Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 14, 2014

¿DE VERDAD HA TERMINADO LA CRISIS?

Produce gran estupor que los mismos que negaron la crisis en 2008 rechacen ahora toda evidencia de recuperación. Mientras no se reconcilie con la realidad, difícilmente podrá el PSOE ganar elecciones. De la extrema izquierda no hablo porque su reino pertenece ineluctablemente a la fantasía.

Es posible que Mariano Rajoy esté siendo muy enfático en sus mensajes, que rebosan de un optimismo que no todos pueden compartir. El año electoral se acerca y hay que animar el discurso. En todo caso, los datos avalan parte de ese optimismo. Previsiones como la de Funcas señalan que España crecerá más del 2% en 2015. Hay recuperación, pero lo más acertado sería precisar que la hay a pesar del Gobierno y sus políticas.

Porque, en rigor, el Gobierno ha llevado a cabo reformas claramente insuficientes y ha moderado sólo ligeramente el gasto público. La Deuda pública, que sigue al alza, se está financiando a tipos menores gracias al manto protector extendido por Draghi, no a la confianza en la solvencia del Reino de España. A pesar de que Rajoy dice que en el exterior alaban su programa reformista, Bruselas está recomendando nuevos ajustes y reformas sin que el Gobierno se dé por aludido.

La recuperación es frágil. Hasta que cuaje, debería imponerse la cautela y una actitud más decidida frente a las amenazas capaces de abortarla. Cataluña es una de ellas, junto con Podemos. La reacción de los mercados ante la posibilidad de que Syriza gane las elecciones en Grecia muestra bien a las claras que los populismos –aupados por la estupidez de la gente-- no salen gratis.

Muchos nacionalistas preferirían una Cataluña independiente, aunque más pobre, con tal de cumplir sus sueños. En cuanto a Podemos y sus votantes, están afectados de lo que Joaquín Leguina ha denominado certeramente el Síndrome de Sansón. Al igual que el personaje bíblico cuando derribó el templo, sacrificándose para matar a los filisteos, proclaman: “¡Muera yo con los filisteos!”. No atienden a razones o argumentos, y les importa poco que su programa no sea viable, porque su objetivo no es la estabilidad o el crecimiento económico. Ellos quieren gobernar sobre una España arruinada y fragmentada y multiplicar el número de pobres, que es lo mismo que multiplicar su clientela. Su acción política no se dirige a que el ciudadano tenga más dinero en el bolsillo, sino a alimentar rencores, revanchismo, envidias y bajas pasiones en general. En este sentido, obrar como Sansón es la única salida. 

Ya que el Gobierno del PP ha defraudado las expectativas creadas en 2011, al menos debería esforzarse en conjurar las amenazas aquí reseñadas y en convencer a la opinión pública de que hay mucho que perder si la recuperación no se consolida. 

Y al PSOE y sindicatos les exijo que hablen con más propiedad de empleo precario, el mantra con el que tratan de aguar la fiesta del Gobierno. Los contratos temporales son muchas veces la antesala del contrato indefinido y permiten ganar experiencia en tanto surge una mejor oportunidad. Además, ¿cuál es la alternativa socialista? Imagino que subsidios, sopa boba y clientelismo a la andaluza.