Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 22, 2015

UNA IMPORTANTE NOVEDAD: LA LEY DE LA ACCIÓN Y DEL SERVICIO EXTERIOR DEL ESTADO

Al actual Gobierno, que ha cometido no pocos errores, se le ha de reconocer el mérito de haber mejorado la política exterior española, al menos respecto al tercermundismo que, con la excusa de regresar al corazón de Europa, preconizaba Zapatero (exceptuando ese mítico año 2011 en que abrazó a la OTAN). Se ha adoptado una conveniente mano dura con Gibraltar, se ha conseguido un asiento de miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU para el bienio 2015-2016 y hasta se han enviado tropas a Iraq en misión de instrucción. 

Dentro de estos empeños, cabe citar una novedad legislativa de la que comentaré sus elementos más sobresalientes. La Ley 2/2014,  de 25 de marzo, de la Acción y del Servicio Exterior del Estado supone un intento de regular de forma coherente esta política y responde a la exigencia, entre otras, de “afirmar y promover los valores e intereses de España con el objetivo de fortalecer su presencia internacional y reforzar su imagen en el mundo”, tal y como reza su Exposición de Motivos.

El artículo 2.1 recoge una serie de ambiciosos principios: “La Política Exterior de España tiene como principios inspiradores el respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos. La Política Exterior de España defenderá y promoverá el respeto y desarrollo del derecho internacional, en particular el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Promoverá los proyectos de construcción europea y de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, así como el multilateralismo en el seno de la comunidad internacional”.

A mi juicio, el legislador ha pecado de corrección política en el apartado 2 de este precepto, dedicado a los objetivos de la política exterior. El primero de ellos es “el mantenimiento y promoción de la paz y la seguridad internacionales”. En cambio, hay que esperar a la letra i) para encontrar una referencia a la “seguridad y bienestar de España y sus ciudadanos”. Ya se sabe que en los tiempos modernos es constante la apelación al multilateralismo, los derechos humanos, el cambio climático, Europa, etcétera, pero quizá habría que traer a colación la conocida frase de Lord Palmerston: “Inglaterra no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes. Inglaterra tiene intereses permanentes”.

Destacan también los principios rectores que enumera el artículo 3, entre los que se encuentra el clásico de unidad de acción en el exterior y el de lealtad institucional, coordinación y cooperación. El Estado tiene atribuida como competencia exclusiva las relaciones internacionales, aunque esta Ley viene a reconocer que las Comunidades Autónomas han ido ganando posiciones en la materia al hilo del ejercicio de otras competencias. Si no, no se explica ese principio de lealtad institucional, aparte de que explícitamente se pretende reconducir la situación en los artículos 11 y 12. Este último establece que la apertura de oficinas de Comunidades Autónomas en el exterior irá precedida de distintos informes y que el Gobierno impulsará la instalación de estas oficinas dentro de los locales del Servicio Exterior del Estado. 

Por último, y como no podía ser de otra manera, se contemplan en la Ley los instrumentos de planificación (a la Administración le encanta elaborar planes con listados muy extensos), que son la Estrategia de Acción Exterior (art. 35) y el Informe Anual de Acción Exterior (art. 37).