Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 28, 2014

LA (NO) CONVERSIÓN DE PABLO

Como ya he expuesto en ocasiones anteriores, creo que el voto a Podemos está basado en el rencor y en el revanchismo. No se trata de construir algo mejor, sino de destruirlo todo y que nadie se salve de mendigar entre los escombros. Es asombroso, por ello, que muchos traten de justificar el travestismo de Pablo Iglesias y la cúpula de Podemos, que ahora se venden como aseados socialdemócratas escandinavos cuando en fechas no muy lejanas estaban asesorando a Chávez, alabando a Lenin y boicoteando a Rosa Díez.

La evolución política es una realidad, sin la menor duda. Hay partidos y líderes que sufren una evolución comprensible, casi natural. Ejemplos serían el Partido Laborista bajo el liderazgo de Tony Blair o el PSOE cuando abandonó el marxismo. Es una transformación lenta, acompañada de discusiones internas y cuyos motivos no son exclusivamente electoralistas. La de Podemos, por lo tanto, no me parece ni real ni honesta. Que el Pablo de Iglesias de 2014 no se reconozca en el de 2013 no se debe a un proceso de reflexión meditado y madurado, sino a razones electorales puras y duras. Sólo Saulo de Tarso experimentó un cambio tan inopinado, merced a un hecho sobrenatural que no concurre en este caso.

Hay quien se engaña a sí mismo –o intenta hacer lo propio con los demás-- comparando a Podemos con el PSOE de 1982, que pese a los temores que causaba antes de llegar al poder ejerció éste sin caer en extremismos. Es un paralelismo absurdo. Pablo Iglesias no es ni de lejos Felipe González. Pero la mayor diferencia reside en las tendencias de la época. En aquel entonces, ya aceptada la reforma en vez de la ruptura, había que ganarse el centro. Un nuevo sistema echaba andar y se dirigía a la Unión Europea. Hoy las cosas son muy distintas. El sistema está en crisis, la Constitución y los años de la transición son cuestionados y a Podemos le encantaría abandonar la Unión Europea. Así pues, comparar a Podemos con ese viejo PSOE bien responde a un profundo desconocimiento del pasado, bien a motivaciones arteras. 

Aún más lastimosos resultan los que creen bobamente que Podemos defiende algo parecido al modelo escandinavo, al que identifican con un Estado de Bienestar sumamente generoso… y ya. Lo cierto es que en esos países existe una fuerte imposición indirecta y en ellos se han abordado reformas de sus servicios públicos que aquí espantarían a cualquier acólito de Podemos. En Suecia hay copago sanitario, en Finlandia el gasto público por alumno es menor que en España… ¿Eso lo cuentan en las tertulias?

Por otra parte, carece de credibilidad que Iglesias y sus apóstoles, que ha bebido del ejemplo bolivariano y militado en la extrema izquierda desde su juventud, renuncien de verdad a su auténtica ideología y abracen unas políticas que ni conocen ni respetan, y que sólo usan para camuflar su radicalismo y atraer votos moderados e ingenuos.

Es tan improbable que Pablo Iglesias funde aquí una nueva Suecia como que de su ciénaga Somosaguas emerja algún día un Premio Nobel. En consecuencia, conmino a sus seguidores a que sean más sinceros y presenten a Podemos como lo que es, un trasnochado partido comunista que intenta tapar sus vergüenzas con lo primero que ha encontrado en la alacena.

jueves, diciembre 25, 2014

MENSAJE DE NAVIDAD

 

Como no podía ser de otra manera en estas fechas, quiero desear a mis lectores una Feliz Navidad y un 2015 venturoso. Que en el año próximo tengamos la fuerza necesaria para superar los obstáculos que vienen y espantar los peores nubarrones.

domingo, diciembre 21, 2014

EVITAR LA CAÍDA

De tanto en tanto, los enemigos de la sociedad abierta obtienen pequeñas victorias que causan honda inquietud. Esta semana Sony canceló el estreno de The Interview después de que un grupo de piratas informáticos norcoreanos –dirigidos, según el FBI, por el régimen comunista-- amenazara a las salas que la estrenaran. 

