Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, septiembre 14, 2014

EL SISTEMA FINANCIERO Y UNO DE SUS TITANES

El sistema financiero es vital para el buen funcionamiento de la economía. En palabras de Schumpeter, “los servicios proporcionados por los intermediarios financieros –movilizar el ahorro, evaluar proyectos, gestionar el riesgo, supervisar a los gestores de las empresas y facilitar la realización de transacciones— resultan esenciales para impulsar la innovación tecnológica y el crecimiento económico”.

Los bancos –entidades de crédito-- no son más que intermediarios que ponen en contacto a ahorradores con prestatarios. Un servicio que está mal visto por esa izquierda trasnochada que continúa arremetiendo contra la banca y el capital, a pesar de que tiene dinero en fondos de inversión (Llamazares) o pide créditos para pagar deudas con Hacienda (Izquierda Unida).

Al más reciente cuestionamiento del sistema financiero han contribuido algunos tópicos y manipulaciones muy extendidos, de difícil erradicación.

Por un lado, se piensa que los bancos, además de ser los responsables de la crisis, tuvieron que ser rescatados con el dinero público. Pues bien, el Banco Santander, por citar el banco español más importante, no ha recibido ayudas públicas, a diferencia de todas esas cajas de ahorros pésimamente gestionadas por amigos de politicastros y sindicalistas. Pero algunos siguen tratando de engañar a la gente y hablan de un rescate a los bancos que nunca existió.

Por otro, hay una creencia muy fuerte que afirma que el sistema financiero, hijo enloquecido del capitalismo salvaje que nos asola, se halla desregulado, libre de ataduras, y que tal fue la causa de la crisis, la ausencia de una intervención pública que pusiera coto a la avaricia de los banqueros. Nada más alejado de la realidad, evidentemente, pues, tal y como apunta Rodríguez Braun, pocas actividades hay más reguladas que las que tienen que ver con el dinero y las finanzas. Quien lo dude no tiene más que echar un vistazo a la flamante Ley 10/2014, de 26 de junio, de Ordenación, Supervisión y Solvencia de las Entidades de Crédito.

A ojos de la izquierda a la que aludía arriba, Emilio Botín cometió el doble pecado de ser banquero y rico. No obstante, posiblemente lo que más irritaba a los progresistas era que gracias a su buena gestión el Santander se hubiera convertido en uno de los grandes bancos del mundo.

Su muerte ha vuelto a poner de relieve que gran parte de la izquierda hace política desde el lodazal más infecto. No hace falta sostener que Botín fue una figura inmaculada para sentir asco por todos los escupitajos que han arrojado sobre su tumba los rencorosos de turno. 

Es conocido que en España quien alcanza el éxito y se enriquece es objeto de vituperios, calumnias y rechazo. En lugar de emular a los triunfadores, se les desprecia con una avilantez digna de mejor causa. Políticos como Pablo Iglesias y su limpiabotas, Alberto Garzón, indudablemente prefieren a los pobres: por eso sus políticas crean millones de ellos cada vez que se aplican en algún país desgraciado.

No es mi deseo santificar a Botín, pero sí que se reconozcan sus méritos y la solidez del Banco Santander, en el que confían millones de clientes. Y que no caigan en el olvido su generosa actividad filantrópica y su colaboración con las universidades. Hemos perdido a un hombre de los que no abundan en la ajada piel de toro.  

1 comentario:

octopusmagnificens dijo...

Nada que añadir. De acuerdo.