Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 02, 2014

RUBALCABA Y LA IGUALDAD

Es propio de la izquierda recurrir al argumento de la desigualdad cuando la economía crece o se recupera. Los datos pueden ser alentadores, pero para aguarlos se denuncia un supuesto problema, el del aumento de las diferencias de renta y riqueza, como si se tratara de un resultado fácil de controlar, siendo realmente consecuencia del orden natural y espontáneo al que responde el mercado.  
 
Como no podía ser de otra manera, Rubalcaba ya se ha referido a la “apoteosis de la desigualdad”, de la cual culpa a las políticas del PP. Mientras el PSOE estaba en el poder, sin embargo, no le preocupaba en exceso, a juzgar por la escasa importancia que concedió al asunto cuando Rajoy, en el debate electoral de 2011, le restregó las cifras de desigualdad entre españoles. 
 
La izquierda no aprende, no evoluciona y no reconoce sus fallos, pues está anclada en dogmas de fe y planteamientos trasnochados no susceptibles de discusión. Pero es demostrable que perseguir la igualdad económica trae consigo, a lo sumo, igualdad en la pobreza. Buscar la igualdad es ineficiente y distorsiona el buen funcionamiento del mercado. Al final, se cumplen las acertadas palabras de Milton Friedman: “Una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad acabará sin igualdad ni libertad”.
 
La demagogia estomagante de Rubalcaba y los suyos es comprensible, habida cuenta de su falta de coraje. Es más fácil acusar al rico de todos los males que predicar el esfuerzo y la capacidad de superación entre los desfavorecidos. Y Rubalcaba es una veleta, un esclavo de los movimientos callejeros, un hombre incapaz de expresar una idea novedosa. Dirá lo que IU interprete como el sentir de la mayoría social (¿?) a la que afirma representar. 
 
No es lo mismo igualdad material que igualdad de oportunidades, que es un ideal al que se debe tender, fomentando la formación, la libre competencia y la cultura del mérito, o removiendo obstáculos que impiden a los más aptos destacar sobre los demás. A los individuos les interesa la promoción social y trabajarán duro si entienden que es posible alcanzar sus objetivos, lo que será beneficioso para todos. Por el contrario, la igualdad material e impuesta por los poderes públicos es un craso error, un cepo a la excelencia que condena a la sociedad al subdesarrollo y la mediocridad. “Si nuestra única oportunidad es la de ser iguales, no es una oportunidad”, señala, con razón, Margaret Thatcher.
 
A pesar de su caudalosa palabrería en favor de la igualdad, en el caso concreto e inmediato Rubalcaba la traiciona. No cree en la igualdad entre españoles. Para él, los catalanes poseen unos derechos históricos que les hacen acreedores de una mejor posición que el resto. De acuerdo con esta concepción, transmitida por los separatistas, está deseando arrodillarse ante Artur Mas y ofrecerle un texto constitucional a medida de sus quimeras. 
 
La igualdad jurídica es la importa de verdad. España es una nación de ciudadanos libres e iguales, por lo que no es aceptable que unos territorios gocen de una posición privilegiada gracias a esos derechos históricos, que son evanescentes y discutibles. Rubalcaba, al mismo tiempo que reivindica la igualdad en el Parlamento, defiende las diferencias legales, incurriendo en una elemental contradicción.

3 comentarios:

Néstor dijo...

He aquí la "lógica" tras el pensamiento igualitario: https://pbs.twimg.com/media/BX-KZEDCQAAzrDp.jpg:large

Personalmente creo que combatir el igualitarismo desde un sistema político que se basa en el sufragio universal (o sea, en el propio igualitarismo) es jugar con las cartas marcadas. Los dispuestos a tragarse argumentos demagógicos (sean los de Rubalcaba o los de los Grillo y las Le Pen que se van a multiplicar en la próxima legislatura europea) siempre serán más que los realistas. Sus disparates solo pueden caer por su propio peso con el tiempo, no porque entren en razón y prevean la catástrofe.

El Espantapájaros dijo...

Como muestra la imagen, la naturaleza no se basa en la igualdad, sino en la desigualdad, y tratar de instaurar el igualitarismo es un modo de cercenar las expectativas de los mejores y generar conformismo en los mediocres.

Pero ya se sabe que los socialistas son expertos en repartir miseria equitativamente y que prefieren que haya pobres antes que ricos.

Respecto a la democracia, es difícil dar marcha atrás al sufragio universal. La única solución es tratar de combatir el populismo y los acercamientos a formas de democracia directa. Por lo demás, el mercado, aun intervenido, suele poner a cada uno en su sitio, y está claro que los países que se entreguen a los protectores brazos de papá Estado y se olviden de competir serán los que fracasen el día de mañana.

octopusmagnificens dijo...

Desigualdad = prosperidad.