Creo en la libertad de empresa. Sony y las salas de cine son libres para tomar las decisiones que más convengan a sus intereses. Por el contrario, el Estado no es libre para no actuar en un caso como éste. Le corresponde el deber de proteger a sus ciudadanos y empresas. No puede permanecer pasivo mientras una tiranía comunista impone su parecer y daña seriamente la libertad de expresión en general, así como las cuentas de Sony.

Por ahora, la Casa Blanca se ha limitado a anunciar que habrá respuesta. Ignoro cuál será su alcance. Bajo el sistema imperante en el siglo XIX, Pionyang habría sido bombardeada. Gunboat diplomacy. Eso no sucederá, pero igualmente espero y deseo una represalia contundente. 

Estados Unidos es el baluarte de Occidente. Un baluarte, desgraciadamente, ya agrietado. Si bien Obama no sólo ha cosechado fracasos en política exterior y seguridad, últimamente parece empeñado en no alzar mucho la voz. Estados Unidos, en apariencia, es hoy más débil que con George Bush al frente. A lo mejor su incapacidad no es real, sino tan sólo inducida por la falta de voluntad o cobardía de un Presidente cada vez más cuestionado. Que Corea del Norte se saliera con la suya sin consecuencias acentuaría la imagen de postración, para regocijo de los que se han juramentado para aniquilar Occidente. 

La política más acertada es la adoptada en los ochenta por Ronald Reagan: “We maintain the peace through our strength; weakness only invites aggression”. El apaciguamiento no funciona. Si Occidente no se da cuenta de que la única forma de mantener en última instancia sus libertades, prosperidad y modo de vida es la fuerza de las armas, será su perdición. 

La batalla empieza en el ámbito doméstico. El gasto militar debe ser incrementado, aunque sea impopular, y los políticos tienen que persuadir a la opinión pública de que es necesario y de que renunciar al instrumento militar en las relaciones internacionales es una majadería propia de una sociedad acomodada y decadente como la occidental. “Cada vez está más cerca el día en que renunciaremos a todos nuestros sacrosantos derechos a cambio no ya de sobrevivir, sino de evitar un peligro”, ha escrito Hermann Tertsch

Roma cayó por la acción de los bárbaros, pero presupuesto de ello fue su corrupción interna, la miopía de sus líderes y la pérdida de las virtudes tradicionales. Hoy, Europa siente la proximidad de los bárbaros, dentro y fuera. Partidos como Podemos o Syriza entregarían la llave de nuestras murallas al Estado Islámico sin dudarlo un segundo. Es tiempo de hablar con claridad.

domingo, diciembre 14, 2014

¿DE VERDAD HA TERMINADO LA CRISIS?

Produce gran estupor que los mismos que negaron la crisis en 2008 rechacen ahora toda evidencia de recuperación. Mientras no se reconcilie con la realidad, difícilmente podrá el PSOE ganar elecciones. De la extrema izquierda no hablo porque su reino pertenece ineluctablemente a la fantasía.

Es posible que Mariano Rajoy esté siendo muy enfático en sus mensajes, que rebosan de un optimismo que no todos pueden compartir. El año electoral se acerca y hay que animar el discurso. En todo caso, los datos avalan parte de ese optimismo. Previsiones como la de Funcas señalan que España crecerá más del 2% en 2015. Hay recuperación, pero lo más acertado sería precisar que la hay a pesar del Gobierno y sus políticas.

Porque, en rigor, el Gobierno ha llevado a cabo reformas claramente insuficientes y ha moderado sólo ligeramente el gasto público. La Deuda pública, que sigue al alza, se está financiando a tipos menores gracias al manto protector extendido por Draghi, no a la confianza en la solvencia del Reino de España. A pesar de que Rajoy dice que en el exterior alaban su programa reformista, Bruselas está recomendando nuevos ajustes y reformas sin que el Gobierno se dé por aludido.

La recuperación es frágil. Hasta que cuaje, debería imponerse la cautela y una actitud más decidida frente a las amenazas capaces de abortarla. Cataluña es una de ellas, junto con Podemos. La reacción de los mercados ante la posibilidad de que Syriza gane las elecciones en Grecia muestra bien a las claras que los populismos –aupados por la estupidez de la gente-- no salen gratis.

