Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 18, 2015

UNA REFLEXIÓN SOBRE LA SITUACIÓN DEL CÓMIC

A simple vista y sin pararse a pensar mucho, el mundo del cómic vive una época dorada. La popularidad de las películas de superhéroes tiene como consecuencia, entre otras, que mucha gente que nunca había pisado una librería especializada se atreva ahora a entrar, pues ya no está mal visto. Muchos jóvenes visten camisetas con portadas de cómics de Marvel. Y se está reeditando muchísimo material antiguo (a destacar los fantásticos volúmenes que recopilan La tumba de Drácula). Es la normalización de la que hablan los autores de ADLO!

Lo cierto es que el cómic ha superado los prejuicios modernos que lo condenaban a ser un producto subterráneo y para consumo de tipos raros, inadaptados y con gafas. La impresionante y lucrativa lista de películas de personajes de Marvel, iniciada con Blade en 1998 (antes hubo muchas adaptaciones de cómics, pero en ese momento arranca un período de especial éxito) y que sigue creciendo a día de hoy, ha conseguido dotar de una nueva consideración a los cómics.

Pero hay problemas por debajo de la superficie. Para empezar, no es fácil la incorporación de nuevos lectores a universos y series a menudo enrevesadas y de continuidad casi indescifrable. Esta barrera a la entrada la intentó eliminar DC reiniciando todas sus series en 2011, una maniobra inteligente. Aun así, rápidamente su nuevo universo se ha vuelto complejo y la relación entre algunas series es problemática. El continuo baile de guionistas y dibujantes es igualmente notable. Por lo común, el manga es más fácil de seguir y tiene la ventaja de una mayor estabilidad. 

Otro problema es el agotamiento creativo. En los mencionados nuevos cómics de DC la innovación, salvando algunas series (el Batman de Scott Snyder y Greg Capullo, por ejemplo), ha sido mínima. Los argumentos son más bien repetitivos, poco vistosos y abundan recursos ya explotados hasta la saciedad. Lo mismo puede decirse en el ámbito de los personajes. El último superhéroe que fue capaz de abrirse un hueco entre el público y perdurar hasta hoy fue Spawn, nacido en 1992 de la mano de Todd McFarlane. Desde entonces, ningún otro personaje de nueva creación ha alcanzado esa fama.

También habría que valorar el papel de las películas en el proceso creativo: empezaron imitando a los cómics; ahora son los cómics los que las imitan. Ello es evidente en lo estético y, en ciertos casos, en los argumentos y caracterización de los personajes, como sucede con las series de Batman, que han intentado, hasta cierto punto, reproducir la complejidad y densidad de la saga de Christopher Nolan, así como su afán por explicar todo.

En la industria actual del cómic, básicamente un duopolio, hay pocos incentivos para cambiar. La fórmula que se está empleando —con buenos resultados— es la de producir películas y series que sirvan, si triunfan, como puerta de entrada a los cómics. Pero quizá se esté descuidando la calidad, la coherencia, la solidez de los personajes… En algún momento pasará la moda cinematográfica y habrá que reinventarse. ¿Quién se hará cargo entonces del espíritu que engrandeció los cómics desde los sesenta hasta principios de los noventa?

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Me he llevado un disgusto con la noticia de que James Cameron no dirigirá mi ansiada Battle Angel, delegando en Robert Rodriguez. Cameron me ofrecía garantías.

El Espantapájaros dijo...

Es una lástima, hay grandes expectativas y no es una producción fácil, dado el nivel del manga.