Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 31, 2015

LA HORA DE LOS PERDEDORES

Hay dos tipos de perdedores. Los primeros asumen su responsabilidad en el fracaso y tratan de mejorar. Los segundos, por el contrario, echan la culpa a los demás y se presentan como víctimas. Lamentablemente, estos últimos están ganando una considerable influencia en España, tal y como ponen de relieve los resultados obtenidos por Manuela Carmena y Ada Colau en las elecciones municipales.

La ajada comunista, hoy feliz secuaz de Pablo Iglesias, no es para nada una perdedora, pero su discurso y programa van dirigidos a los perdedores. Lo mismo se puede decir de Ada Colau, si bien en este caso su biografía y currículum son ridículos. Ambas hablan de repartir riqueza, de ayudas, de rescates, de que los deudores no paguen las hipotecas o la luz, a la par que excitan odios y persecuciones contra los que tienen éxito. Los perdedores, para ellas, son los dignos, los que merecen aplauso. Los que tienen éxito deben avergonzarse, pedir perdón por ello.

Una parte de la sociedad española se está obsesionando con repartir la riqueza ajena, pero menosprecia su creación. Lo cual es un serio problema, porque un modelo que alienta el fracaso no puede traer prosperidad. Si la competencia, el esfuerzo individual y la búsqueda de la promoción se reemplazan por el rencor de los perdedores, la cultura del subsidio, impuestos más elevados y una maraña de regulaciones absurdas, difícilmente, el día de mañana, será España un país con una economía pujante.

No está todo perdido. A fin de cuentas, Carmena no ganó las elecciones; Colau sí, aunque con un porcentaje de votos menor que el de Esperanza Aguirre en Madrid. Las dos damas del populismo podrán gobernar merced a pactos, por lo que será difícil que puedan llevar a cabo todo su programa, si es que éste tiene alguna transcendencia, cosa que dudo. En todo caso, su capacidad de hacer daño se halla limitada. Las entidades locales carecen de potestad legislativa y están férreamente controladas por el Estado desde el punto de vista presupuestario. 

Por otra parte, el Mesías de la coleta ha visto cómo quedaba truncado su sueño de tomar el cielo por asalto y se ve forzado ahora a buscar el consenso que antaño despreció. El PSOE ya no es casta, siempre que se porte bien. El poder pesa más que los principios, también para las huestes de Podemos. 

Tampoco sorprende que Pedro Sánchez rompiera de inmediato sus promesas de no pactar con Podemos. El PSOE y él son así, tontos útiles de los radicales. Quizá este encuentro entre izquierdas, que hoy es señalado con aprensión, sea a la larga beneficioso, pues rara vez han sabido entenderse los hombres de progreso españoles y, sobre todo, producir resultados valiosos para los ciudadanos. 

Los perdedores, adecuadamente utilizados por los demagogos de turno, cuentan hoy con más presencia que nunca en los ayuntamientos y parlamentos autonómicos. Es probable que buena parte de las políticas que tanto les ilusionan se realicen. A partir de ahí, la pregunta es cuánto tiempo tardarán en darse cuenta que unos politicastros no les van a arreglar la vida y que siguen siendo igual --o más-- de perdedores que antes.