Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 01, 2015

UNA ALIANZA PERJUDICIAL PARA EL INTERÉS PÚBLICO

Una importante aportación de la Public Choice School es el Modelo de Niskanen, que señala que los burócratas adoptan un comportamiento tendente a maximizar su presupuesto, para lo cual intentan exagerar la importancia de los servicios que producen o gestionan y obstaculizan reformas que impliquen un ahorro en sus departamentos. 

Ejemplo de lo acertado de este planteamiento es el sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha), que presiona desde tiempos inmemoriales para que se refuercen las prerrogativas y aumenten los efectivos de la Agencia Tributaria. La finalidad no es la lucha contra el fraude fiscal o mejorar la gestión tributaria; es más bien el interés puro y duro de los técnicos, que desean pasar del grupo A2 al A1 sin pasar por la oposición. El Modelo de Niskanen explica igualmente las dramáticas e increíbles cifras de fraude fiscal que este sindicato suele lanzar al público con la intención de predisponerlo a reformas que favorezcan la posición de sus miembros. 

Aquí se halla la clave del romance que Gestha mantiene con Podemos. El partido del Mesías se ha comprometido a llevar a cabo sus propuestas (entre otras, la creación de un número imposible de plazas de inspectores) si llega al poder. A modo de contraprestación, Gestha avala las tesis fiscales de Podemos (o, mejor dicho, sus lemas y consignas baratas sobre fiscalidad). No es raro encontrar a portavoces de este sindicato perorando en algún programa de La Sexta… Y Pablo Iglesias habla de los “técnicos de Hacienda” como si fueran seres infalibles con autoridad suprema en materia tributaria.

Esta relación ha ido incluso mas lejos cuando ha salido a la luz la sociedad interpuesta que Monedero utilizó para cobrar de Venezuela tributando al 25% del IS en lugar de al tipo mucho mayor del IRPF. En vista de las anteriores consideraciones, no sorprende que Gestha, normalmente implacable con la evasión y la elusión fiscal, haya defendido al insospechado experto en política monetaria que ha resultado ser Monedero. Do ut des.

Los inspectores de Hacienda han calificado de “barbaridad” el plan conjunto de Podemos y Gestha, expresando “sólo obedece a la obsesión que tiene este sindicato --Gestha-- por conseguir mejoras económicas en su colectivo intentando que todos los técnicos se conviertan en inspectores sin superar la correspondiente oposición”. Sin embargo, los medios progresistas sólo se hacen eco de las declaraciones de Gestha.

Los funcionarios, en especial en países con una sociedad civil débil y un sector privado acomplejado, son muy hábiles a la hora de disfrazar de interés general el suyo propio. Se ha comprobado en Grecia, donde su clase funcionarial se ha opuesto a todos los recortes y ha conseguido que sus privilegios sean percibidos por la opinión pública como irrenunciables.

Por supuesto, hacen falta funcionarios en las cantidades adecuadas, bien retribuidos y con la consideración debida, dadas las cruciales tareas que realizan. El peligro aparece cuando políticos y funcionarios se alían no en aras del interés general, sino con el propósito de apoyarse mutuamente en sus respectivas causas.