Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, agosto 02, 2015

DISFUNCIONES DEL ESTADO AUTONÓMICO

El Estado autonómico español es una realidad difícilmente reversible. La consagración del derecho a la autonomía en la Constitución, así como los niveles de autogobierno alcanzados por las regiones tras largos procesos, comportan que cualquier revisión tope con serios obstáculos. Pero a la vista de la amenaza planteada por el separatismo catalán y otros casos perturbadores que pretendo exponer aquí el debate no debería eludirse. 

Los dos casos que traigo a colación muestran un mal funcionamiento, o una tendencia preocupante cuando menos, del Estado autonómico. El primero es la creación en Cataluña de una agencia tributaria propia, lo que ahora parece querer imitar Valencia. Este tipo de medidas han sido criticadas --y no sólo por corporativismo, a mi juicio-- por los inspectores de Hacienda del Estado. Intentar sustraer la recaudación de los tributos y el control tributario a la Agencia Estatal de Administración Tributaria es una mala idea, debido a las duplicidades y problemas de coordinación que genera. En Cataluña se va aún más lejos, porque el objetivo final es violar las leyes y declararse insumisos frente a la Hacienda estatal. 

El otro caso es el del almacén de residuos nucleares, tema ya antiguo pero aún no resuelto. Lo explica acertadamente Graciano Palomo: “Hete aquí, por ejemplo, que cuando todo el mundo quiere albergar en sus predios el cementerio de residuos nucleares por la morterada de millones (en euros) y con toda la seguridad técnica del mundo, viene don Emiliano García-Page invocando a las grullas inexistentes para dejar a Villar de Cañas con dos palmos de arcilla”.

En El Estado sin territorio (Marcial Pons, 2011), Francisco Sosa Wagner y Mercedes Fuertes ya abordaban la problemática de la ubicación de los cementerios nucleares en el contexto de un Estado  “que ha perdido en buena medida su capacidad de actuar sobre el territorio” por mor de un autonomismo disparatado que va camino del feudalismo.

Las Comunidades Autónomas gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses, de acuerdo con el artículo 137 de la Constitución. Nada que objetar, en principio, a este precepto. De lo que adolece el Estado autonómico es de que, en demasiadas ocasiones, esa autonomía se utiliza con fines exclusivamente partidistas o torticeros (entorpecer la política de un Gobierno central de signo político contrario, mantener el apoyo de determinado partido en el parlamento autonómico…) y con desconocimiento parcial o total de los intereses generales de la nación, que en asuntos como el tributario y el de los cementerios nucleares quedan claramente afectados.

Obviando la malograda Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico, el mayor y más cualificado intento de introducir límites y disciplina (en este caso, presupuestaria) en el Estado autonómico ha sido la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera. Tristemente, es una norma de incierto porvenir, ya que los gobiernos autonómicos se resisten a su aplicación y, por otra parte, si el Gobierno de la nación cambia de manos a finales de año resulta evidente que será reformada con la intención de convertirla en letra muerta.

Antes o después, y siempre que España no se suicide en las elecciones generales, habrá que reflexionar sobre estas consideraciones y proponer reformas atrevidas. Dichas reformas no tienen por qué liquidar el Estado autonómico, sino procurar mejorar su funcionamiento, clarificar el reparto de competencias y garantizar una mejor protección de los superiores intereses nacionales. 

NOTA: Este espacio permanecerá cerrado por vacaciones hasta el día 23 de agosto.

1 comentario:

Néstor dijo...

En este país hay un problema de aldeanismo político bastante grave. Cuando se propone algo que se está haciendo en otros países europeos con toda normalidad, como es fusionar regiones, comunidades autónomas o como se le quiera llamar, y se dan por buenos argumentos en su contra que suenan más o menos como: "¡Vaya disparate! ¡Si los astures y los vascones vivían separados!", es obvio que tenemos que hacérnoslo mirar.

Disfruta de las vacaciones.