Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 06, 2014

IMPORTANCIA DE LAS ELECCIONES EUROPEAS

Las elecciones al Parlamento Europeo, además de no atraer mucha participación ciudadana, suelen ser interpretadas en clave puramente interna, como unos comicios sin muchas consecuencias en los que se aprueba o censura la gestión del Gobierno. Pero no debería ser así. Desde el Tratado de Lisboa, el Parlamento Europeo ha ganado en competencias y peso en la Unión Europea, y es determinante para la composición de la Comisión. Quiénes formen parte de esta última no es un asunto baladí.

Las instituciones europeas, hasta ahora, han tratado de embridar el gasto público de los Estados miembros, promoviendo la austeridad presupuestaria. Asimismo, se ha mantenido la independencia del Banco Central Europeo frente a los constantes llamamientos a que lleve a cabo una política monetaria expansiva. 

Ignoro si lo anterior puede cambiar en caso de una victoria socialdemócrata, pues los mercados no se dejan engañar fácilmente. Hollande, que antaño iba a salvar Europa con su apuesta por el crecimiento, hogaño promete recortes y disciplina en las cuentas públicas. 

De todos modos, la austeridad, en la práctica, ha sido más bien discreta, como ilustra el caso español, y si los apuros con la Deuda pública se han superado ha sido por las garantías del BCE, no tanto por la actuación de los gobiernos, aunque otros países han recortado más y mejor. 

Lo que España está presentando a Europa no es nada brillante, por lo que no es de esperar un debate de altura sobre el futuro de la Unión. Primero está el PSOE, que acude a las elecciones sin haber renovado ni ideas ni candidatos, con Elena Valenciano como cabeza de lista, una política de poco fuste, con graves deficiencias y un discurso enlatado que huele a caduco. López Aguilar, tan bufonesco como Valenciano, al menos poseía un fondo intelectual. 

El proyecto del PSOE se resume en la idea de exportar a Europa el ruinoso, fracasado modelo andaluz, lo que es de agradecer, ya que ahorra ulteriores comentarios: en un país serio, condenaría al ostracismo político a cualquiera.   

A la izquierda del PSOE, se encuentran IU y el chiringuito de Pablo Iglesias. Estas formaciones representan el antieuropeísmo –en versión española-- y están encaramadas en una demagogia furibunda y abyecta. 

En cuanto al PP, empeñado en negarse a sí mismo, carece aún de candidato, un síntoma de patética debilidad para un partido con mayoría absoluta y medios más que suficientes para hacerse oír. Los datos económicos alentadores deben difundirse y explicarse, pero no es lo único que cuenta. La incipiente recuperación está siendo utilizada a modo de salvavidas por un Gobierno al que le falta ambición en las reformas y en el discurso. 

Las elecciones europeas son más importantes de lo que pueda parecer a simple vista. Aun cayendo en el error de considerar sólo el escenario nacional, pueden ser el principio del fin de la hegemonía del PP, una situación plagada de incertidumbres en un instante especialmente delicado.

2 comentarios:

Néstor dijo...

La gente es bastante irresponsable en este sentido, pero prefiero una irresponsabilidad pasota y que no voten a que lo hagan por neonazis, neomarxistas o cualquier opción del abanico de demagogos baratos que presenta el euroescepticismo.

El Espantapájaros dijo...

Pienso lo mismo. Prefiero que haya una alta abstención con tal de que no se vote a tales partidos. No obstante, seguro que reciben cierto apoyo porque la desafección es real y han calado algunos mensajes equivocados.