Muchos nacionalistas preferirían una Cataluña independiente, aunque más pobre, con tal de cumplir sus sueños. En cuanto a Podemos y sus votantes, están afectados de lo que Joaquín Leguina ha denominado certeramente el Síndrome de Sansón. Al igual que el personaje bíblico cuando derribó el templo, sacrificándose para matar a los filisteos, proclaman: “¡Muera yo con los filisteos!”. No atienden a razones o argumentos, y les importa poco que su programa no sea viable, porque su objetivo no es la estabilidad o el crecimiento económico. Ellos quieren gobernar sobre una España arruinada y fragmentada y multiplicar el número de pobres, que es lo mismo que multiplicar su clientela. Su acción política no se dirige a que el ciudadano tenga más dinero en el bolsillo, sino a alimentar rencores, revanchismo, envidias y bajas pasiones en general. En este sentido, obrar como Sansón es la única salida. 

Ya que el Gobierno del PP ha defraudado las expectativas creadas en 2011, al menos debería esforzarse en conjurar las amenazas aquí reseñadas y en convencer a la opinión pública de que hay mucho que perder si la recuperación no se consolida. 

Y al PSOE y sindicatos les exijo que hablen con más propiedad de empleo precario, el mantra con el que tratan de aguar la fiesta del Gobierno. Los contratos temporales son muchas veces la antesala del contrato indefinido y permiten ganar experiencia en tanto surge una mejor oportunidad. Además, ¿cuál es la alternativa socialista? Imagino que subsidios, sopa boba y clientelismo a la andaluza.

domingo, diciembre 07, 2014

PELÍCULAS QUE ESTARÁN EN EL OJO DEL HURACÁN

Mi admirado José Viruete utiliza el neologismo “mitoplasta” para referirse a esos guardianes de la pureza e integridad de series y películas míticas que cargan sistemática y cerrilmente contra cualquier revisión o adaptación a los tiempos modernos. No toleran que se pervierta el producto original y, llevados por la ira, exigen que se castigue a los que han profanado sus preciados mitos.

Aunque ha habido muchos remakes prescindibles (el Robocop de 2014) o harto desafortunados (el Conan el Bárbaro de 2011), soy partidario de que impere la libertad creativa y, ante todo, la ley de la oferta y la demanda. A posteriori, el resultado podrá ser criticado, naturalmente, pero rechazo el fanatismo. Y, por qué no decirlo, en ocasiones ese resultado es excelente, como ha sucedido con El amanecer del planeta de los simios (2014).

En un corto espacio de tiempo se han dado a conocer los primeros anuncios de varias películas que bien podrían convertirse en el blanco de las iras de los mitoplastas, que ya han encendido las teas. 

El primero es el de Jurassic World, que se estrenará a mediados de 2015. Esta película hará realidad el sueño nunca cumplido de John Hammond, es decir, el parque abierto y repleto de visitantes, algo novedoso en la saga. 

Ya ha habido quien se ha quejado de que los velociraptores no luzcan plumaje, de que el ¿mosasaurio? devore un tiburón blanco (porque está en peligro de extinción) y de que parte fundamental de la trama vaya a recaer en un dinosaurio híbrido. Si las anteriores películas no fueron documentales ni lo pretendían, ¿por qué habría de serlo ésta? Hay gente a la que es imposible contentar. 

Para mí, Jurassic Park (1993) es difícilmente superable, aparte de que marcó un hito en los efectos especiales que es irrepetible; pero, a la luz de los elementos de juicio de que dispongo, considero que Jurassic World será una digna sucesora y renovará la ilusión por los dinosaurios en las nuevas generaciones. 

También se ha estrenado un mínimo avance de Star Wars: The Force Awakens. Apenas da pistas sobre el argumento o personajes, se limita a ser un aperitivo eficaz. La crítica más repetida atañe al ya famoso mandoble de luz que porta el que parece ser el villano. No obstante, los mitoplastas están siendo condescendientes, pues ven en esta película la forma de redimir los crímenes perpetrados por George Lucas en la trilogía moderna. 

