Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 15, 2015

ANTE LOS ATENTADOS EN PARÍS



La respuesta a los salvajes atentados perpetrados en París por terroristas musulmanes ha de ir más allá de las expresiones de dolor, consternación y condena. París no necesita rezos o hashtags, sino acción. Hay que reforzar la seguridad doméstica y apuntar los cañones hacia el Daesh.
 
Lo inmediato, por descontado, es combatir el terrorismo. Occidente no debe seguir tolerando la existencia de un santuario de terroristas en Siria e Iraq. Es preciso actuar con decisión para ayudar a la población civil afectada, lo que aliviará la presión migratoria, y para evitar atentados en suelo europeo planificados y financiados por el Daesh. Sarkozy ya ha manifestado la necesidad de trabajar al lado de Rusia en esta nueva guerra. 
 
Pero hay un desafío a largo plazo. Los responsables del atentado en París son los terroristas, no todos los musulmanes. Empero, el Islam, como ya sostuviera Oriana Fallaci, es incompatible con el modo de vida y las libertades occidentales. Allí donde crece la población musulmana surge la radicalización, más atractiva ahora gracias a la aparición de un referente como es el Daesh. Europa sufre una invasión islámica: estas gentes, si tienen ocasión, impondrán su religión y cultura. Por ello, entiendo bien que países como Polonia se nieguen a acoger refugiados.  
 
Aunque ha habido errores graves en Siria que han propiciado la expansión del Daesh, es una conducta suicida echar la culpa a Occidente de todos los males. A los terroristas musulmanes no les hace falta ninguna excusa o justificación para sus actos, a pesar de que muchos izquierdistas miserables, cómplices de sus barbaridades, están encantados de proporcionárselas, pues comparten con ellos el odio a Occidente. Los terroristas musulmanes matan a los infieles por el mero hecho de serlo. Les basta eso. Y lo seguirán haciendo mientras no nos sometamos a su teocracia medieval.  
 
Ante una violencia y un fanatismo como los desplegados por el Daesh, son risibles las propuestas apaciguadoras de Pablo Iglesias. En una deleznable e inane carta de dos párrafos enviada a Rajoy, el de la coleta apuesta por la creación de un Consejo de la Paz, supongo que con el propósito de acordar la rendición de Occidente. Parece ser que unos etéreos valores democráticos impiden tomar las armas para defender la vida y libertad de los europeos. Quizá inspirado por la portada de El País tras el 11 de septiembre de 2001, a Iglesias le alarman los bombardeos contra terroristas que pueda ordenar Hollande, no la posibilidad de nuevos atentados. 
 
Las tonterías de Iglesias, envueltas en una retórica hueca que imitan con maestría sus adeptos, hay que enmarcarlas en su estrategia electoral. Él sabe que no va a ganar las elecciones, así que le da igual parecer más o menos presidencial. Al desmarcarse de los demás partidos está diferenciando el producto, cosa que ya ha hecho en relación con el separatismo. Los que aún tengan intención de votar a Podemos son idiotas sin remedio, por lo que le votarán en cualquier caso. Mediante esta actitud tan rastrera pretende captar votos de Izquierda Unida y algún pacifista despistado. Y si hubiera un atentado en España, siempre podrá decir: “Os lo advertí”. Es lo previsible en un personaje de tan baja ralea. 
 
Estoy siendo muy duro. En el fondo, su esfuerzo es digno de alabanza. El Pablo Iglesias de 2013 ya habría condenado enérgicamente… a Francia y la OTAN.  Él querría estar ahora en la posición más perjudicial para los intereses occidentales, culpando a las autoridades francesas y buscando la manera atacar también al Gobierno español. Se ha contenido. Lo de sumarse a un pacto contra los terroristas era ya demasiado pedir.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

A freír espárragos Iglesias y sus amigos extremistas.

¡Raqqua está bajo ataque francés!