Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, mayo 04, 2014

EL COSTE DEL POPULISMO

Ayer noche, representantes de la pléyade de nuevos y pequeños partidos que concurren a las elecciones europeas tuvieron ocasión de explicar sus propuestas. Salvando a Vidal-Quadras y a ratos a Javier Nart, los espectadores presenciaron una perfecta colección de buhoneros que ofrecían bálsamos y ungüentos milagrosos, y que se centraron preferentemente en las grandes cuestiones que determinarán el futuro de la Unión Europea, esto es, los viajes en primera clase y los sueldos de los eurodiputados.

Pero el populismo no es privativo de los partidos surgidos recientemente. PSOE e IU se han abonado a él con entusiasmo, en tanto que el PP opta por insistir en un hueco discurso de recuperación económica, necesario pero insuficiente. 

Es natural que los mensajes de los demagogos calen hondamente en una ciudadanía enfadada con la clase política y las instituciones y que ha sufrido largos años de crisis. Cuando no se hace nada (o muy poco) por contrarrestar tales mensajes, entonces su éxito es total.

Y el problema es que el populismo acarrea costes. En primer lugar, supone vender a la opinión pública una mercancía barata, simple… y averiada. Cuando la realidad pone las cosas en su sitio, el vacío dejado por las expectativas lo ocupa la frustración. Igualmente, contribuye a confundir a la gente, a que crea en imposibles que entorpecen el triunfo de ideas solventes o serias. Por ejemplo, sostienen algunos que la Deuda pública se puede dejar impagada sin que ello tenga consecuencias. Es más, el inefable Elpidio propone destinar parte de lo que no se pague –la parte “debida a la corrupción”— a sanidad y educación. Nunca antes se evidenciaron con tanta crudeza las carencias de los jueces en materia de Derecho Financiero y Hacienda Pública.

Otro ejemplo es el de la energía nuclear y el petróleo. Es tan fuerte el populismo y la superstición en torno a estos asuntos que resulta casi impensable que en España pueda abrirse una nueva central nuclear o que sean explotados los pozos petrolíferos hallados, y si es posible será un proceso plagado de dificultades debido a la oposición del populacho, jaleado por ecologistas, politicastros y otros iluminados. 

Hay muchos más ejemplos: La educación y sanidad sólo necesitan más gasto público; es posible cambiar el modelo productivo apretando un botón; los ricos son todos malas personas y deben ser gravados con impuestos confiscatorios; en las fronteras de Ceuta y Melilla hay que sustituir a la Guardia Civil por azafatas (gracias, Octopusmagnificens); la corrupción se cura expandiendo aún más el sector público; y un largo etcétera. Esta sarta de imbecilidades, que en otra parte no serían sino desvaríos de charlatanes, aquí encuentra acogida en crecientes porciones de la población.  

El peligro real es que el PP, el único gran partido nacional que tiene España, se deje arrastrar por las corrientes populistas y renuncie a formular recetas alternativas o un discurso en contra del simplismo, la ética indolora y la sopa boba. En tal caso, triunfarían los aprendices de brujo que hoy aseveran que la política es sinónimo de magia. El resultado de semejantes conjuros es bien conocido, por supuesto. El aprendiz recibe su merecido, pero no sin antes haber traído el caos. Advertidos estamos.

6 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Pude ver parte de ese debate y coincido en que Javier Nart y Vidal-Quadras eran los únicos a los que se les podía tomar en serio. Los dos son ampulosos. Lo de Nart lo llevo mejor que lo de Vidal-Quadras, que no avanza en el discurso y aburre a las piedras por momentos.

De Pablo Iglesias qué te voy a contar. Es inteligente, con reflejos y capacidad de réplica. Le pierden la demagogia y el egocentrismo.

Elpidio Silva es una persona anormal. Vladimir Zhirinovsky lo diría así: "¡Mírale a los ojos! ¡Es un enfermo!".

El Espantapájaros dijo...

Dejando a un lado el contenido de sus ideas, que en absoluto comparto, ya he comentado con algún amigo que Pablo Iglesias posee buenas dotes de comunicador, a lo que se une la ventaja de no toparse con adversarios que utilicen los argumentos y formas adecuados. También es verdad que es fácil defender un programa maniqueo, sentimentalista y basado en la varita mágica del intervencionismo.

Excelente frase para definir a Elpidio. Creo --cada vez con más convencimiento-- que no está en sus cabales.

Néstor dijo...

El PSOE es una auténtica vergüenza como partido. Mientras el SPD alemán se niega a formar coalición con los comunistas, el PSOE no solo está abierto a aliarse con ese anacrónismo histórico sino que juega con ellos a ver quien es más demagogo y populista.

A tenor de esto: "y si es posible será un proceso plagado de dificultades debido a la oposición del populacho, jaleado por ecologistas, politicastros y otros iluminados."

Me remito a lo que escribí hace unos meses en mi blog: Como argumento demagógico está bien, pero con demagogia no se llevan a cabo grandes proyectos (...) ¿Hay que consultar decisiones de esta envergadura a los que hacen que la telebasura consiga los mejores indices de audiencia? ¿A los que se dejan seducir por los cantos de sirena del primer charlatán que se cruza en su camino? ¿Quién decidió que la opinión de gente que no ha leído un libro sobre economía o política en su vida ha de ser tenida en cuenta para tomar medidas en estos campos?

El Espantapájaros dijo...

La izquierda española está atrasada y es inexportable. Como es natural, IU y otros partidos extremistas condenan la coalición alemana.

El problema del PSOE al caer en ese juego es que, en su caso, tiene un corto recorrido. A radicalismo siempre le va a ganar IU y otros; y si abandona el centrismo ese espacio lo ocuparán otros, como UPyD. Pronto el PSOE dejará de tener sentido, si es que alguna vez lo tuvo.

Pude leer ese acertado escrito hace tiempo y lo suscribo. Los riesgos de la democracia participativa son muy elevados. Al escribir eso estaba pensando en lo que pasó con el ATC. Me tomé la molestia de consultar con un experto qué clase de medidas de seguridad tendría el almacén. Como era de esperar, los riesgos eran mínimos, despreciables. Pero en la calle se impuso la superstición y se produjeron protestas que perduran a día de hoy.

Con el petróleo está ocurriendo lo mismo. La postura de la izquierda es: 1) el turismo y los servicios son malos y queremos reindustrialización; 2) pero si se trata de petróleo salimos corriendo y 3) entonces el turismo es lo más importante y debe ser preservado de un riesgo inexistente.

octopusmagnificens dijo...

No deja de hacerme gracia cómo los socialistas y comunistas se quejan del precio de la energía y, al tiempo, se niegan a incrementar la oferta. Por cierto, Rubalcaba está notable en este debate con Pablo Iglesias: Rubalcaba con Pablo Iglesias

El Espantapájaros dijo...

No me gustan los tartamudeos y gestos de Rubalcaba, pero su postura y argumentos los encuentro impecables. Es reconfortante descubrir que no todo está perdido en el PSOE.