Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 19, 2015

PABLO IGLESIAS OS MUESTRA EL CAMINO... O NO

Después de una semana difícil para sus seguidores, obligados a explicar o defender el fracaso de su referente griego, Pablo Iglesias ha publicado en El País un artículo titulado “Una nueva Transición”, imagino que con la intención de vigorizar y guiar a sus filas. Es un texto trivial, anodino, lo que no es óbice para que efectúe aquí algunos comentarios o puntualizaciones.

Iglesias, que acaba de leer Por qué fracasó la democracia en España, de un tal Emmanuel Rodríguez, resume la transición democrática en un tono más o menos amable que contrasta con visiones radicales que ven en aquel período un error histórico que debe ser corregido. La eterna vuelta al pasado de la extrema izquierda, que no acepta que triunfara la reforma sobre la ruptura gracias a los votos del pueblo español. Ésta es la postura de Monedero y del propio Iglesias, así como de la gran mayoría de sus adeptos, pero ahora toca fingir moderación.

Aunque Iglesias no habla de farsa ni enmienda todo el proceso, sí intenta desvirtuarlo al decir que estuvo dirigido por élites. A lo mejor lo debieran haber dirigido Paco el del bar y Juana la del estanco. En fin, algunos no pueden dejar de repetir ciertos mantras. Eso les tranquiliza.

Por otra parte, el de la coleta señala que el régimen democrático “convivió con el terrorismo de ETA”.  No parece el verbo más adecuado. Uno convive con unos vecinos molestos; el terrorismo se sufre y se combate. 

Sea como fuere, lo nacido en 1978 está agotado y Podemos es la única solución. Aquí empieza ya el festival delirante, desde el victimismo de declarar que han recibido “más ataques que nadie” (el PP y el PSOE han pasado por la Historia libres de crítica y polémicas) a la afirmación de que siguen “con las expectativas de ganar las elecciones intactas”, expectativas sin sustento alguno, a no ser que se basen en su horóscopo, porque ninguna encuesta, hoy por hoy, les da como vencedores. 

También alaba la democracia interna de Podemos, obviamente sin hacer referencia a las acusaciones de fraude, a la permanente oposición de una facción de su partido… Y menciona que “nada menos que la política de alianzas se somete a referéndum”. No, no se refiere a las alianzas postelectorales, en las que Podemos ha pactado con un partido de la casta y del régimen sin consultar a las bases, sino a las alianzas preelectorales.

Escribe Iglesias que las próximas elecciones “no abren sólo una nueva legislatura sino quizá el inicio de un nuevo régimen político en el que muchas cosas habrán de cambiar”. No concreta cuáles ni ninguna propuesta al respecto, ni siquiera cómo podría abrirse paso ese nuevo régimen con que amenaza el de la coleta, aparte de aludir más adelante a un proceso constituyente protagonizado por los ciudadanos, es decir, por él mismo y su corte endogámica. 

De paso, sentencia que “Grecia no es España”, por lo aquí no tiene por qué repetirse el monumental fiasco (ocasionado por el inevitable encontronazo con la realidad) de su amigo Tsipras. Dice que España cuenta “con unas instituciones públicas capaces de disciplinar a nuestras oligarquías corruptas, improductivas y defraudadoras simplemente haciendo cumplir la ley”. Lo cual encierra una contradicción con su tesis de que el modelo español nacido en 1978 está agotado y no funciona. Si hay buenas instituciones y buenas leyes “capaces de disciplinar”, ¿por qué es necesario un nuevo régimen?

Finalmente, manifiesta su deseo de alcanzar un país “para las mayorías sociales basado en la regeneración de las instituciones, en la justicia social y en la soberanía”. Para este viaje no hacían falta alforjas. Esos objetivos --evanescentes, cuando menos-- no requieren una nueva norma fundamental en cuya primera página aparezca el rostro del líder de la coleta.  Por lo demás, no deja de llamarme la atención la fijación que tiene por la soberanía un partido que no reconoce la soberanía nacional del pueblo español.

El artículo de Iglesias permite comprobar que la izquierda mesiánica sigue perdida en los años setenta, presa de conceptos vagos o que no comprende y aferrada a las consignas de siempre. Tampoco aclara nada sobre cambios o pasos a seguir, ya que lo que le importa es llegar al poder enseñando lo menos posible su auténtico pensamiento. Creo que incluso Rajoy escribe artículos más interesantes.

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