Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 13, 2014

¿GENERALIZACIÓN DE LAS PRIMARIAS?

El mantra que incesantemente están repitiendo los políticos de todo pelaje y condición es el de la regeneración democrática. La semana pasada traté aquí la elección directa de los alcaldes, una reforma que se inserta en esa tendencia. Hoy toca hablar de las primarias, piedra angular del movimiento regeneracionista. 

Para buena parte de la doctrina, la exigencia constitucional de que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos sean democráticos nunca fue tomada muy en serio. La Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio de Partidos Políticos, establece en sus artículos 6 a 9 a qué debe ajustarse la organización, funcionamiento y actividad de los partidos para que cumplan con el principio democrático. Así, se regula la existencia de una asamblea general que decidirá sobre los acuerdos más importantes, se indica que los órganos directivos deberán ser provistos mediante sufragio libre y secreto, se enumeran los derechos y deberes de los afiliados… Pero, de acuerdo con autores como Garrido López, la norma se queda corta. 

En los últimos tiempos, el concepto de primarias (da igual cómo y para qué) se ha instalado en la psique colectiva como una necesidad ineludible a fin de regenerar los partidos y volver conectarlos con la sociedad.  La mala opinión que una mayoría de ciudadanos tiene de la clase política y los partidos (véanse los barómetros del CIS), así como las crisis internas abiertas en el PSOE e IU y la aparición en escena de Podemos, son circunstancias que coadyuvan al encumbramiento de las primarias. La pujanza de las redes sociales, que permiten una comunicación directa con los ciudadanos y segmentación de mensajes, también explica el avance hacia mayores cotas de participación. 

Hoy el PSOE celebra primarias para elegir a su Secretario General, UPyD tiene previsto un sistema de primarias en sus estatutos y en el PP hay corrientes opuestas al exceso de poder de las cúpulas de los partidos y que abogan por incrementar la democracia interna. Representante de estas ideas es Percival Manglano, quien apuesta por primarias de afiliados del PP (e incluso de simpatizantes, es decir, primarias abiertas) para elegir candidatos y dirigentes.

La profesora Victoria Rodríguez Blanco, que se ha ocupado del estudio de los partidos políticos, ha señalado la ausencia de democracia interna como uno de los males de que adolecen los partidos españoles. A su entender, las primarias deberían ser obligatorias y habría que conceder más garantías a los militantes disidentes o díscolos para que pueda ser escuchada su voz. De la misma opinión es el profesor Garrido López.

No hay duda de las que primarias contribuirían a airear los partidos y a que recuperaran parte de la credibilidad perdida ante los ciudadanos. Además, son un medio de integrar las distintas facciones, debatir ideas dentro de la misma familia ideológica y evitar escisiones. Estoy casi seguro de que partidos como FAC o Vox no habrían surgido de haber recurrido el PP a las primarias.

Como inconvenientes de su utilización, hay que mencionar, sobre todo, que alargan los períodos electorales (en Estados Unidos, máximo exponente en la materia, las elecciones presidenciales absorben la atención de todo el país durante más de seis meses) y pueden ser la vía de ascenso de líderes carismáticos y seductores pero incompetentes. 

Ciertas modas son imparables: la generalización de las primarias podría ser ya inevitable. Para mí, no es fundamental. Lo que verdaderamente debería importar es el grado de concentración de poder en manos del Estado. La regeneración que juzgo saludable es aquella cuyo resultado sea la disminución del tamaño del sector público y que los partidos políticos no sean los dueños y señores de todas las instituciones, desde las universidades al Consejo General del Poder Judicial. Y las primarias no tienen por qué erradicar esa perversa partitocracia denunciada por Alejandro Nieto.