Por último, y como fiel seguidor de Arnold Schwarzenegger, debo  mencionar Terminator Genisys. Un decepcionado Octopusmagnificens ha calificado el trailer de “embarazoso”. En este caso, no hay mitoplastismo de por medio, ya que él mismo se declara abierto a reinterpretaciones, sino el acertado diagnóstico de que el argumento --nuevo viaje al pasado con la intención de salvar a la familia Connor-- está ya muy sobado.

Es obvio que así es, y probablemente esta nueva película tenga poco o nada que aportar. Pese a ello, intentaré disfrutar del Arnold canoso que se lanza de cabeza contra un helicóptero. Creo que eso no empaña las películas originales y los buenos recuerdos que tengo de ellas.

domingo, noviembre 30, 2014

A VUELTAS CON EL 135

Tras la reforma de 2011, el artículo 135 de la Constitución establece que todas las Administraciones Públicas adecuarán sus actuaciones al principio de estabilidad presupuestaria y que el volumen de Deuda pública en relación con el PIB no podrá superar el valor de referencia que marque el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Asimismo, introduce la prioridad absoluta en el pago de los intereses y el capital de la Deuda pública. 

Dicho artículo, siguiendo el mandato constitucional, ha sido desarrollado por la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, donde se regula la fijación de los objetivos, la instrumentación de los diversos principios y los mecanismos preventivos, correctivos y coercitivos que garantizan su efectividad.

La obsesión de la izquierda con este precepto roza el ridículo y la paranoia, siendo su mayor deseo suprimirlo, al entender que es una especie de dogma neoliberal. En el fondo, el artículo 135 es un baño de realidad inasumible para los que viven de engañar al electorado con paraísos a coste cero. Los problemas de financiación del sector público y la necesidad de realizar ajustes presupuestarios son reales, no van a desaparecer derogando el 135, de la misma manera que el dinero no va a crecer en los árboles a golpe de lemas pintarrajeados en un cartón. 

El PSOE ha mantenido una relación atormentada con este artículo, reformado apresuradamente (la improvisada tramitación es el mayor defecto que achacar a la reforma) a iniciativa del Gobierno de Zapatero. Ya Rubalcaba, a pesar del pacto entre PP y PSOE, se negó a apoyar la LOEPSF. Y esta semana Pedro Sánchez, que no deja de sorprender con sus ocurrencias, ha planteado una nueva reforma para completar el 135 con una mención a la financiación del Estado de Bienestar, que debe quedar blindada (¿?). Tal vez Sánchez crea que un texto constitucional puede obrar milagros, aunque, a mi juicio, lo que está detrás de este debate es la intención de vaciar de contenido y reducir a pura retórica el 135 y, sobre todo, su desarrollo legal, y todo a fin de satisfacer las urgencias electorales del PSOE, al que propios y extraños acusan de haber cometido un pecado gravísimo en 2011. 

Un cambio constitucional cuando no ha transcurrido ni un lustro desde el anterior, así como la derogación o modificación de la LOEPSF --un texto legal alabado por su calidad técnica--, constituiría un error que no perdonarían ni la Unión Europea ni los mercados; menos aún cuando el déficit público sigue siendo muy elevado y la Deuda pública se aproxima al 100% del PIB. Y sería percibido como un guiño a Podemos y sus tesis, irreconciliables con el marco europeo.  

Hace mal Sánchez en tratar de imitar a Podemos e IU, en lugar de defender la reforma de 2011 como un acierto. Al PSOE le da miedo abrazar el equilibrio presupuestario sin reservas, e identifica erróneamente la austeridad como un impedimento para el crecimiento. La estabilidad presupuestaria y la sostenibilidad financiera tampoco están reñidas con el Estado de Bienestar. Es justo al revés, pues son un pilar indispensable para su porvenir. De nada vale consagrar derechos sociales, prestaciones, subvenciones, etcétera, si a la postre no es posible costearlos y el Estado entra en riesgo de bancarrota. 

