Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, abril 13, 2014

EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL Y EL PRETENDIDO DERECHO A DECIDIR

El debate sobre el proceso separatista en Cataluña, si se centra la atención en la parte nacionalista, aparece absolutamente viciado. Cabalgan a lomos de un conjunto de falsedades, emociones cursis y propaganda de saldo, y por momentos diríase que ellos mismos están confusos, que no saben lo que quieren y cómo. En las intervenciones de Francesc Homs se aprecia la misma convicción que pondría el interfecto en la defensa de una colonia de hormigas. Artur Mas dice cada día una cosa distinta: salta del “marco legal” a la “declaración unilateral de independencia”, y de ahí a las “elecciones plebiscitarias”. 

Es imposible dialogar seriamente en estas condiciones, esto es, cuando uno de los interlocutores padece una enajenación mental grave. Un buen ejemplo de la falta de escrúpulos, demencia e impostura de los nacionalistas lo constituye la interpretación que han dado a la Sentencia del Tribunal Constitucional 42/2014, de 25 de marzo, que, según ellos, admite la constitucionalidad del derecho a decidir y abre un portillo a sus planes. Nada más lejos de la realidad, por supuesto.

De entrada, es llamativo que los nacionalistas, que inicialmente descalificaron al TC y negaron su legitimidad, se acojan a un pasaje de la sentencia citada para tratar de seguir engañando a la opinión pública. De esta manera, el TC solamente gozaría de autoridad cuando les da la razón. En este caso, como se verá enseguida, ni siquiera es así, pues los nacionalistas, en un estrambótico intento de manipulación, hacen decir al TC algo que no dice ni por asomo. 

La STC 42/2014 resuelve el recurso de inconstitucionalidad que presentó el Gobierno contra la resolución del Parlamento de Cataluña que atribuía una soberanía específica al pueblo catalán y proclamaba su derecho a  decidir. El Alto Tribunal, en un pronunciamiento aprobado por unanimidad, señala que la soberanía nacional, conforme al artículo 1.2 de la Constitución, reside con carácter exclusivo en el pueblo español, por lo que “a ningún otro sujeto u órgano del Estado o a ninguna fracción de ese pueblo puede un poder público atribuirle la cualidad de soberano”. En consecuencia, declara nula e inconstitucional la resolución enjuiciada en la parte en que se refiere al pueblo catalán como sujeto soberano (Fundamento Jurídico 3).

La opinión del TC es menos contundente en relación con el derecho a decidir. Buscando una interpretación ajustada a la Constitución, como es su deber, el TC considera que es “una aspiración política” que podría realizarse con sujeción al orden constitucional (ibidem). Más adelante, el TC sostiene lo siguiente: “El planteamiento de concepciones que pretendan modificar el fundamento mismo del orden constitucional tiene cabida en nuestro ordenamiento, siempre que no se prepare o defienda a través de una actividad que vulnere los principios democráticos, los derechos fundamentales o el resto de los mandatos constitucionales, y el intento de su consecución efectiva se realice en el marco de los procedimientos de reforma de la Constitución, pues el respeto a esos procedimientos es, siempre y en todo caso, inexcusable” (Fundamento Jurídico 4).

Todo lo anterior ya lo había dicho el TC en otras ocasiones y, en cualquier caso, se deriva con meridiana claridad de una Constitución que no es, como querrían algunos, papel inerte, sino una auténtica norma jurídica. Como tal, es obvio que puede reformarse… siguiendo los cauces en ella previstos. Lo cual es justo lo contrario de lo que plantean los nacionalistas.

El TC no reconoce ningún derecho a decidir ni avala las patrañas conceptuales del nacionalismo. Sólo conserva la referencia al derecho a decidir en tanto en cuanto no sea más que un desiderátum que debe materializarse dentro del orden constitucional, lo que supone respetar las reglas de juego establecidas. Por lo tanto, los nacionalistas están mintiendo una vez más y así lo denuncio.