Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 28, 2014

LA (NO) CONVERSIÓN DE PABLO

Como ya he expuesto en ocasiones anteriores, creo que el voto a Podemos está basado en el rencor y en el revanchismo. No se trata de construir algo mejor, sino de destruirlo todo y que nadie se salve de mendigar entre los escombros. Es asombroso, por ello, que muchos traten de justificar el travestismo de Pablo Iglesias y la cúpula de Podemos, que ahora se venden como aseados socialdemócratas escandinavos cuando en fechas no muy lejanas estaban asesorando a Chávez, alabando a Lenin y boicoteando a Rosa Díez.

La evolución política es una realidad, sin la menor duda. Hay partidos y líderes que sufren una evolución comprensible, casi natural. Ejemplos serían el Partido Laborista bajo el liderazgo de Tony Blair o el PSOE cuando abandonó el marxismo. Es una transformación lenta, acompañada de discusiones internas y cuyos motivos no son exclusivamente electoralistas. La de Podemos, por lo tanto, no me parece ni real ni honesta. Que el Pablo de Iglesias de 2014 no se reconozca en el de 2013 no se debe a un proceso de reflexión meditado y madurado, sino a razones electorales puras y duras. Sólo Saulo de Tarso experimentó un cambio tan inopinado, merced a un hecho sobrenatural que no concurre en este caso.

Hay quien se engaña a sí mismo –o intenta hacer lo propio con los demás-- comparando a Podemos con el PSOE de 1982, que pese a los temores que causaba antes de llegar al poder ejerció éste sin caer en extremismos. Es un paralelismo absurdo. Pablo Iglesias no es ni de lejos Felipe González. Pero la mayor diferencia reside en las tendencias de la época. En aquel entonces, ya aceptada la reforma en vez de la ruptura, había que ganarse el centro. Un nuevo sistema echaba andar y se dirigía a la Unión Europea. Hoy las cosas son muy distintas. El sistema está en crisis, la Constitución y los años de la transición son cuestionados y a Podemos le encantaría abandonar la Unión Europea. Así pues, comparar a Podemos con ese viejo PSOE bien responde a un profundo desconocimiento del pasado, bien a motivaciones arteras. 

Aún más lastimosos resultan los que creen bobamente que Podemos defiende algo parecido al modelo escandinavo, al que identifican con un Estado de Bienestar sumamente generoso… y ya. Lo cierto es que en esos países existe una fuerte imposición indirecta y en ellos se han abordado reformas de sus servicios públicos que aquí espantarían a cualquier acólito de Podemos. En Suecia hay copago sanitario, en Finlandia el gasto público por alumno es menor que en España… ¿Eso lo cuentan en las tertulias?

Por otra parte, carece de credibilidad que Iglesias y sus apóstoles, que ha bebido del ejemplo bolivariano y militado en la extrema izquierda desde su juventud, renuncien de verdad a su auténtica ideología y abracen unas políticas que ni conocen ni respetan, y que sólo usan para camuflar su radicalismo y atraer votos moderados e ingenuos.

Es tan improbable que Pablo Iglesias funde aquí una nueva Suecia como que de su ciénaga Somosaguas emerja algún día un Premio Nobel. En consecuencia, conmino a sus seguidores a que sean más sinceros y presenten a Podemos como lo que es, un trasnochado partido comunista que intenta tapar sus vergüenzas con lo primero que ha encontrado en la alacena.

3 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Comunistas eran y comunistas son. Dominan el arte de la propaganda y, como Luis María Anson ha dicho, el líder es un brillante comunicador con la ventaja de medirse a mediocres adversarios.

Néstor dijo...

Tampoco me trago su socialdemocratización de la noche a la mañana; si es cierta que lo demuestren abandonando a IU y la izquierda abertzale en la eurocámara y se unan al PSOE y el SPD alemán.

También me llama la atención que en ese famoso vídeo de Pablo Iglesias junto al entorno proetarra (típico ejemplo de socialdemócratas, como todos sabemos) hable del día que por fin dejemos a las vascos irse, que defendiera el referéndum escocés y ahora no aclare si permitiría uno en Cataluña. Me huele todo muy mal.

El Espantapájaros dijo...

Octopus:

Pablo Iglesias es buen comunicador y se nota que prepara bien sus intervenciones, cosa que han descuidado muchísimos otros políticos, que se diría que improvisan delante de la cámara. No obstante, no se puede entender su éxito sin un contexto muy favorable, periodistas a sus pies y rivales dialécticos mediocres o directamente risibles.

Néstor:

Para un observador que no haya vendido su alma a Podemos resulta palmario que Iglesias y sus compadres han travestido su auténtica ideología para arañar votos al PSOE y no causar pánico entre los del PP que se abstuvieron en las europeas.

El caso de Cataluña es paradigmático. Pablo Iglesias ha dicho de todo al respecto, según la oportunidad del momento. A otras muchas preguntas responde con vaguedades o lemas huecos. Y, por último, finge profesar una suerte de fe socialdemócrata a la vez que aplaude a rabiar al líder de Syriza.

Ciertamente no serán los primeros que esconden sus intenciones en política, pero la credulidad de mucha gente es ya motivo de inquietud.