En 2011 critiqué la reforma constitucional empleando duras palabras. Y sigo pensando que hay que perseguir el equilibrio presupuestario y la corrección del déficit público con o sin artículo 135. No obstante, los compromisos contraídos con Europa, el imperativo que encierra y su desarrollo legal me colocan decididamente del lado de quienes se oponen a una mudanza que en nada beneficiaría a España.

domingo, noviembre 23, 2014

UN FUERTE INDEFENSO

Cuando en 1968 George H. W. Bush votó, en su calidad de congresista, a favor de la Civil Rights Act, comenzó a recibir amargas quejas e incluso amenazas por parte de los votantes de su distrito electoral (el séptimo de Houston, Texas), pues muchos republicanos rechazaban los aspectos más intervencionistas de esa legislación. ¿Qué hizo entonces Bush? ¿Se escondió? ¿Dejó pasar el tiempo? ¿Pidió perdón y alegó que no podía votar otra cosa, habida cuenta de las circunstancias? No. Lo que hizo fue explicar cara a cara a sus votantes --con un sólido discurso-- el porqué de su voto. Se enfrentó a la opinión pública, en principio en su contra, y fue capaz de convencerla gracias a sus argumentos. Al principio le abuchearon; después le aplaudieron. 

No cabe duda de que Mariano Rajoy no es Bush. Durante esta legislatura, cualquier reforma mínimamente dura o rigurosa ha sido justificada por la herencia recibida o porque no había más remedio. Rajoy se ha hartado de afirmar que no le gustaba lo que hacía, que abominaba de los ajustes presupuestarios y que su mayor deseo sería gastar tanto como en el pasado. Ha renunciado a defender un proyecto de país (más allá del objetivo genérico de crecer y crear empleo) y en sus escasas entrevistas no ha hecho sino declaraciones romas, vagas alusiones al esfuerzo realizado y a la necesidad de mirar al futuro. Las avalanchas de datos son lo más relevante de la mayoría de sus discursos. 

Pues bien, el espacio que tan a la ligera han abandonado Rajoy y los suyos, evitando confrontar y convencer a la opinión pública, es hoy campo abonado para el populismo. Tres años de vacío ideológico y aceptación pasiva del consenso socialdemócrata han propiciado la aparición de muchos ingenuos dispuestos a comprar el discurso del primer charlatán que aparezca en una tertulia.

No es la única causa que explica el ascenso de Pablo Iglesias, pero hoy quería centrarme en esa falta de coraje que ha caracterizado al PP a la hora de tomar y explicar sus decisiones. Es difícil encontrar un asunto de la vida nacional en el que lo frecuente no haya sido el titubeo, la falta de convicciones, la tibieza y la pobreza argumental, cuando no directamente la cobardía. 

Caídos los muros, es normal que otros ocupen las posiciones indefensas y se dediquen a difundir sus propias concepciones, ciertamente equivocadas y dañinas, aunque, por desgracia, cada vez más incontestables ante una opinión pública idiotizada y, aun así, temida por quienes todavía gobiernan.

Y el PP no está dando muestras de querer o saber combatir este fenómeno: sigue enviando a conspicuos subnormales a los debates televisivos y hasta el PSOE ha denunciado antes el escándalo de la beca que cobraba por no hacer nada el señorito Errejón, una beca concedida de forma poco ejemplar y casi con certeza mantenida irregularmente.

George H. W. Bush también rompió su compromiso electoral y subió los impuestos (empujado por el Congreso), pero entre él y Rajoy media un abismo, toda vez que el primero fue un hombre de acción que no se amedrentaba. Por otra parte, a Bush le derrotó Bill Clinton, no un chavista con coleta. 

El crecimiento del populismo es ya parte del legado del mandato de Rajoy.

domingo, noviembre 16, 2014

PONER LA OTRA MEJILLA NO ES LA SOLUCIÓN AL PROBLEMA SEPARATISTA

El pasado domingo tuvo lugar en Cataluña un acto subversivo de la mayor gravedad. La reacción del Gobierno, que había asegurado que haría cumplir las leyes, se ha limitado a la retórica. Se aduce para justificar esta pasividad que el Gobierno ya hizo todo cuanto podía hacer. ¿Es eso cierto?

Obviamente, no. Retirar por la fuerza las urnas de cartón el mismo día de autos habría sido un disparate, sin ninguna duda; pero Artur Mas llevaba dos años anunciando su voluntad de celebrar una consulta y la fecha finalmente elegida se conocía desde hacía un año. Por lo tanto, parece que hubo tiempo más que suficiente para actuar. Al Estado no le faltan medios capaces de garantizar su soberanía y las leyes que de ella emanan en una porción de su territorio, sin tener que recurrir a los tanques o a otras soluciones maximalistas. Es la total ausencia de voluntad política la que impide la actuación, que puede ser perfectamente proporcional. 

