Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, enero 18, 2015

EL ANTIPAPA

No voy a reproducir aquí las muy desafortunadas palabras del Papa sobre la libertad de expresión y las ofensas a la religión, que ya son sobradamente conocidas. Obviamente, no creo que el Papa justifique el terrorismo islamista, pero resulta inadmisible e inapropiado que vea normal que un puñetazo siga a un insulto y, asimismo, que saque partido de un atentado terrorista para remarcar que no se puede insultar a la religión. Como todo derecho, la libertad de expresión tiene límites. Tales límites, empero, no los debe establecer la autoridad religiosa; al menos así sucede en las sociedades occidentales.

Se trata de una anécdota más de un Papa que haría un gran favor a la fe católica y a la Iglesia si decidiera limitar por sí mismo su libertad de expresión y moderar esa tendencia a la charlatanería, tan propia de los argentinos, que le caracteriza. El pasado mes Francisco advertía de las plagas que, en su opinión, afectan la Iglesia, sin percatarse de que él sufre, cuando menos, dos de ellas (la de los “chismes” y la de la “mundanidad y exhibicionismo”).

Su postura a favor de la igualdad y contra un sistema económico que considera injusto, así como cierta pátina progresista en sus discursos y forma de conducir los asuntos vaticanos, le han granjeado el apoyo de la izquierda, a la vez que la derecha conservadora anda despistada, perdida, y parece dispuesta a consentir que el Papa transforme la Iglesia en una ONG con ribetes espirituales. Su próxima encíclica versará sobre naturaleza y cambio climático: por lo que he podido leer, va a ser todo un monumento a la superstición ecologista. En el fondo, es lógico que las religiones antiguas se hermanen con las nuevas.

Aunque no soy creyente, uno echa de menos la altura intelectual, rigor y erudición de Ratzinger. Porque la religión, dentro de sus límites, sigue siendo importante para la sociedad, y no es bueno que sea rebajada con aguachirle peronista. Hoy Santiago González trae a colación el famoso discurso de Ratzinger pronunciado en la Universidad de Ratisbona en 2006. Compárese la hondura de esa pieza con cualquiera de las intervenciones del Papa que reclama “una Iglesia pobre y para los pobres”. Huelga decir que de pobreza intelectual ya puede presumir con creces. Entre Ratzinger y Francisco media el mismo abismo que existe entre un acorazado y una chalupa. 

Y en la televisión, como prueba de la degeneración del catolicismo, triunfa la monja Lucía Caram, también argentina, capaz de opinar sobre todos los asuntos a pesar de ser una indocumentada. A tal Papa, tal monja.

En una ocasión, el filósofo danés Kierkegaard entró en una iglesia y presenció una lamentable intervención del oficiante. “Si el cristianismo ha sobrevivido a curas como estos durante 2000 años es que ha de ser la fe verdadera”, comentó, mordaz. Hoy es lícito trasladar esa reflexión a Francisco y el catolicismo.

3 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Claro que el papa no justifica el terrorismo, hay que ser malintencionado para interpretar así su declaración, pero sí justifica la persecución penal de las críticas mordaces a la religión.

De Ratzinger nunca he podido leer nada. Por ladrillo...

El Espantapájaros dijo...

A mi juicio, las críticas mordaces y satíricas de la religión deben estar amparadas por la libertad de expresión. El Papa, que lanza un mensaje comprensible desde su punto de vista, se equivocó principalmente en tiempo y forma.

Ja, ja, es verdad lo que dices de Ratzinger, que conste. Yo sí he leído alguna cosa y no es una lectura especialmente amena. Pero eso encaja más con mi idea de Papa.

Anónimo dijo...

la diferencia hay q ponerla completa liberalisto
https://www.youtube.com/watch?v=04dhkyjkcwk
" Marcial Maciel recibió la protección del papa Juan Pablo II y de Joseph Ratzinger "
http://mexico.cnn.com/nacional/2010/03/03/el-fundador-de-los-legionarios-de-cristo-abuso-tambien-de-dos-de-sus-hijos