Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, marzo 16, 2014

LOS SABIOS DEBEN SER, AL MENOS, OÍDOS

El Informe de la Comisión de Expertos para la Reforma del Sistema Tributario Español está suscitando, como era de prever, una enorme controversia. En él se pueden encontrar buenas ideas, otras discutibles y unas cuantas de aplicación difícil o imposible. Hay que tener en cuenta que toda reforma fiscal que se emprenda ahora estará constreñida por los objetivos de déficit y el temor del Ministerio de Hacienda a que caigan los ingresos públicos. Por ello, los márgenes son estrechos: ab initio se trabajó con la limitación de no sacrificar los niveles de recaudación actuales.
 
No voy a analizar el documento, sino a defender a los expertos de las críticas que sobre ellos ha vertido la izquierda y sindicatos. Todos los componentes de la comisión, empezando por su presidente, Manuel Lagares, son profesionales de prestigio y grandes conocedores de la economía y de la Hacienda Pública. Descalificar de plano sus propuestas y recomendaciones sobre la base de prejuicios ideológicos, cerrazón intelectual y consideraciones ad hominem es un error y un insulto al extraordinario trabajo realizado, por el cual los expertos no han percibido remuneración. 
 
Así pues, Llamazares, Cayo Lara, Tocho y Méndez se retratan cuando hablan de “sesgo ideológico” o “sabios de parte” simplemente porque el Informe está muy lejos de su discurso simplista, populista, en el que sólo caben impuestos más altos y lucha contra el fraude fiscal, sin dar más detalles. Nunca pasan eslogan. Afortunadamente, el Informe también ha recibo réplicas bien argumentadas, no sólo escupitajos progresistas. 
 
Aunque únicamente se tome como punto de partida para la reforma y no se lleven a la práctica la mayoría de propuestas, este documento alberga un indudable valor. Su contenido --sesudo, meditado, bien nutrido de datos y apuntes cargados de razón-- debe ser objeto de estudio sosegado y servir para enriquecer el debate político, que ya se sabe que ignora a veces las opiniones de los sabios, pues son difíciles de asumir para los que se guían por las encuestas. 

Valga el Informe, también, para constatar la complejidad de la reforma del sistema tributario en el marco de un Estado autonómico en el que nadie quiere que se vean afectadas sus competencias. Como he dicho otras veces, las reformas de calado en España son más difíciles de lo normal debido a la existencia de las Comunidades Autónomas. Lo cual no significa que quite la razón a Salvador Victoria cuando sostiene que los cambios propuestos en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones perjudicarían de forma injusta a los contribuyentes madrileños. 
 
Queda un largo trecho para que la reforma se materialice. En el ínterin, espero y deseo que las opiniones que se impongan sean aquellas mejor fundadas, como las de Lagares (o la de sus detractores informados), y no las propias del cálculo político cortoplacista y miope.