Lo de menos es que la consulta haya sido una farsa o sainete sin garantías propio de una república bananera (y ante el cual, dicho sea de paso, caen de hinojos esos izquierdistas seducidos por el hecho diferencial catalán, como si hubieran descubierto el culmen de la democracia o fuesen rústicos que visitan por vez primera la gran ciudad). Tampoco ha de servir de consuelo la baja participación. La clave de este desgraciado asunto es que la Generalitat ha dirigido, impulsado y amparado un proceso que, pese a la suspensión dictada por el Tribunal Constitucional, ha sido consumado exitosamente y sin consecuencias para sus responsables. Artur Mas y su banda se han burlado estruendosamente del Estado de Derecho consagrado en la Constitución española. En suma, un pésimo precedente que refuerza a los separatistas y amplía sus miras. Quien hizo un cesto, hará ciento.

¿Cuál es el plan del Gobierno, caso de haberlo? ¿Seguir acudiendo al Tribunal Constitucional y, posteriormente, desentenderse de sus resoluciones? A estas alturas ya es de sobra conocido que Mas no desea dialogar, sino imponer, y que está dispuesto a saltarse las leyes –también las del Parlamento de Cataluña-- cuando le convenga. Por su parte, los camisas negras de ERC enarbolan sin ambages la bandera de la desobediencia civil. Y la propuesta de reforma constitucional del PSOE es ridícula y tan hueca como su líder, aparte de que difícilmente solucionaría el problema separatista. 

En consecuencia, creo que cualquier escenario futuro va a ser conflictivo y que el Gobierno de Rajoy está rehuyendo la confrontación para ganar tiempo. Lo cual tendría sentido si hiciera algo con ese tiempo. Rajoy, sin embargo, sigue instalado en la abulia y no se adivina ningún gran movimiento que frene la ofensiva separatista. 

La respuesta no ha de ser únicamente jurídica, es decir, invocar la Constitución y las leyes. Hay otras muchas iniciativas que podrían adoptarse. Ahora bien, no es admisible que a algunos les baste declarar una suerte de zona de conflicto político para excluir automáticamente la aplicación del ordenamiento jurídico vigente. La Generalitat y sus autoridades, como el resto de poderes públicos, están sujetas al principio de legalidad y deben responder de sus actos. 

La declaración de independencia llegará antes o después. Quizá en 2016, cuando el Parlamento español esté fragmentado y el Estado sea inoperante o ya directamente fallido. La celebración de la falsa consulta habría sido una perfecta ocasión para poner límites al desafío nacionalista y demostrar que el Estado sigue proyectando su autoridad sobre Cataluña. Esto último, a día de hoy, es más dudoso que hace una semana.

domingo, noviembre 09, 2014

LA CORRUPCIÓN: UN ANÁLISIS SERIO

A causa del goteo incesante de escándalos y de la gravedad de muchos de ellos, se ha extendido una sensación de corrupción generalizada en España. He aquí una de las causas del auge del populismo, que echa la culpa de todo a una clase política al parecer extraterrestre. La casta es muy mala; el pueblo, un compendio de virtudes. Pero los políticos son, necesariamente, un reflejo de la sociedad. No me merecen mucho respeto los que se apresuran a presumir de ejemplaridad. 

Asimismo, es preciso contrarrestar el dramatismo en que caen muchos medios de comunicación poniendo de relieve un hecho elemental. La Justicia está actuando y hay investigaciones, procesos y condenas, de modo que el sistema funciona y es capaz de exigir responsabilidades. 

Huelga decir que la corrupción acarrea efectos devastadores para cualquier Estado. Se quebranta la idea de que los servidores públicos trabajan para el bien común y desaparece la confianza en las instituciones y partidos. 

Por otra parte, aunque algunos estudios han señalado que cierta dosis de corrupción es un mecanismo eficiente en determinadas economías para trasladar la información y abaratar costes de transacción, las consecuencias en conjunto y a largo plazo no son buenas, ya que se incorpora a las empresas que deseen participar en el proceso un coste adicional, el de comprar a los políticos o funcionarios; se puede llegar a favorecer a empresas ineficientes en detrimento de otras que podrían prestar un mejor servicio; y, en la medida en que no se compite en condiciones de igualdad y con sujeción a reglas claras, se desalienta la iniciativa privada.

