Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 08, 2014

LA MONARQUÍA DE TODOS LOS ESPAÑOLES FRENTE A LA REPÚBLICA EXCLUYENTE Y SECTARIA

El Rey lo deja, y lo lamento. Nunca he sido partidario de la abdicación, a no ser que medie fuerza mayor, pues considero que los reyes, en virtud del ius ad officium que ostentan, deben llevar la corona hasta el final de sus días. Mas, al mismo tiempo, es obvio que circunstancias extraordinarias exigen decisiones extraordinarias. No cuestionaré, por tanto, la decisión del Rey, que entiendo ajustada, desde su punto de vista, a los intereses de España y de la Corona. Honremos a Juan Carlos I (un gran monarca al que no hay nada que reprochar, salvo quizá algún episodio menor que no hace sino confirmar su humanidad) y saludemos al futuro Felipe VI

Con motivo de la sucesión, algunos están cuestionando la legitimidad y la continuidad de la monarquía, por lo que, como monárquico, me siento obligado a presentar argumentos en su defensa.  

Aun desde posturas republicanas serias, mientras la Corona siga sirviendo al pueblo español y siendo útil, no veo motivo para discutirla. Si algo funciona bien, ¿por qué cambiarlo?

Se podrá decir que por un prurito democrático. Sin embargo, la Corona carece de poderes propios. Sin poder y sin responsabilidad, ¿para qué elegir democráticamente al Jefe de Estado? A lo que hay que añadir que la Corona española goza de una indiscutible legitimidad de origen.

En otro orden de cosas, no son pocas las ventajas que ofrece la monarquía. En primer lugar, el Rey es un vínculo con la Historia de España y un símbolo de su unidad: de todo ello está muy necesitado nuestra atribulada y a veces incomprensible nación. En segundo término, en un país con una política tan tóxica y abrasiva, es saludable contar con un Jefe de Estado ajeno a la contienda partidista. En tercer lugar, se acomoda mejor a una Jefatura de Estado cuyo titular ejerce funciones meramente simbólicas o representativas una persona que desde su infancia ha estado formándose para esa misión específica. Desempeñará esas funciones mucho mejor, sin ninguna duda, que un político circunstancial. En cuarto lugar, es evidente su utilidad en las relaciones internacionales, porque representa los intereses permanentes de España, no sometidos al vaivén político, y va a adquirir, con el paso del tiempo, una vasta experiencia, a refinar sus buenos oficios y a elaborar una agenda de contactos. Por último, el Rey, dada su formación militar y su contacto con la milicia, es quien más adecuadamente puede ocupar el puesto de mando supremo de las Fuerzas Armadas, en tanto que un político, actualmente, ni siquiera habrá vestido el uniforme alguna vez. 

¿Qué tiene que decir, frente a los anteriores argumentos, la alternativa republicana? Nada, ya que el republicanismo en España no es tal y no se aviene a razones. Prefiere la guillotina y las rimas malas. Tengo la impresión de que hay muy pocos republicanos verdaderos, esto es, que tomen como ejemplo repúblicas como la americana, la francesa o la alemana. Sí hay, por el contrario, muchos nostálgicos del Frente Popular que proponen un retorno no ya a 1931, sino a 1936. No albergan la idea de una España republicana, sino la de una república forzosamente socialista y totalitaria: así se desprende de sus discursos, enseñas y conductas. Para ellos, el único período válido en la Historia de España es el de la Segunda República (y excluyendo de éste lo que llaman el Bienio Negro por haber gobernado la derecha). Me he topado con sedicentes republicanos que declaran que su república no sería democrática si Aznar o Aguirre ocuparan la presidencia y que habría que cerrar medios de comunicación que no comulguen con su ideología. 

Obviando a semejante caterva, que sólo usa la república para enmascarar un proyecto totalitario, y quitando otras connotaciones míticas, la forma republicana no aportaría gran cosa en la práctica. En todo caso, una poltrona política más; y, si fuera presidencialista, unas elecciones. 

Polibio expuso como constitución política óptima aquella que combina la monarquía, la aristocracia y la democracia. En España no faltan ni monarquía ni democracia. El problema radica en que falta la aristocracia. Es ahí, en consecuencia, donde debiera centrarse el debate, no en la forma de la Jefatura de Estado.

