Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 18, 2014

Y CAÑETE DISPARÓ CONTRA SU PROPIO PIE

Muchos analistas desprecian la influencia de los debates electorales en el resultado de unas elecciones. Indudablemente, no cambiará la decisión de los partidarios de uno u otro candidato, pero puede afectar a los indecisos. Además, aunque tenga una audiencia modesta, al día siguiente va a ocupar las portadas de los periódicos, las mesas de debate de las tertulias… Y, en todo caso, es un ejercicio dialéctico interesante en el que los candidatos muestran sus capacidades. En definitiva, la perfecta ocasión para lucirse. 

Confieso que esperaba más de Arias Cañete en el debate con Elena Valenciano. Dicen que es Pedro Arriola el responsable de que los candidatos del PP ocupen la mayor parte de sus intervenciones en un debate recitando datos o enseñando gráficas, o bien leyendo declaraciones un tanto insulsas. En vez de un Cañete mordaz, incisivo, con buen humor y dispuesto a ridiculizar el discurso hueco y la falta de ideas de su rival, apareció un Cañete asustadizo, con dificultades de expresión, desganado al leer e incapaz de ofrecer un mensaje medianamente elaborado.

Salvando las distancias, este lance me trajo a la memoria el primer debate entre Ronald Reagan y Walter Mondale en la campaña de 1984. El normalmente carismático Reagan no tuvo su mejor día y se aferró a los datos y porcentajes proporcionados por sus asesores. El resultado fue un Reagan aburrido, confundido y desacertado. Por suerte, en el segundo debate corrigió sus errores y volvió a ser él mismo.

Cañete no tendrá una segunda oportunidad. Los dirigentes del PP ya deberían haber aprendido que en un debate hay que tratar de desarmar al contrario como sea y convencer a los votantes, sin que ello implique recurrir a los eslóganes o al sentimentalismo impostado de los socialistas, pero teniendo en cuenta que hace falta entrar en la refriega dejando a un lado los complejos y disparar andanadas continuamente.

No me explico, pues, cómo Cañete, teniendo a su disposición tantas frases antológicas de Valenciano, no usara ninguna para mofarse; o cómo no puso de manifiesto el fracaso del “modelo andaluz” que los socialistas pretenden exportar a Europa; o cómo permitió que la socialista le corrigiera (“No se dice discapacitado, sino persona con discapacidad”) y quedara sin réplica, cuando podría haber criticado los circunloquios que a nada conducen del lenguaje políticamente correcto, que cada vez nos atonta más (antes eran discapacitados en vez de disminuidos o minusválidos). 

Con todo, es muy osado concluir que la socialista venció, aun cuando le reconozco una soltura considerable para hacer propaganda de su bisutería progresista. El mayor problema para Cañete, en realidad, no vino durante el debate, sino después del mismo, al pronunciar la desafortunada frase que todos conocemos. Una frase de la que estoy seguro de que se arrepintió al segundo siguiente de haberla dicho. 

Y es que, a pesar de su extensa carrera política, no parece ser de los que llevan preparadas de antemano las respuestas a las preguntas que saben que necesariamente les van a plantear los periodistas, a fin de evitar deslices o comentarios torpes. 

En el PSOE están aprovechando bien el regalo de Cañete. No les dará la victoria, pero una ayuda siempre es bienvenida… El PP, en un momento tan delicado, no se ha pertrechado adecuadamente y ha vuelto a caer en las mismas trampas de siempre, algunas colocadas en su camino por asesores como Arriola. Parafraseando a Jesucristo en Johnny cogió su fusil (1971), es un partido con muy mala suerte y no tengo palabras.  

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