Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 21, 2015

EL PARQUE ESTÁ ABIERTO... Y VALE LA PENA PAGAR LA ENTRADA

El pasado miércoles no pude evitar emocionarme cuando en Jurassic World, ensalzando una imagen del parque operativo y a pleno rendimiento, sonó la música que originalmente compuso John Williams para Jurassic Park (1993). ¡Por fin veía realizado el sueño de John Hammond, tantos años después! ¡Qué gozada!

Me resulta difícil ser objetivo con esta película, ya que es mucho lo que significa la saga para mí. Aun así, es obvio que no supera o iguala a la original, ni tampoco lo pretende. No es un remake o una mera actualización. Si en Jurassic Park Hammond reunía a unos expertos para avalar su parque, aquí ya está abierto y lo que importa es el espectáculo, no la discusión sobre los límites de la ciencia y la teoría del caos. Y hay muchas atracciones que probar… 

Dicho esto, Jurassic World parece una película autoconsciente --una expresión que está de moda en las críticas de cine-- y su propio argumento explica su génesis y condicionamientos: ya no bastan dinosaurios normales, el público necesita nuevas emociones (lo que encierra una reflexión sobre los gustos modernos). De ahí el Indominus Rex.

El filme contiene todos los ingredientes necesarios para tener éxito y revitalizar la saga. Mezcla sabiamente elementos de las tres películas anteriores, si bien procura realizar una aportación original (el mencionado híbrido, la doma de los raptores o nuevos dinosaurios, entre los que destaca el impresionante mosasaurio). Los protagonistas humanos se desenvuelven correctamente y son atractivos, también los niños. Chris Patt rebosa carisma. Sólo eché de menos a Ian Malcolm y sus sarcasmos.  

Como era de esperar, la película saca partido de la nostalgia, pero sin excederse. Hay una bella escena en la que los protagonistas se topan con los restos del antiguo parque. Las ruinosas instalaciones cubiertas de vegetación constituyen un enlace entre 1993 y 2015, un breve retorno a la infancia, a las ilusiones perdidas. El director, Colin Trevorrow, demuestra un enorme respeto por el mito que ha caído en sus manos.

Por lo demás, hay acción a raudales, considerables dosis de violencia (no se ha infantilizado el producto) y un indeleble toque Spielberg, a fin de cuentas productor. Ha habido paleontólogos que se han quejado del escaso de rigor científico o de que los dinosaurios no luzcan plumas. No comparto esas críticas, porque no se trata de un documental y hay que tolerar ciertas licencias artísticas para que la magia funcione. 

Mi único reproche va dirigido contra la línea de juguetes pergeñada por Hasbro. Comparada con la de Kenner en los noventa, ha habido un claro retroceso en el arte. Los dinosaurios de Hasbro, con esas piezas mal encajadas y una piel poco trabajada, palidecen al lado de los Kenner. Es una pena que los juguetes sean cada vez más bastos y simples… 

En fin, Jurassic World ha satisfecho mis expectativas. Los dinosaurios vuelven a caminar sobre la tierra. Para quien espere Jurassic Park, mi consejo es que vea Jurassic Park.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

Tengo ganas de ver ese momento en que descubren el antiguo parque...