Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, febrero 16, 2014

LAS SERIES QUE ME INFLUYERON (I)

Quienes nacimos allá por el final de los ochenta asistimos al esplendor de una era dorada de series de televisión infantiles y juveniles que se mantuvo viva durante casi toda nuestra infancia. Hoy existen Internet y canales especializados, por lo que la variedad está garantizada, pero las producciones, a excepción de la animación japonesa, son menos atractivas e inclusive pobres. Además, tengo la impresión de que en el pasado el mundo entero conspiraba para que los niños se enganchasen a determinadas series, y las modas eran masivas. En la actualidad, los niños ya no son una prioridad para los canales de televisión generalistas y las series infantiles carecen de un seguimiento fanático u obsesivo.
 
En el presente escrito y en el de la semana que viene pasaré revista a distintas series de mi boyhood que, de algún modo, me influenciaron. La lista no es exhaustiva, es decir, no están recogidas todas las series que veía. El año que aparece entre paréntesis es el del inicio de la emisión en su país de origen.
 
Iniciando el recorrido por la primera infancia, la lista empieza con D’ Artacan y los tres mosqueperros (1982). Es revelador que una de mis series más queridas, de la que era un apasionado espectador, estuviese coproducida entre España y Japón, dada mi inveterada querencia por el anime. Los entrañables mosqueperros seguían conservando una bien merecida fama a principios de los noventa y se vendían muñecos, cromos… Había una clara intención educativa en esta serie, no sólo aventuras de capa y espada, y, siendo un monárquico confeso, me reconozco ya en aquellos tiempos como un admirador de quienes se dedicaban a proteger al monarca de las asechanzas de los villanos. 
 
De forma mucho más vaga recuerdo El bombero Sam (1985), aunque sé que me encantaba. Solía dibujar camiones de bombero tomando como modelo los de la serie. El hecho de que tuviese grabado en vídeo un capítulo que llegué a memorizar determinó que mi mente lo registrase como el único visto.  
 
También veía con frecuencia Muppet Babies (1984), de la que destaco su calidad y el que mezclara dibujos con escenas extraídas de películas. Enseñaba a jugar con la imaginación y, por consiguiente, a no aburrirse cuando los juguetes o compinches no estaban cerca. Mi personaje favorito era Rufo (Baby Rowlf en el original). ¡Sentía devoción por aquel perro que tocaba el piano! Y lloré con el capítulo en el que  Camila, la pollita (sic) de Gonzo, se rajaba. Desde entonces, nunca traté mal a un juguete. 
 
Como es obvio, Dragon Ball (1986) y Dragon Ball Z (1989) estuvieron muy presentes en mi infancia. Creo que viví su punto álgido en España: puedo certificar que el mítico anime de Akira Toriyama arrasaba. El problema para los que aún éramos muy pequeños era la dificultad para seguir la serie día a día, si bien supongo que no éramos muy exigentes con la continuidad. De todos modos, es la única serie que me ha acompañado ininterrumpidamente desde esos días lejanos hasta la actualidad y me la sé de memoria. Cuando apareció Raditz, me entró el miedo de que la Tierra fuese destruida por alguna fuerza alienígena. 
 
La verdad es que echaban anime muy bueno. Muchos disfrutamos de Las aventuras de Fly (1991), serie de estética similar a Dragon Ball, aunque en absoluto una copia, y de Campeones: Oliver y Benji (1983), que veía regularmente, a pesar de que nunca aprendí a jugar ni medianamente bien al fútbol. Por supuesto, citaré también Doraemon (1979) y la pícara Chicho Terremoto (1981).
 
Mi serie preferida durante muchos años fue Las tortugas ninja (1987), que contenía las mejores y más efectistas esencias de los ochenta –aventura desenfadada, falta de complejos, imaginación a raudales, personajes carismáticos--, junto con una cierta veta japonesa. Por su éxito, duración y miscelánea de tramas y personajes disparatados es seguro que jugó un papel determinante en mi formación pulp. El copioso merchandising que generó la serie hizo las delicias de los infantes, siempre ávidos de consumir. Eran juguetes con personalidad, muy originales y bien hechos, no como las simplezas que se venden ahora.  
 
Las tortugas ninja se emitía a la hora de comer, algo bien enojoso, porque más de una vez tuve que regresar al colegio dejando el capítulo a medias, sin que hubiese página de Internet o reposición inmediata que lo remediara. 
 
En cuanto a series de acción real, he de nombrar El Equipo A (1983) y Los vigilantes de la playa (1989). ¡Y es que las buenas series americanas no son un invento actual!

3 comentarios:

Néstor dijo...

Yo también nací a finales de los 80 y vi muchas de esas series, pero la que recuerdo con más cariño es "Married... With Children". El verano pasado volví a ver unos cuantos capítulos descargados de la red y me sorprendió la incorreción política que reinaba en ella. Hoy sería impensable una sitcom en la que un hombre blanco heterosexual pudiera burlarse de todo y de todos.

Se debería utilizar algún capítulo en clases de historia para explicar cómo el mundo Occidental se ha ido convirtiendo poco a poco en una sociedad absurda en las últimas décadas. Ese en el que Al da una paliza a un ladrón, luego este le demanda por dejarle traumatizado para seguir ejerciendo su "profesión" y gana el juicio no tiene desperdicio; cosas más surrealistas se ven en la vida real.

octopusmagnificens dijo...

De las que mencionas, me enganché a Dragon Ball Z. Disfruté mucho las sagas de Freezer y Célula.

El Espantapájaros dijo...

Néstor:

Una buena serie. También creo que ahora la dictadura de lo políticamente correcto obstaculizaría muchos de los desacomplejados productos que se hicieron en los ochenta.

Octopus:

La saga de Célula fue, para mí, la mejor de todas, aunque Freezer tenía la ventaja de disponer de todo un ejército y una leyenda sangrienta a sus espaldas.