Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, enero 12, 2014

POR UNAS FUERZAS ARMADAS CAPACES DE DEFENDER ESPAÑA

Como suele ocurrir, lo que acaparó la atención del público en la intervención del Rey en la pasada Pascua Militar fue lo anecdótico (sus dificultades pasajeras para leer el texto) y no el mensaje de fondo, que no era otro que destacar el esfuerzo que están realizando los militares para mantener las capacidades en un escenario económico adverso. No es problema nimio el de la operatividad de las Fuerzas Armadas, aunque mucha gente --feliz en su ingenuidad o en su odio a la milicia-- se empeñe en verlo así. 
 
El Ministerio de Defensa ha perdido un tercio de su presupuesto desde 2008, contando con tan sólo 5745 millones para 2014. Lo exiguo de estas cifras ha obligado a que se adopte un plan por el cual sólo un 10% de los efectivos totales (123.000) esté plenamente operativo, según informó El País. El futuro está en la tecnología y el armamento, siendo cada vez menos relevante el número de soldados; pero, aun así, inquieta que los políticos despachen este asunto con excesiva ligereza.  
 
Un gran tópico de la crisis ha consistido en que, una vez admitida la necesidad de recortar el gasto público, había que reducir los gastos de defensa para no tocar otros, más esenciales en un Estado de Bienestar. Aunque así ha sido en la práctica, a tenor de los datos, la reclamación no ha perdido fuerza y sale a relucir a poco que se converse con un progresista algo informado. 
 
Desde hace tiempo, los progresistas y otros incautos dudan de la necesidad de las Fuerzas Armadas. Tienen fe en un futuro de cooperación internacional y resolución pacífica de los conflictos, sin que exista ningún indicio medianamente sólido, por descontado, de que tal visión tenga visos de hacerse realidad. Es al revés, pues las amenazas a la seguridad de los países occidentales crecen cada día. Aparte del terrorismo musulmán, están las potencias emergentes, que se preocupan, muy prioritariamente, de incrementar su poderío militar.
 
España no puede permanecer ajena a este panorama. La integración en la UE y en la OTAN no libera de la obligación de disponer de un ejército funcional, pues la defensa común exige que todos participen. Y, por si alguien pretende ignorarlo, España es un país con un vecino del sur que codicia varios de sus territorios y con importantes enemigos internos, los nacionalismos, embarcados actualmente en una carrera hacia la ruptura de su unidad. 
 
Un Estado necesita un ejército a fin de garantizar su soberanía. De ahí que los separatistas no descarten crear un ejército catalán en caso de que la quimera de una Cataluña independiente se materializara. Aun sabiendo a ciencia cierta que ese improbable nuevo Estado no tendría un euro en sus arcas, no se ha dejado de plantear tal posibilidad. Porque para el Estado sigue siendo vital la fuerza militar con la que proteger la seguridad y libertad de sus ciudadanos y su integridad territorial. 
 
Por todo lo anterior, me sumo al mensaje de ánimo que el Rey envía a las Fuerzas Armadas en estos momentos de estrecheces, en el buen entendido de que esa falta de recursos no debe ser la nota dominante en el largo plazo.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Suscribo que el futuro está en la tecnología y rechazo el "desarme unilateral" que preconizan algunos, pocos, progresistas. Para ser franco, en el pasado percibía un mayor sentimiento antimilitarista, o una mayor demagogia contra los gastos en defensa. La de todos, que diría un progresista.

El Espantapájaros dijo...

Puede que ahora se haya atemperado el antimilitarismo, pero hay rebrotes. Cuando estábamos en la fase de la crisis en la que ya era difícil discutir la necesidad de disminuir el gasto, varias veces me topé con la afirmación de que había que reducir los gastos en defensa... que ya se estaban reduciendo.