Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 16, 2014

PONER LA OTRA MEJILLA NO ES LA SOLUCIÓN AL PROBLEMA SEPARATISTA

El pasado domingo tuvo lugar en Cataluña un acto subversivo de la mayor gravedad. La reacción del Gobierno, que había asegurado que haría cumplir las leyes, se ha limitado a la retórica. Se aduce para justificar esta pasividad que el Gobierno ya hizo todo cuanto podía hacer. ¿Es eso cierto?

Obviamente, no. Retirar por la fuerza las urnas de cartón el mismo día de autos habría sido un disparate, sin ninguna duda; pero Artur Mas llevaba dos años anunciando su voluntad de celebrar una consulta y la fecha finalmente elegida se conocía desde hacía un año. Por lo tanto, parece que hubo tiempo más que suficiente para actuar. Al Estado no le faltan medios capaces de garantizar su soberanía y las leyes que de ella emanan en una porción de su territorio, sin tener que recurrir a los tanques o a otras soluciones maximalistas. Es la total ausencia de voluntad política la que impide la actuación, que puede ser perfectamente proporcional. 

Lo de menos es que la consulta haya sido una farsa o sainete sin garantías propio de una república bananera (y ante el cual, dicho sea de paso, caen de hinojos esos izquierdistas seducidos por el hecho diferencial catalán, como si hubieran descubierto el culmen de la democracia o fuesen rústicos que visitan por vez primera la gran ciudad). Tampoco ha de servir de consuelo la baja participación. La clave de este desgraciado asunto es que la Generalitat ha dirigido, impulsado y amparado un proceso que, pese a la suspensión dictada por el Tribunal Constitucional, ha sido consumado exitosamente y sin consecuencias para sus responsables. Artur Mas y su banda se han burlado estruendosamente del Estado de Derecho consagrado en la Constitución española. En suma, un pésimo precedente que refuerza a los separatistas y amplía sus miras. Quien hizo un cesto, hará ciento.

¿Cuál es el plan del Gobierno, caso de haberlo? ¿Seguir acudiendo al Tribunal Constitucional y, posteriormente, desentenderse de sus resoluciones? A estas alturas ya es de sobra conocido que Mas no desea dialogar, sino imponer, y que está dispuesto a saltarse las leyes –también las del Parlamento de Cataluña-- cuando le convenga. Por su parte, los camisas negras de ERC enarbolan sin ambages la bandera de la desobediencia civil. Y la propuesta de reforma constitucional del PSOE es ridícula y tan hueca como su líder, aparte de que difícilmente solucionaría el problema separatista. 

En consecuencia, creo que cualquier escenario futuro va a ser conflictivo y que el Gobierno de Rajoy está rehuyendo la confrontación para ganar tiempo. Lo cual tendría sentido si hiciera algo con ese tiempo. Rajoy, sin embargo, sigue instalado en la abulia y no se adivina ningún gran movimiento que frene la ofensiva separatista. 

La respuesta no ha de ser únicamente jurídica, es decir, invocar la Constitución y las leyes. Hay otras muchas iniciativas que podrían adoptarse. Ahora bien, no es admisible que a algunos les baste declarar una suerte de zona de conflicto político para excluir automáticamente la aplicación del ordenamiento jurídico vigente. La Generalitat y sus autoridades, como el resto de poderes públicos, están sujetas al principio de legalidad y deben responder de sus actos. 

La declaración de independencia llegará antes o después. Quizá en 2016, cuando el Parlamento español esté fragmentado y el Estado sea inoperante o ya directamente fallido. La celebración de la falsa consulta habría sido una perfecta ocasión para poner límites al desafío nacionalista y demostrar que el Estado sigue proyectando su autoridad sobre Cataluña. Esto último, a día de hoy, es más dudoso que hace una semana.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fascista.

octopusmagnificens dijo...

Según Junqueras, llegará en 2015.