Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, junio 01, 2014

DE LA ESPERANZA DE 2011 A LA TUMBA DE 2015

Los escalofriantes resultados de las elecciones al Parlamento Europeo y las proyecciones sobre lo que puede acontecer en las próximas y cercanas citas electorales en 2015 deben llevar a formularse una pregunta clave: ¿Cuándo empezaron a torcerse las cosas en España definitivamente? Muchos dirán que en 2004 o en 2008, cuando Zapatero volvió a ganar las elecciones, y no faltarán quienes se remonten a los años de la transición.

A mi entender, no hay que ir tan lejos. El punto de no retorno fue 2011. Como certeramente mantiene Jesús Cacho, “el 20 de noviembre de 2011 fue la última oportunidad que millones de españoles, que estaban dispuestos a aceptar cualquier sacrificio, se dieron para enderezar el rumbo de una España que se había ido a pique bajo la doble presidencia de un tipo cuyo nivel de incompetencia había rebasado ampliamente la importancia del cargo”. La actuación del nuevo Gobierno desde finales de ese año fue la temprana confirmación de que esa última oportunidad iba a ser desperdiciada.

No tiene sentido repasar todo lo que ha hecho mal el Gobierno de Mariano Rajoy o qué podría haber hecho para evitar este 2014 en que, pese a la mejoría de los datos macroeconómicos, la gente de bien mira con temor el próximo año debido al auge del fundamentalismo izquierdista y del separatismo. Baste indicar que el PP se ha quedado corto en su programa reformista, ha traicionado compromisos importantes, ha asumido como propio gran parte del caduco discurso socialdemócrata y ha renunciado, como consecuencia de lo anterior, a elaborar y promover un proyecto de país alternativo.

¿Dónde quedó ese 2011? Fue un año muy duro en lo económico, pero con momentos esperanzadores. Surgieron los indignados, que pretendían suplantar la democracia liberal por un colectivismo asambleario y totalitario. Sin embargo, las elecciones municipales y autonómicas barrieron esta primera manifestación de los indignados, pues el PP obtuvo el poder en la mayoría de comunidades y municipios. Zapatero, reconociendo casi postreramente la realidad, decidió la reforma del artículo 135 de la Constitución, que, al margen del modo discutible en que fue llevada a cabo, trasladaba un mensaje claro a los mercados de austeridad y lucha contra el déficit. Y, naturalmente, el PP recibió en las elecciones generales una mayoría absoluta con la que podría reformar a fondo y no tener miedo o dudas frente a los inmovilistas.

En 2011 los ciudadanos confiaron en Mariano Rajoy y abrazaron decididamente la receta del equilibrio presupuestario, las reformas estructurales y los sacrificios. Las posteriores decepciones, así como la falta de coraje político de Rajoy y sus excesivos titubeos, malbarataron dicha confianza.

Al revés que en 2011, el populismo está ganando terreno en 2014. Aunque los resultados del pasado domingo no son trasladables tal cual a unas elecciones generales, hoy está más cerca un escenario de pesadilla que combina atomización del Parlamento y fuerte presencia de la extrema izquierda, a lo que hay que sumar el desafío de unos separatistas muy crecidos. La gravedad de la situación es insoslayable.

El único remedio reside en partidos como UPyD y Cs, que deberían aliarse con el PP en caso de emergencia. Pero tal vez no consigan reunir el número de escaños suficiente. 

El peor escenario, pues, no es una elucubración catastrofista, sino una posibilidad cierta. Me refiero a una coalición de extremistas, nacionalistas y un PSOE en las últimas dirigido por algún mediocre o sectario, como Madina, Chacón o López. El modelo a imitar entonces sería el venezolano, no sin antes conceder toda exigencia a los separatismos.

Por lo tanto, parece que España tiene ya fecha de caducidad. Será a finales de 2015, a no ser que cambie mucho la tendencia de los electores. La oportunidad de 2011 está muerta y enterrada, y no está claro que haya tiempo para corregir nuestra marcha hacia el abismo. Lo que sí sé con certeza es que todos –además del Gobierno y el partido que lo apoya-- estamos llamados a contribuir a la tarea de evitar o retrasar la fecha de caducidad de nuestro país y que cualquier esfuerzo en tal dirección será bienvenido.

12 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

"Baste indicar que el PP se ha quedado corto en su programa reformista, ha traicionado compromisos importantes, ha asumido como propio gran parte del caduco discurso socialdemócrata y ha renunciado, como consecuencia de lo anterior, a elaborar y promover un proyecto de país alternativo".

Tan es así, que siguen hablado de los sacrificios realizados, cuando el sacrificio era y es el gasto público insostenible.

Néstor dijo...

Soy optimista por naturaleza y quiero creer que el próximo Gobierno será de concentración.

El Partido Popular aún tiene cartas que jugar y creo que si las juega bien podrá obtener una victoria aceptable. Además de la tan manida recuperación económica, prometieron limitar los mandatos a dos legislaturas y reducir el número de escaños en el Parlamento a trescientos. Estoy seguro que la mayoría del electorado verá con buenos ojos esas medidas, amén de que la segunda puede ser una buena herramienta para evitar la atomización del Parlamento dificultando el acceso de partiduchos.

Hasta el rabo todo es toro.

El Espantapájaros dijo...

Octopus:

El primer error consiste en pedir perdón continuamente y en afirmar que ojalá pudieran gastar lo que antes. Demuestran muy poca convicción.

Néstor:

¿De concentración entre PP y PSOE? No es tan fácil. El próximo líder del PSOE va a encontrarse con una deriva populista muy importante: en vez de resistirse, puede ser más cómodo dejarse llevar, aunque a la postre los beneficiados sean IU y Podemos.

