Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 21, 2014

EVITAR LA CAÍDA

De tanto en tanto, los enemigos de la sociedad abierta obtienen pequeñas victorias que causan honda inquietud. Esta semana Sony canceló el estreno de The Interview después de que un grupo de piratas informáticos norcoreanos –dirigidos, según el FBI, por el régimen comunista-- amenazara a las salas que la estrenaran. 

Creo en la libertad de empresa. Sony y las salas de cine son libres para tomar las decisiones que más convengan a sus intereses. Por el contrario, el Estado no es libre para no actuar en un caso como éste. Le corresponde el deber de proteger a sus ciudadanos y empresas. No puede permanecer pasivo mientras una tiranía comunista impone su parecer y daña seriamente la libertad de expresión en general, así como las cuentas de Sony.

Por ahora, la Casa Blanca se ha limitado a anunciar que habrá respuesta. Ignoro cuál será su alcance. Bajo el sistema imperante en el siglo XIX, Pionyang habría sido bombardeada. Gunboat diplomacy. Eso no sucederá, pero igualmente espero y deseo una represalia contundente. 

Estados Unidos es el baluarte de Occidente. Un baluarte, desgraciadamente, ya agrietado. Si bien Obama no sólo ha cosechado fracasos en política exterior y seguridad, últimamente parece empeñado en no alzar mucho la voz. Estados Unidos, en apariencia, es hoy más débil que con George Bush al frente. A lo mejor su incapacidad no es real, sino tan sólo inducida por la falta de voluntad o cobardía de un Presidente cada vez más cuestionado. Que Corea del Norte se saliera con la suya sin consecuencias acentuaría la imagen de postración, para regocijo de los que se han juramentado para aniquilar Occidente. 

La política más acertada es la adoptada en los ochenta por Ronald Reagan: “We maintain the peace through our strength; weakness only invites aggression”. El apaciguamiento no funciona. Si Occidente no se da cuenta de que la única forma de mantener en última instancia sus libertades, prosperidad y modo de vida es la fuerza de las armas, será su perdición. 

La batalla empieza en el ámbito doméstico. El gasto militar debe ser incrementado, aunque sea impopular, y los políticos tienen que persuadir a la opinión pública de que es necesario y de que renunciar al instrumento militar en las relaciones internacionales es una majadería propia de una sociedad acomodada y decadente como la occidental. “Cada vez está más cerca el día en que renunciaremos a todos nuestros sacrosantos derechos a cambio no ya de sobrevivir, sino de evitar un peligro”, ha escrito Hermann Tertsch

Roma cayó por la acción de los bárbaros, pero presupuesto de ello fue su corrupción interna, la miopía de sus líderes y la pérdida de las virtudes tradicionales. Hoy, Europa siente la proximidad de los bárbaros, dentro y fuera. Partidos como Podemos o Syriza entregarían la llave de nuestras murallas al Estado Islámico sin dudarlo un segundo. Es tiempo de hablar con claridad.

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

En el caso europeo, sin duda, pero en el americano, pienso que el presupuesto militar es más bien abultado y que lo se precisa es modernizar el armamento y retirar sistemas bajo cuestión, como por ejemplo los portaaviones. ¡Esto sí que es impopular en America! Te dejo este estudio cuyo encabezado gráfico he de esperar que no sea profético: At What Cost a Carrier?