado a un extremo en que el PP no se atreve a hablar de recortes, reducción del gasto público o austeridad. Antes al contrario, presume de gasto social. El discurso izquierdista, contrario a todo lo que ponga coto a la expansión del Estado, se ha impuesto de forma abrumadora. En la política española, nadie tiene el valor de cuestionar la sostenibilidad de un Estado grande y costoso. Lorenzo B. de Quirós lo ha identificado el problema con acierto: “La única diferencia real entre la derecha, el centro y la izquierda hispánica es cuánto es posible aumentar el peso del Estado en la economía española sin que ello lleve a las finanzas públicas a la quiebra”.    
 
A la pregunta que da título a este artículo respondería que sí, sin asomo de duda. Hay ciudadanos corrientes, pensadores, periodistas… Todos hartos de las mentiras y falacias de la izquierda. Pero faltan políticos. Una buena parte de la ciudadanía está huérfana de líderes y representantes que se atrevan a defender posturas distintas. ¿Hasta cuándo?

1 comentario:

Néstor dijo...

Mi opinión es que más allá de partidos extraparlamentarios (Vox, Partido Familia y Vida, etc) no hay nada que se pueda llamar "conservador" o "de derechas" en rigor en la escena política actual. Pero eso no es malo; al contrario, ojalá tampoco hubiera nada que se pudiera llamar "de izquierdas" y solo tuviéramos en política gente sensata y que aplicase el sentido común en vez de esas religiones seculares que son las ideologías.