Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 22, 2015

EL CANSANCIO DEL MACHO ALFA



Es harto frecuente que los políticos recuerden al ciudadano lo mucho que se sacrifican por él, ya sea asumiendo un coste económico, si ganan menos que en su anterior profesión, o bien un coste personal y familiar. No lo es tanto, sin embargo, que hablen del cansancio o del aburrimiento que les produce la actividad que realizan.
 
Pablo Iglesias también ha roto moldes en este aspecto. El de la coleta reconoció que estaba cansado antes de su debate con Albert Rivera, abandonando como consecuencia de ello su escaño en el Parlamento Europeo. Ante Risto Mejide, y exhibiendo su desagradable sonrisa verdosa, confesó el tedio que le iban a causar las sesiones en Congreso de los Diputados a las que presumiblemente tendrá que asistir. 
 
Es asombroso, de entrada, que este señor de Vallecas (sin que ello determine unos orígenes humildes o una vida menesterosa, dicho sea de paso) que aspira a salvar al pueblo de la oligarquía sea vencido por el agotamiento. ¿Está preparado para gobernar alguien que no ha podido compaginar un escaño en Bruselas con un par de campañas electorales? ¿Es éste el ejemplo que quiere trasladar a sus seguidores? Hasta Rajoy, con sus sesenta años a cuestas, aparenta más vigor y salud que Iglesias. Y me ahorro la comparación con Rivera. Esta valoración quizá sea superficial, pero en política la imagen es una pieza clave, cosa que Iglesias sabe de sobra.  
 
En verdad, Iglesias nunca desperdicia la ocasión de destacar cuánto se sacrifica por esa gente a la que tanto ama. Afirma que él preferiría estar dando clases o haciendo televisión, o que su período en política va a ser muy corto… Una vez más, emula a Jesucristo: “Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Otros políticos son más comedidos a al hora de relatar sus penas. Porque estos sacrificios por el bien común no son más que una impostura; y, caso de haberlos, son ampliamente compensados por las mieles del poder.
 
Estar en primera línea de la política tiene un precio, sin duda. El envejecimiento prematuro de algunos dirigentes da fe de ello. Pero los que están ahí es porque quieren: para ellos, el coste es inferior al beneficio. Si no, lo dejarían. Y aquí no hay sólo ánimo de lucro. El poder es mucho más que eso. Es notoriedad, influencia, pompa y prestigio. 
 
¿Es creíble Iglesias cuando dice que él estaría mejor en su infecta facultad soportando a un alumnado embrutecido, activista y antojadizo? Lo dudo mucho. Aunque cuente cómo disfrutaba en Bruselas de su intimidad, al ser menos conocido allí, a alguien de su colosal ego le encanta que le paren por la calle o que le lleguen a hacer seis entrevistas en un día. 
 
Si Iglesias llegara al poder, se aferraría al trono con cadenas para conservarlo. Lo cual no le impediría comunicar a sus súbditos lo a gusto que estaría en otra parte. Y declararía que si sigue mandando es por el bien de su pueblo, porque él, en su infinita bondad, es así de generoso y desprendido.
 
La democracia española madurará notablemente si consigue librarse de personajes mesiánicos de este estilo.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Está desanimado. Ha caído en las encuestas y siente el peso de la demagogia que le ha llevado donde está.

El Espantapájaros dijo...

Sí, es víctima de sus propias contradicciones y su incapacidad para articular un discurso normal creíble, a la par que tampoco puede usar sus ideas radicales. Está atrapado.

Mención aparte para sus "discursitos", esa mezcla de rap y homilía que aburre a los cinco minutos.