Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 27, 2015

TRAS LAS ELECCIONES GENERALES



Las elecciones generales han dado lugar a un escenario político que, no siendo el peor, tampoco ofrece grandes esperanzas. No será fácil formar mayorías en un Congreso de los Diputados fragmentado y con gentes muy cerriles habitándolo. Bienvenidos al multipartidismo. 
 
El PP ha retrocedido mucho respecto a 2011, pero, con todo, ha ganado las elecciones. Aunque algunos cálculos optimistas le daban unos 140 escaños, era un reto imposible solucionar en una campaña electoral los errores y carencias acumulados a lo largo de la legislatura. Mariano Rajoy va a vivir una ardua cuesta de enero y está en duda que pueda seguir gobernando. Al margen de que el PP siga en el poder, es ya imperativo que acometa un proceso de refundación no para parecerse a la izquierda, sino con el fin de diferenciarse de ella y defender con rotundidad un proyecto nacional alternativo basado en las libertades, el orden, la seriedad y la buena gestión. 
 
El resultado del PSOE ha sido muy malo, si bien ha mantenido la segunda posición. Sánchez dijo que su objetivo era sacar un voto más que Rajoy. No lo ha logrado, pero intentará gobernar como sea y pactando con quien sea. A no ser que los barones territoriales se lo impidan, cosa en absoluto segura (en el PSOE se habla mucho y se hace poco), me temo que Sánchez buscará una alianza con Podemos y los separatistas. Le importan poco los intereses generales de España. Lo único que cuenta es sentarse unos años en La Moncloa.
 
Hay que reconocer, en lo tocante a Podemos, que sí hubo remontada, o al menos no quedó relegado al cuarto puesto. Las sonrisas falsas funcionaron. Cinco millones de votos y 69 escaños es un copioso botín para la extrema izquierda. Pero su poder es sólo aparente. Por un lado, el cielo se le ha escapado después de año y medio de campaña ininterrumpida en que ha contado con el inestimable apoyo de la televisión privada y una legión de periodistas, todo ello en un contexto sumamente favorable para sus mensajes. Por otro, Podemos es en realidad Podemos y una suma de partidos periféricos como el de Ada Colau, por lo que no sorprende que el referéndum en Cataluña sea una de sus prioridades. Así pues, Pablo Iglesias ejercerá un liderazgo condicionado, no absoluto. 
 
Ciudadanos ha ido de más a menos. La campaña fue un completo desastre porque el partido, que tantas expectativas levantó, ha navegado entre la indefinición y la torpeza. Rivera permitió que Iglesias le marcara la agenda, un error garrafal en política. ¿Por qué tenía que pronunciarse sobre pactos y alianzas? ¿Lo hicieron acaso Iglesias y Sánchez? Que medite también sobre su amable trato hacia Iglesias, al que llamaba Pablo y con el que chocaba amistosamente la mano. Ese mismo Pablo es el hombre que ríe junto a Ada Colau, que envió a sus montoneros a atacar sedes de Ciudadanos, el que sube a Monedero al escenario en la noche electoral y cuyos seguidores —y soy testigo de numerosos ejemplos— han tachado de drogadicto a Rivera durante toda la campaña. Ciudadanos tendría que haber hecho hincapié en el contraste entre ellos y Podemos y haber hurgado en sus puntos débiles, como el referéndum en Cataluña o su rechazo al Pacto Antiyihadista. Y menos Suárez, palmaditas con Pablo e intentar agradar a todos.
 
De todos los posibles pactos, hay que uno que apoyaría sin reservas: PP, PSOE y Ciudadanos juntos para aplastar el separatismo y el chavismo en España. No creo, empero, que estos ojos vean lo que demandan el patriotismo, la decencia y el sentido común.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Suscribo ese último pacto para evitar el mal mayor.

Néstor dijo...

Tampoco yo creo que vayamos a ver una gran coalición (incluya o no a C's) sin mediar otras elecciones. Seguramente el PSOE las fuerce para atacar a Podemos por anteponer el referéndum catalán a políticas sociales en las que se podrían poner de acuerdo y ver si recupera a algún votante más preocupado por las políticas "de izquierdas" que por seguirle el juego a Artur Mas.

Y como seguramente el nuevo escenario será otra vez de difícil gobernabilidad, puede que ahí cedan a las presiones y acepten hacerse el harakiri en una gran coalición.