Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 15, 2015

EL PIB NO ES SUFICIENTE PARA LOS QUE PROMETEN EL PARAÍSO

El Premio Nobel Joseph Stiglitz ha puesto en duda la validez del PIB como indicador para medir la economía de un país, aduciendo que no tiene en cuenta la distribución de la riqueza y que no mide elementos como la felicidad (sic). Esta tesis, expuesta en El precio de la desigualdad (Taurus, 2012), ha sido recibida por alborozo por los progresistas, que la han incorporado a su discurso de forma algo tosca.

Bajo este planteamiento late la mala conciencia de una izquierda cuyas políticas han fracasado allí donde se han aplicado. Al mismo tiempo, la extensión del capitalismo ha dado lugar a un crecimiento espectacular de los países emergentes. Es comprensible que quienes hablan de repartir la riqueza pero no saben cómo crearla afirmen que el PIB no refleja el bienestar de un país. Sus recetas sólo traen miseria, pero si es igual para todos darán por bueno el resultado, ya que ha aumentado la igualdad y las envidias de los resentidos se han visto aplacadas. 

Si en una economía hay tres individuos pobres y dos ricos, y de estos últimos uno se arruina y el otro se va del país como consecuencia de las políticas del Podemos de turno, habrá más igualdad. ¿Alguien puede argumentar que los pobres están mejor que antes? ¿Tienen ahora más oportunidades reales? La desigualdad no es mala per se

Por otra parte, cuando se desprecia el PIB es porque se intenta otorgar una mayor importancia a elementos tan etéreos como la misma igualdad, la dignidad, la felicidad, la justicia social… Conceptos difíciles de cuantificar y que pueden ser manipulados por los políticos con más facilidad que unos fríos datos. El PIB de Venezuela, bajo el chavismo, ha crecido menos que el de sus vecinos. Ahora bien, Stiglitz estará satisfecho de que se haya creado allí un Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo. ¿Es eso lo que le importa a la gente? 

Parece que no. Los individuos --ya lo decía Adam Smith-- aspiran a mejorar su condición. Una economía prosperará si hay una clase media fuerte y se dan las condiciones necesarias para la movilidad social, en tanto que si se intenta imponer la igualdad,  se dificulta la creación de riqueza y se penaliza el éxito lo que se obtendrá será un país de perdedores. 

No es otro el objetivo de Pablo Iglesias. Su pretensión es ejercer el poder sobre un país arrasado, aislado y empobrecido, con un inmenso número de personas dependiente de las dádivas de los poderes públicos y en el que pueda llenar sus discursos de referencias grandilocuentes a la igualdad, los derechos sociales, la dignidad de los de abajo (que irán siendo y más y más y caerán cada vez más bajo), etcétera. Ni el más ferviente seguidor del Mesías puede creer que en una hipotética España gobernada por Podemos sería fácil enriquecerse. 

El PIB no lo es todo. También cuentan la protección de los derechos humanos, la estabilidad institucional… No obstante, no lo cambiaría por la charlatanería de los que sólo saben de rencor social.

En las campañas venideras, cuando el PP presuma de datos económicos va a recibir como respuesta que eso no vale porque hay mucha desigualdad  y una acumulación de riqueza inmoral. ¿Estará preparando la réplica o va a seguir, como hasta ahora, en la inopia?

3 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Buen artículo que me recuerda uno de los títulos de Stalin: Jardinero de la Felicidad Humana.

El Espantapájaros dijo...

Gracias. Muy apropiado ese título, que muchos quieren heredar.

Aprovecho para feliciarte de nuevo por tu Tumblr. Entro todos los días y es una gozada.

octopusmagnificens dijo...

¡Se agradece!