Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, septiembre 13, 2015

LA INVASIÓN CONSENTIDA

La complaciente respuesta europea a la crisis de los autoproclamados refugiados sólo puede generar inquietud en los hombres sensatos. Merkel y Juncker, esos dos halcones sin piedad denostados por los progresistas, han abierto las puertas sin pararse a valorar las consecuencias a largo plazo. Y en la Alemania que expía culpas del pasado a través de una generosidad exacerbada algunos pánfilos aplauden a los inmigrantes, quienes se creen con derecho a todo porque Europa está asumiendo una responsabilidad que no le corresponde. 

Hermann Tertsch lo ha descrito con acierto: “Los medios occidentales aplauden sin cesar esta actitud de unos inmigrantes que anuncian que ellos van a donde quieran, ahora a Alemania, y que desprecian las fronteras y leyes comunitarias sobre el registro en el primer país miembro al que llegan”. Da igual, lo único que importa es la solidaridad, aparentar más solidaridad y compasión que nadie, y cualquiera que ponga pegas a tanto amor es un nazi y un miserable. 

La UE pretende repartir una considerable masa de gente (160.000) entre los Estados miembros, algunos muy reticentes. ¿Y mañana qué? ¿Recibirá “con los brazos abiertos”, como pedía Juncker, a otros cien mil? ¿Qué pasará cuando cesen los aplausos y la lluvia de confeti y haya que ocuparse en serio de los refugiados? Ya en Múnich los servicios sociales y urbanos están colapsados, pero sigue llegando gente. ¿Se detendrá el flujo en algún momento o, en nombre de la solidaridad, ya no hay fronteras en Europa? 

Hay alcaldes franceses que han expresado su deseo de no acoger a musulmanes, cosa que agriamente les recriminó Juncker, que parece ajeno a la realidad de guetos y barrios tomados por los mahometanos que se da en muchas ciudades francesas. Lo cierto es que las perspectivas para el futuro no son halagüeñas. Dudo mucho que se integren de buen grado los que llegan dando vivas a Alá y tirando paquetes de alimentos y agua que lucen el logo de la Cruz Roja. Estas personas no se han dejado su religión y su cultura en Siria o Iraq, y aunque hoy se muestren agradecidas, tal vez sus hijos no lo estén tanto cuando recuerden sus raíces y determinen que la causa de los males que sufre su tierra es Occidente, diagnóstico que enseguida y de forma entusiasta confirmarán los izquierdistas. 

En general, la izquierda está encantada con la situación, perfecta para hacer demagogia. Una izquierda que no ve con malos ojos el Islam. Al contrario, lo fomenta y apoya cada vez que tiene oportunidad. Hasta el Papa tiene prisa por acelerar la islamización de Europa. A día de hoy, el húngaro Viktor Orban es un mayor y mejor garante del cristianismo que el peronista que ejerce como obispo de Roma. En los países del este descubro las agallas que han perdido los demás países europeos, a excepción de Reino Unido. Hay esperanza. 

En España, la izquierda se ha apresurado a politizar la crisis y los progresistas apremian al Gobierno a que acoja refugiados cuanto antes, pues están deseosos de sacarse la foto y agitar la pancarta de bienvenida antes de que la imagen del niño muerto pase de moda. Los buenos sentimientos nublan el buen juicio y ocultan evidentes problemas de seguridad, integración y aun económicos. Si el Ministro del Interior advierte sobre la más que probable infiltración de terroristas, el líder de la oposición afirma que el Gobierno es de extrema derecha. He aquí el nivel. 

Aparte de acoger a los inmigrantes, ¿hay algún plan? En Siria y en Iraq continúa la guerra. ¿No puede salir Europa de su pasividad, ni siquiera cuando el problema llama a sus puertas? Rusia está actuando en Siria. Rusia tiene claros sus intereses y se mueve sin complejos. La UE, mientras tanto, sigue a la espera de un líder fuerte que la guíe a días más gloriosos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hace años abrí por casualidad tu blog. Veo que sigues teniendo la misma ideología extremista, marginada y fallida. No evolucionas.
Todos los que vomitais ese odio y ese extremismo no dais una buena imagen de vosotros mismos ni de vuestra vida cotidiana.
Que sepas que todo eso es porque tu quieres. Y que tu quieras es el problema. ¿Que hace que puedas querer ser así?.