Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 09, 2014

LA CORRUPCIÓN: UN ANÁLISIS SERIO

A causa del goteo incesante de escándalos y de la gravedad de muchos de ellos, se ha extendido una sensación de corrupción generalizada en España. He aquí una de las causas del auge del populismo, que echa la culpa de todo a una clase política al parecer extraterrestre. La casta es muy mala; el pueblo, un compendio de virtudes. Pero los políticos son, necesariamente, un reflejo de la sociedad. No me merecen mucho respeto los que se apresuran a presumir de ejemplaridad. 

Asimismo, es preciso contrarrestar el dramatismo en que caen muchos medios de comunicación poniendo de relieve un hecho elemental. La Justicia está actuando y hay investigaciones, procesos y condenas, de modo que el sistema funciona y es capaz de exigir responsabilidades. 

Huelga decir que la corrupción acarrea efectos devastadores para cualquier Estado. Se quebranta la idea de que los servidores públicos trabajan para el bien común y desaparece la confianza en las instituciones y partidos. 

Por otra parte, aunque algunos estudios han señalado que cierta dosis de corrupción es un mecanismo eficiente en determinadas economías para trasladar la información y abaratar costes de transacción, las consecuencias en conjunto y a largo plazo no son buenas, ya que se incorpora a las empresas que deseen participar en el proceso un coste adicional, el de comprar a los políticos o funcionarios; se puede llegar a favorecer a empresas ineficientes en detrimento de otras que podrían prestar un mejor servicio; y, en la medida en que no se compite en condiciones de igualdad y con sujeción a reglas claras, se desalienta la iniciativa privada.

Una vez reconocido el problema, hay que buscar soluciones: es aquí donde surgen las discrepancias. Los que se presentan como paladines contra corrupción –esos ungidos que están todo el día en la televisión— son los mismos cuyas recetas, de aplicarse, multiplicarían la misma. Así lo manifiesta Lorenzo B. de Quirós, quien afirma que los remedios de Podemos, esto es, “el incremento del papel del Estado en la economía y en la sociedad así como el control por el ‘poder popular’ de todos los pesos y contrapesos constitucionales al poder”, son precisamente el caldo de cultivo que incentiva conductas corruptas. 

Gary Becker argumentaba que la causa de la corrupción estriba en un sector público que dispensa favores y dádivas y del que dependen negocios privados. Así pues, la forma más eficaz de erradicarla es reducir el tamaño e influencia del Estado.  

La respuesta penal y los controles de la actuación pública (no me cansaré de resaltar la importancia de la fiscalización del Tribunal de Cuentas) también pueden contribuir, naturalmente. La Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno es otro instrumento útil contra comportamientos irregulares, arbitrariedades y despilfarros. Y el Gobierno tiene intención de aprobar una ley orgánica para controlar mejor la financiación de los partidos políticos y una ley reguladora de los altos cargos de la Administración. 

Es de ilusos, en cualquier caso, creer que un Estado sobredimensionado y omnipotente va a estar libre de corrupción gracias al revoltijo de medidas esgrimidas por Podemos cual ungüento milagroso. Seamos serios y coherentes.

3 comentarios:

Néstor dijo...

Oír a todos esos abogados que no declaran lo que le cobran al que va a hacerles una consulta legal o los que llevan almacenes de material de construcción y no dan una factura ni por equivocación criticar la corrupción me da risa por un lado y, por el otro, me hace ver que digan lo que digan vivimos en una democracia real: el común de los españoles es clavado a su clase política. Me da risa aquella patochada del "no nos representan".

El Espantapájaros dijo...

La del "No nos representan" es la excusa mala de un pueblo menor de edad que no quiere asumir responsabilidades y echa la culpa de todo a los otros.

A los casos que citas añadiría el de la universidad pública, de donde provienen los virtuosos iluminados que pretenden salvarnos y mostrarnos la democracia real. He ahí un ámbito donde abundan los chanchullos, las componendas, los amiguismos, cuando no la corrupción pura y dura.

Anónimo dijo...

"Pero los políticos son, necesariamente, un reflejo de la sociedad." Muy bueno !