Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 06, 2016

PODEMOS ES UNA MÁQUINA DE ODIO



Cada vez queda más patente que Podemos es una máquina no de amor, como pretende el enloquecido Monedero, sino de odio y revanchismo. Las intervenciones de Iglesias en el Congreso de los Diputados así lo prueban: es claro que, si aspira a obtener poder, es con el exclusivo propósito de pisar al que piensa diferente y dinamitar España. Ese hombre vive instalado en la Guerra Civil y participa del apolillado —entonces y ahora— discurso rupturista de los años setenta, sin que le importe demasiado el progreso alcanzado desde entonces. 
 
Aparte de odio, ¿qué más ofrece Podemos? Ante todo, propaganda. Desde 2014, cuando el duopolio televisivo decidió encumbrar, quién sabe por qué, a Pablo Iglesias y sus amigotes, no ha cesado el exhibicionismo, la continúa exposición mediática y el vaciamiento de los discursos, ahora sustituidos por un conjunto de consignas y frases propias de eslogan. Los partidos tradicionales imitan a los emergentes. Ahora lo que se busca es el chiste ingenioso en Twitter, una portada porque has llevado a tu bebé al Congreso de los Diputados, un beso para acaparar la atención… La política española parece encerrada en una perpetua campaña electoral. Eso, junto con la consciente degradación de las instituciones, también forma parte de la estrategia de Podemos.
 
Iglesias se ha aficionado a las ruedas de prensa. Antes eran entrevistas y tertulias. Cuando uno está todo el día en televisión, hablando sin parar, ¿qué tiempo te queda para reflexionar sosegadamente, para estudiar a fondo los temas? Pero es que Podemos se basta justamente en el espectáculo y en que la gente no se haga demasiadas preguntas. No interesa tanto, en cambio, que Podemos corrija su propuesta para pactar con Sánchez tres o cuatro veces porque es una auténtica bazofia que apesta a totalitarismo, o que Iglesias ignore los más elementales rudimentos de Derecho Constitucional o Hacienda Pública. 
 
Una vez en el poder, los de Podemos siguen prefiriendo los gestos a la gestión. Es ilustrativo el caso de Madrid, donde, entre titiriteros, vaginas y calles franquistas, resulta arduo atisbar un proyecto político coherente a cargo del equipo de una Carmena prácticamente chiflada y superada por la situación. 
 
Difícilmente podría ser de otra manera, pues Podemos y todo lo que representa no se adscribe a lo que es normal en una democracia occidental. Su objetivo no es elevar el nivel de vida de los ciudadanos, regenerar las instituciones o mejorar la gestión de los servicios públicos. Javier Benegas ha definido a Iglesias como “un fanático educado desde la más tierna infancia en la revancha y el comunismo”. Y no se puede esperar de alguien así un proyecto edificante. Como he dicho en otras ocasiones, Iglesias disfrutaría gobernando sobre una España empobrecida, fracturada y pendiente sólo de sus apariciones televisivas. Iglesias quiere el poder para vengarse de España y los españoles por haber vivido en libertad y prosperado en una economía de mercado. Pero eso no lo puede exponer abiertamente, aunque a veces se le vean las intenciones, como cuando le puede su arrogancia.  
 
Creo que quienes han votado a Podemos, si acaso conservan un mínimo de lucidez, deberían valorar qué quieren para su país. Y los partidos en el Parlamento, en especial los que negocian con Podemos, también tienen que comprender cuán peligroso es ese interlocutor, más aún cuando la prepotencia, inquina y poco ejemplares héroes de Iglesias (Otegui) se exhiben ya ante sus propios ojos. Hay que parar la máquina del odio.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

Le encumbraron porque a Iglesias hay que reconocerle maestría en la utilización de la demagogia. Ha creado escuela y se imita (en Podemos quizá obligatoriamente, tras cursos de formación) su forma de hablar y gesticular.