4 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Buen artículo. Voy más allá que tú y afirmo que la mayoría de quienes se están manifestando contra la monarquía son nostálgicos de la Segunda República y del marxismo.

No soy monárquico ni republicano. Me da igual la forma de gobierno. Lo que juzgo es la competencia del jefe del Estado. Pienso que Juan Carlos I ha sido un rey ejemplar, un rey que no nos merecemos, y que Felipe será igual o mejor.

Néstor dijo...

En mi opinión, el argumento de que la Corona garantiza la unidad nacional tiene poco sentido. Si repasamos las cuatro décadas de monarquía parlamentaria lejos de profundizarse progresivamente la unidad de España se ha dado el caso contrario, y no hay más que ver la cadena humana en el País Vasco o el proceso abierto en Cataluña.

Y mirando a los países de nuestro entorno la cosa no es muy diferente. No me consta que existan grandes movimientos secesionistas en Francia, Alemania o Austria, pero casualmente el Reino Unido tiene un referendum en tres meses que le puede partir practicamente por la mitad.

Dicho esto, aunque prefiero una república este no es el momento de abrir ese melón. Estas cosas han de hacerse con calma.

Pedro dijo...

Hola Sergio,

No quiero ser duro pero lo único que veo sectario por aquí es el escrito. Como republicano que soy, de los que no quiere ni volver a 1931 ni diría jamás que una república presidida por Aznar no es democrática si éste ha sido elegido democráticamente, el artículo me ofende, me caricaturiza y me resulta ridículo.

Yo no sé si hay republicanos en 1936 (muy pocos, créeme), sí sé que los hay bastantes en 1931, aunque la mayoría estamos en 2014.
Pero leyendo artículos como éste me pregunto donde están los monárquicos ¿en 2014? No lo creo ¿En 1977? Quizá. Algunos están incluso en 1876...
Afortunadamente creo que el país está con los nuevos tiempos. La mayoría quiere un referendum sobre la forma de estado en algún momento indeterminado del futuro próximo y eso me congratula. Y la solidificación del republicanismo por encima del 30% también.

Saludos,

El Espantapájaros dijo...

Octopus:

Muchas gracias. Respaldo completamente tus palabras sobre los sedicentes republicanos.

No me cabe duda de que Felipe VI será un gran Rey, a la altura de su padre.

Néstor:

El Rey es un símbolo de unidad, ya que es un punto de agarre neutral para cualquier ciudadano y un vínculo claro con la Historia. Es más fácil compartir e identificarse con alguien que no responde a unas siglas políticas y que actúa desde la neutralidad. Eso no es óbice para que, como está sucediendo ahora, los movimientos separatistas cobren fuerza. Pero, en España, las dos repúblicas se caracerizaron por agrietar severamente la unidad nacional, hasta el punto de casi hacerla saltar por los aires. No creo que la república que quiere IU fuese a constituirse como factor de unidad, todo lo contrario.

Pedro:

Es posible que no haya leído mi texto con la debida atención y por eso le ofende. Claramente distingo entre republicanos serios y entre republicanos que son, en verdad, nostálgicos del Frente Popular y de la España de 1936.

¿Quiénes se están manifestando en Sol y en otras plazas? Parece que los segundos, con sus banderas tricolor con estrella roja, banderas comunistas, guillotinas y rimas de dudoso gusto. Y demuestran fanatismo y enormes dosis de rencor y odio. No ilusionan ni convencen. Contra ellos dirijo mis invectivas.

Aunque suene paradójico, es más moderna y democrática la monarquía española que la república que propugnan los Cayos, Llamazares, Garzones y Pablemos.

No se quede únicamente con las encuestas que le convienen. Según el CIS, sólo el 0,2% considera la monarquía como un problema. Otros sondeos recientes muestran la confianza hacia la labor que desempeñerá el futuro Rey y también que, si se celebrara un referéndum, ganaría la opción monárquica.

Lo que pasa es que el referéndum no es la vía adecuada para decidir este asunto (su ámbito propio es el de decisiones transcedentales, no dar satisfacción a un puñado de comunistas), sino la reforma constitucional. ¿O acaso en las repúblicas consolidadas como Francia o Estados Unidos se celebran referéndums periódicos sobre la forma republicana o monárquica? Si de verdad cuaja el republicanismo, nada impide a los partidos llevarlo en sus programas y pedir apoyo para ese cambio.