Aún queda tiempo hasta las elecciones, hay que aprovecharlo para impedir el desastre.

RAMÓN SALAR CARRILLO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
RAMÓN SALAR CARRILLO dijo...

Tengo la impresión que estáis tan obsesionados con la economía que olvidáis el resto. Acabar con Podemos es tan sencillo como modificar ciertas leyes para que los ladrones -sobre todo los políticos- acaben en la cárcel devolviendo lo sustraído, etc.; terminar con la puerta giratoria, los paraisos fiscales, los recortes ilegítimos, acabar con el gasto público insostenible -rescatando bancos, autopistas, aeropuertos, etc.-. Porque para la mayoría de los ciudadanos si toca comer lentejas, las comemos, pero TODOS.

octopusmagnificens dijo...

¿Acabar con los paraísos fiscales? Lo que quiero es expandirlos y acabar con los infiernos fiscales.

RAMÓN SALAR CARRILLO dijo...

¡Touché! octopus, Te lo he puesto "a huevo": yo tampoco quiero infiernos fiscales. Acabemos con ellos. Y ya de paso con las pensiones vitalicias, las preferentes engañosas, las subvenciones bancarias, la doble contabilidad, los EREs, el modificar leyes de justicia universal para librar de la cárcel a un comunista por motivos económicos, etc. Al final es más lo que nos une que lo que nos separa. Un saludo.

octopusmagnificens dijo...

En absoluto. Tú quieres regular y yo desregular. Gobierno mínimo vs. Gobierno omnímodo. Un saludo.

El Espantapájaros dijo...

Ramón:

Es cierto que Podemos ha obtenido fama gracias a su discurso contra la corrupción y una clase política en horas muy bajas. De todos modos, su programa económico, basado en un crecimiento ilimitado del sector público, irremediablamente produciría un aumento de la corrupción, el clientelismo, la cultura del subsidio...

Por otra parte, no es verdad que en España no se haga nada contra la corrupción. Hay procesos abiertos y condenas de cárcel e inhabilitación que afectan a figuras muy destacables y poderosas (Matas, Munar, Blasco...). La Justicia está actuando, pero no puede esperarse que todo se resuelva en dos tardes.

En esta legislatura, se ha endurecido el Código Penal, se ha aprobado una Ley de Transparencia, se va a revisar la financiación de los partidos... Estoy de acuerdo en criticar lo malo y proponer mejoras, a condición de que no se oculten sistemáticamente los pasos en la buena dirección.

RAMÓN SALAR CARRILLO dijo...

De vuestro discurso sobre la desregulación y contra la cultura del subsidio debo suponer que no estáis de acuerdo con el rescate bancario, ni la aprobación de la "deuda soberana", ni que decir de subvenciones a sindicatos, partidos políticos,Iglesia, ayudas a empresas, el cine,...
"La evidencia experimental de que el castigo promueve cooperación y civilidad es abrumadora...Hay incluso estudios recientes que indican que, puestos en la tesitura de optar libremente entre una sociedad donde prima la aurorregulación espontánea sin sanciones de ningún tipo, respecto de otra donde hay sanciones institucionalizadas, el segundo resulta vencedor de manera inapelable. El experimento..." "Cerebro y poder" Adolf Tobeña, La esfera de los libros Pg.203 (dicho experimento era de carácter económico). Un saludo

RAMÓN SALAR CARRILLO dijo...

Espantapájaros:
La corrupción no es algo inherente al sector público, es inherente al ser humano, solamente cambia la profesión de quien la práctica; en la Rusia comunista o en la China actual un Estado Todopoderoso comporta funcionarios corruptos; en Europa y EEUU de principios del s. XXI son los broker, los bancos (recordad la noticia de la alteración del Euribor), etc (este etc debe entenderse "todo el que puede". Y sólo es posible combatirla con leyes y control: la famosa separación de poderes, aunada además de la Educación, no confundirla con la Formación, que es lo que han quedado hoy día los centros de enseñanza, ni por supuesto en el adoctrinamiento. Tarea difícil para los políticos mediocres actuales.
Sobre la recuperación económica no seré yo quien la niegue: España va bien... ¿y los españoles? no estoy tan seguro. Se esta creando una nueva forma de "esclavitud": se llama trabajador autónomo. Al tiempo.
En cuanto al endurecimiento de C. Penal es corto, se debía haber hecho en el 78, o a más tardar después de la "experiencia felipista".
No estoy nada de acuerdo con el control sistemático por parte de ningún poder, pero si renunciamos a ello debemos dotarnos de un castigo en el cual "si te pillo, te enteras... pero bien". Por ejemplo, la cantidad de horas de trabajo que se pierden en aquellos puestos donde no es posible el control. Lo lógico es que si el empresario demuestra de manera fehaciente este hecho el trabajador sea expulsado y además pague los gastos originados para probar el hecho. Imaginas que los corruptos condenados con sentencia firme pagaran "todos" los gastos derivados de la investigación: policías, gastos de vehículos, folios, ordenadores, electricidad, dietas, horas extra de registros, seguimientos,..., es decir, aparte de las costas judiciales, devuelve todo el dinero, los intereses hasta la fecha, inhabilitación para volver a ejercer trabajos de responsabilidad económica y aquí tiene la factura que ha originado su conducta impropia. De ese modo hasta no vería mal que no ingresaran en prisión: nos ahorramos gastos de cárcel.
La libertad tiene un precio que no debemos pagar otros. Un saludo

Anónimo dijo...

Ramon, me quedo con lo de "si te pillo, te enteras... pero bien" un saludo