Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, enero 10, 2016

UN IMPUESTO CON UN TIPO MARGINAL DEL 95%



No hay nada peor que un tonto voluntarioso. Pablo Echenique, la mascota de Podemos, se ha estrujado sus privilegiados sesos y ha alumbrado una propuesta fiscal digna de estudio. En sus palabras, habría que establecer impuestos “progresivos, sin tramos, con una tasa del 95% a los muy ricos y renta básica”. 
 
Ya no sorprende que los líderes de Podemos realicen las propuestas más estrambóticas y absurdas. No se puede esperar cosa distinta de los miembros de un partido cuyo macho alfa quiere celebrar un referéndum en Cataluña basándose en el precedente de un inexistente referéndum sobre la pertenencia a España de Andalucía organizado en 1977 (!). 
 
De Echenique llama la atención que, tratándose de un científico, al que se le presupone cierto nivel intelectual, sea el autor de colosales disparates e ideas tan aberrantes como la que me ocupa. Este hombre parece haber sacado sus conocimientos sobre impuestos y economía de alguna charla con los amigotes en la cafetería de la facultad.
 
Para empezar, en España ya existen impuestos progresivos (el IRPF, el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones…) que, a diferencia de lo que en su ignorancia sugiere Echenique, tienen tramos (porque, de otra forma, veo difícil lograr la progresividad). Por otra parte, sería necesario definir quiénes son los “muy ricos”. Teniendo en cuenta que para Podemos un rico es quien cobra sesenta mil euros al año, los “muy ricos” bien podrían ser los que cobrasen el doble de esa cantidad. 
 
A fin de salvar la deficiente construcción del secuaz de Iglesias, supongamos que se introduce un tipo (no tasa, como dice el indocto Echenique) del 95% en el IRPF para gravar las rentas más altas. Ello entra en colisión con la prohibición del alcance confiscatorio del sistema tributario (art. 31.1 de la Constitución). Aunque la jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre el particular no es muy afortunada, un impuesto con semejante tipo marginal tendría un difícil encaje en la Constitución.
 
Dejando a un lado esta objeción derivada del “candado del 78” que tanto odian Iglesias y sus mariachis, ¿qué efectos económicos comportaría un impuesto de estas características? 
 
Pues bien, es evidente que Echenique desconoce que las bases imponibles son móviles, más aún en el marco de la Unión Europea. Cuando Hollande anunció un impuesto del 75% a las rentas más elevadas (hoy felizmente superado), Gérard Depardieu se marchó de Francia. Este simple ejemplo basta para ilustrar que la gente no suele quedarse quieta cuando el Estado impone gravámenes tan onerosos. 
 
E incluso si los ricos no huyeran o fueran retenidos en España mediante algún tipo de muro, el impuesto sería más bien nocivo para las arcas del Estado y el conjunto de la economía. Si hoy le arrebatas a los individuos más productivos la práctica totalidad de sus ingresos, ¿qué incentivos tendrán para generarlos otra vez mañana? Y el mensaje es totalmente desalentador para los demás. Es mejor no esforzarse demasiado, porque sobre los que tengan éxito va a recaer un impuesto confiscatorio. La renta básica, ligada a la propuesta, viene a completar esta política fiscal que promueve la mediocridad y la creación de clientelas. 
 
Podemos no sueña con una España libre y próspera, sino con una España de ciudadanos encadenados, empobrecidos y enfrentados entre sí bien por su distinta capacidad económica, bien por su pertenencia a tal o cual territorio. En este sentido, el impuesto de Echenique es plenamente coherente con los objetivos de su partido. Otra cosa es que, desde el punto de vista de la Hacienda Pública, sea una idea chapucera, contraproducente y propia de un demagogo.