Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 27, 2014

LAS TRIBULACIONES DEL JUEZ ELPIDIO

Apeado Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional, el progresismo patrio necesitaba un juez que encarnara su peculiar modo de entender la Justicia, esto es, que los tribunales actúen como una especie de checa al servicio de una ideología y no de la ley. El juez Elpidio José Silva ha ocupado el vacío dejado por Garzón con singular éxito, ganándose la aclamación de los progresistas, aunque corre el riesgo de terminar su carrera condenado por prevaricación, igual que el añorado juez campeador.

No albergo ninguna simpatía hacia Blesa, pero resulta palmario que la instrucción de Elpidio fue harto irregular: en lugar de aplicar el Derecho al caso concreto, parecía obsesionado con enviar al cajero a prisión provisional al precio que fuese, aun cuando su competencia para ello era dudosa. Actuaciones como la suya acaban beneficiando al imputado, que puede presentarse ante el público como víctima, y, como es obvio, impiden que la instrucción se desarrolle correctamente y suministran munición a la defensa. 

Tras ser suspendido, Elpidio se ha entretenido hablando mucho de su libro y, actualmente, es candidato a eurodiputado, pues ya cuenta con un pequeño partido con el que defender sus pequeñas ideas. El resumen de todo lo que expone Elpidio allí donde le llaman es que ha sido víctima de un sistema corrupto gobernado por oscuros poderes económicos y que, sin él, la Justicia ya no existe en España. Éste es el nivel. Elpidio bien podría reclamar para sí el excelente título en español de Death Wish II (1981): Yo  soy la Justicia

Pues bien, el esperpento ha continuado ante la sala del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que le está juzgando. En un intento por suspender el juicio, ha renunciando de forma fraudulenta a su letrado, Cándido Conde-Pumpido Varela --hijo del antiguo Fiscal General del Estado--, un simulacro de abogado que es más carne de plató de televisión que de otra cosa. Y, contagiado ya del virus de la política y del estrellato televisivo, ha convertido la sala en una auténtica ópera bufa. Por allí desfilan afectados por las preferentes insultando a Blesa, Cándido llega tarde porque estaba dando una entrevista… 

Elpidio se ha salido con la suya al lograr retrasar todo recusando a dos magistrados. A pesar de sus torticeras maniobras, está recibiendo el apoyo de la izquierda, que ve en él, como ya he dicho, un héroe justiciero. Cuando el enemigo es un amigo de Aznar, ¿cómo va a tener uno que sujetarse a las reglas del proceso? Piden para él lo mismo que para Garzón, carta blanca. 

Personajes como Elpidio, enloquecidos por mor del poder que les otorga el Estado de Derecho, hacen mucho daño a la Justicia, de la que se aprovechan para dar satisfacción a sus egos o intereses partidistas o para cimentar una carrera mediática o política. Lo deseable es que sea apartado de la carrera judicial y se dedique a impartir doctrina –que no Justicia-- únicamente desde los platós de La Sexta.