Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 17, 2015

LAS TERTULIAS TELEVISIVAS, UNA MUGRE NACIONAL

Si Francisco Umbral siguiera vivo, tal vez habría incluido las tertulias televisivas en su Museo nacional del mal gusto (1976). No encuentro en ellas más que podredumbre intelectual. En realidad, hubo una época no muy lejana en que estas tertulias gozaron de una notable mala fama. La gente se burlaba de los tertulianos expertos en todo y la mayoría consideraba que eran una pérdida de tiempo. El formato de 59 segundos, sin embargo, fue alabado porque proporcionaba agilidad y evitaba que los participantes se eternizaran.

Todo ha ido de mal en peor. De un tiempo a  esta parte, las tertulias no sólo se han vuelto ubicuas, sino que son el foro privilegiado de la política nacional, superando al Parlamento. Podemos no nació y creció, como piensan ciertos ingenuos, en plazas y redes sociales. Su éxito fue fundamentalmente televisivo y de la mano de otro producto catódico, Pablo Iglesias, un hombre que es, sobre todo, un tertuliano eficaz (y más si tiene que debatir con colaboradores cuidadosamente seleccionados). 

La Sexta supo alumbrar una de las tertulias con mayor audiencia. Se trata de una acabada mezcla de manipulación, dialéctica de segunda y toneladas de demagogia. Cuando esta última no la aporta el tertuliano, ya la pone de oficio el programa o su presentador, a quien se puede calificar de auténtico baldón para la profesión periodística. Fue ahí donde se inventó el recurso a la pizarra como realce de lo que no suelen ser más que payasadas. Las demás cadenas han tratado de imitar este modelo, con resultados francamente deplorables. 

El problema radica en que hay personas que se toman en serio lo que ven en este tipo de programas. Es más, algunos acuden a ellas como si fueran un moderno Oráculo de Delfos que les dará una correcta orientación política, cuando resulta que en las tertulias todo es muy superficial, los datos falsos se entremezclan con los verdaderos, los tertulianos hablan con gran ligereza… A mí me divierte Sálvame, pero no se me ocurriría basar mi pensamiento en las proclamas de Jorge Javier o en las penas de Lydia Lozano. Con las tertulias tendría que pasar lo mismo. 

Es difícil cuantificar el daño que están haciendo estos programas a una población dispuesta a tragarse cualquier cosa. En vez de preocuparse por los niños que ven ocasionalmente Sálvame, habría que hacer lo propio con los adultos que los sábados por la noche asisten a un espectáculo de ruido y furia del que salen embrutecidos.  

Para el que quiera conocer bien la actualidad o, en general, aprender algo, mi consejo es que apague el televisor y abra un libro. No tardará en quedar inmunizado frente a la bazofia que escupen las tertulias.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Bien señalado lo de la pizarra. Es algo ridículo.

El Espantapájaros dijo...

La mayoría de las veces lo que se escribe en ellas carece de sentido y no sirve para aclarar, sino para emborronar.