Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, septiembre 20, 2015

POPULISMOS EN EL MUNDO ANGLOSAJÓN

Ningún país es inmune a la locura, pero, debido a razones históricas y de carácter, el mundo anglosajón parece más impermeable a la ola de populismo que recorre Occidente. La cultura individualista, la desconfianza hacia el poder y un fuerte arraigo de los principios liberales clásicos obstaculizan la preponderancia de iluminados y movimientos mesiánicos.

Pero eso no quiere decir que puedan surgir ejemplos puntuales de populismo, como se verá a continuación. 

El Partido Laborista, contra las sabias advertencias de Tony Blair, ha elegido como nuevo líder a Jeremy Corbyn, un hombre viejo con ideas viejas al que han apoyado jóvenes tan entusiasmados como ilusos (y que se apuntaron a la votación masivamente, inclinando la balanza a favor de Corbyn). 

Corbyn no ha sido otra cosa en la vida que sindicalista y miembro del Parlamento, donde ocupa un escaño desde 1983. Es difícil que alguien así vaya aportar aire fresco a la política. Es más, es un obcecado defensor de todas las políticas fracasadas de los setenta. Se trata de una auténtica reliquia ideológica, sin otro valor que el de advertir que hay gente que no aprende de los errores. 

Este hombre del pasado constituye, como bien ha señalado David Cameron, una amenaza para la seguridad del Reino Unido. Ahora bien, sus posibilidades son escasas. En 2010 y en 2015, el Partido Laborista viró de forma notable a la izquierda. Perdió ambas elecciones. Hay que ser muy estúpido o muy ciego para pensar que con Corbyn, un radical absolutamente trasnochado, el Partido Laborista mejorará sus resultados. Pero a Corbyn le da igual, porque él es un experto de la protesta, un sectario sin experiencia gubernamental, y seguramente está más cómodo subido en un barril en Hyde Park lanzando soflamas demagógicas que enfrentándose a la realidad en Downing Street. 

Pablo Iglesias, en su modestia, se ha referido a él como el Pablo Iglesias español. Como de Tsipras ya no habla mucho, a pesar de que le sigue apoyando como muestra de amistad (otra absurda confusión entre sentimientos y política), el cascarrabias Corbyn le viene bien para seguir alimentando sueños imposibles. 

Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, también están apareciendo candidatos más o menos populistas a las elecciones que tendrán lugar en 2016. El demócrata Bernie Sanders se declara socialista y Donald Trump, un republicano sui generis, está revolucionando las primarias de su partido con verborrea inagotable y propuestas un tanto excesivas.  

Es imposible no mirar con simpatía algunas de las salidas de tono de Trump. Puede que su estilo combativo y directo inspire a los otros candidatos republicanos, alguno de los cuales adolece de debilidad. Que se imponga como candidato republicano es otra cosa. Respecto a Sanders, la entrada de Joe Biden en la competición podría anularle, pues no arrastra los problemas de Hillary Clinton y también sabe cómo excitar al público. 

En conclusión, los populismos en el mundo anglosajón no representan una gran amenaza, pese a que son siempre una mala noticia.  

3 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Buen artículo. Nada que añadir respecto al estrafalario Corbyn. Respecto a Trump, no me gana porque lo hallo zafio.

Néstor dijo...

Yo a Trump lo veo como una versión americana de lo que aquí fueron Gil y Gil o Ruiz-Mateos; lamentable.

De Corbyn salvaría su republicanismo y su europeísmo, pero desarmarse unilateralmente es estúpido se mire por donde se mire. Seguramente acabará "socialdemocratizado" como Syriza.

El Espantapájaros dijo...

Octopus:

Gracias. Trump es zafio, caótico y muy arrogante. Con todo, me parece un revulsivo que puede ser útil. La competencia es sana.

Néstor:

No sé si Corbyn es muy europeísta o lo es a la manera de Syriza. Creo que está desfasado por completo, semejante carca no puede pretender la renovación de su país. Además, aunque un Reino Unido fuera de la UE sería un error, su posición singular ahora mismo es comprensible y eso se puede malograr como consecuencia de un europeísmo ciego.