Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, enero 26, 2014

¿EN QUÉ SE QUEDÓ LA REVOLUCIÓN?

En un barrio de Burgos cuyo nombre no merece ser recordado, una revuelta callejera --en la que han participado de consuno vecinos indignados y los inevitables antisistema-- ha enterrado un proyecto de bulevar ya aprobado y en ejecución, obligando a un medroso alcalde a rectificar en aras de la paz social.
 
Poco o ningún porvenir auguro a la paz la paz social si se conceden victorias a los violentos. Lo acontecido en el infausto barrio burgalés sienta un precedente peligroso, aunque no vaya a ser necesariamente el preludio de la revolución española, tal y como se han lanzado a anunciar, con indisimulado contento, los botarates de IU. Por ahora, no ha habido toma del Palacio de Invierno y en Madrid se respira orden en las calles.
 
Las causas detrás de este (reducido) estallido social son múltiples, una mezcla entre el malestar ciudadano tras años de crisis y sacrificios, la desconfianza hacia instituciones y empresarios, la percepción generalizada de corrupción… Posiblemente había demandas de los vecinos dignas de atención, y es seguro que los responsables municipales deberían haberse esforzado más en explicar el proyecto (incluido, por otra parte, en el programa electoral con que el PP ganó las elecciones en Burgos). Mas, desde el instante en que la protesta legítima derivó en algarada, ceder ya no era una opción. Bajo el  pretexto del enfado del pueblo se camuflan demasiados atropellos y, lo que es más grave, intentos de alterar lo que las urnas determinaron.  
 
El PP prontamente se vio privado de todo apoyo de la oposición, que, a excepción de UPyD, corrió a la calle a unirse a los bárbaros, como viene siendo habitual en IU y su patético imitador, un PSOE que ya no interesa a nadie. Emergió la izquierda bulevar, imitación de la izquierda bolivariana, decidida a que los vecinos conservaran su barrio en perfecto estado de putrefacción. Y eso a pesar de que sus programas electorales de 2011 contenían proyectos similares y aún más ambiciosos. Será que en IU al fin han superado aquel lema tan tajante como absurdo de Anguita: “Programa, programa, programa”. 
 
La izquierda bulevar, según explicó Santiago González, recurrió a la falacia económica: “El bulevar costará ocho millones de euros mientras la guardería de Gamonal amenaza de cierre por falta de 13.000 euros. Los destrozos causados por los manifestantes en cuatro noches equivalen al cierre de  cuatro guarderías”. No importa, ellos siguen felices por el triunfo del pueblo, que ha conseguido torcer la voluntad de la mayoría absoluta del PP…, otorgada por el pueblo, pero uno que no cuenta, pues acude a las urnas en lugar de apedrear bancos o pintarrajear consignas proetarras.
 
Interesa aclarar que un barrio forma parte de algo más amplio, no es un reducto privado o feudo de los vecinos en el que ellos deciden a su antojo lo que se hace y lo que no. Ese bulevar no sólo iba a beneficiar o perjudicar al barrio revolucionario, sino a la ciudad entera, y por eso se puede concluir que, en última instancia, lo que ha aplaudido y apoyado la izquierda bulevar es la privatización de un espacio público, impidiendo que los representantes democráticamente elegidos llevaran a cabo sus decisiones. Intereses particulares que se sobreponen a los generales de la ciudad.
 
Nunca he sido persona de las que exaltan la pertenencia a un barrio, sustitutivo urbano del apego al terruño pueblerino. Hay una espantosa película española, Barrio (1998), un deprimente alegato de determinismo social. Desde que la vi, miré con desconfianza el influjo negativo de los barrios. Ojalá no cunda el mal ejemplo burgalés y siga reinando el imperio de la ley.

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