Una vez reconocido el problema, hay que buscar soluciones: es aquí donde surgen las discrepancias. Los que se presentan como paladines contra corrupción –esos ungidos que están todo el día en la televisión— son los mismos cuyas recetas, de aplicarse, multiplicarían la misma. Así lo manifiesta Lorenzo B. de Quirós, quien afirma que los remedios de Podemos, esto es, “el incremento del papel del Estado en la economía y en la sociedad así como el control por el ‘poder popular’ de todos los pesos y contrapesos constitucionales al poder”, son precisamente el caldo de cultivo que incentiva conductas corruptas. 

Gary Becker argumentaba que la causa de la corrupción estriba en un sector público que dispensa favores y dádivas y del que dependen negocios privados. Así pues, la forma más eficaz de erradicarla es reducir el tamaño e influencia del Estado.  

La respuesta penal y los controles de la actuación pública (no me cansaré de resaltar la importancia de la fiscalización del Tribunal de Cuentas) también pueden contribuir, naturalmente. La Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno es otro instrumento útil contra comportamientos irregulares, arbitrariedades y despilfarros. Y el Gobierno tiene intención de aprobar una ley orgánica para controlar mejor la financiación de los partidos políticos y una ley reguladora de los altos cargos de la Administración. 

Es de ilusos, en cualquier caso, creer que un Estado sobredimensionado y omnipotente va a estar libre de corrupción gracias al revoltijo de medidas esgrimidas por Podemos cual ungüento milagroso. Seamos serios y coherentes.

viernes, octubre 31, 2014

BIENVENIDOS A PABLOGRADO



El coche oficial avanzaba por una carretera secundaria plagada de baches. Cada vez que daba un bote en su asiento, el conductor y único ocupante del vehículo profería una maldición. Sufría molestias en la espalda provocadas por el largo trayecto recorrido desde Madrid.
 
Consultó por enésima vez el mapa desplegado en el asiento del copiloto. Más le valía no perderse, pues por esa zona desértica no había visto ni poblaciones ni gasolineras, y el teléfono móvil no tenía cobertura.

--Dichosa suerte la mía –dijo entre dientes, mientras se cercioraba de haber tomado el camino correcto a la vez que procuraba que el coche no se saliera de la sinuosa carretera en una de las múltiples curvas. 

El nombre del atribulado conductor era Pascual González, funcionario del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, y se dirigía a una ignota villa en calidad de experto a fin de hacerse cargo de las finanzas del ayuntamiento, ya que desde hacía meses venía incumpliendo los objetivos de déficit y endeudamiento y haciendo caso omiso a las advertencias y requerimientos de Madrid.   

Al amparo de lo dispuesto en el artículo 25 de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, en tales supuestos se podía enviar una comisión de expertos con la facultad de requerir cualquier información y, a la vista de la misma, proponer medidas de obligado cumplimiento.

La comisión, en este caso, la formaba un solo hombre. Ello se debía a la pequeñez del pueblo objeto de control, pero también a la negativa de otros funcionarios a ir allí. 

Pascual contaba con una preparación adecuada y vocación de servicio público. No le importaba cumplir una misión considerada, por lo común, ingrata. Ahora bien, el pueblo en cuestión presentaba una particularidad que había determinado que ninguno de sus compañeros se ofreciera voluntario. 

Finalmente, su superior había decidido enviarle a él, alegando que era el más joven y novato. 
 
Pascual disminuyó la velocidad del coche. Su destino, un islote de casas bajas en medio de la desolación, ya se vislumbraba en el horizonte. El funcionario deseaba llegar cuanto antes y no pasar allí más tiempo del estrictamente necesario.

Según se iba aproximando, comenzaron a aparecer carteles colocados a un lado de la carretera. Unos lanzaban advertencias al visitante: “Aquí no queremos/as explotadores/as, especuladores/as y/o empresarios/as”. Otros se limitaban a cantar las virtudes del lugar: “Este pueblo es solidario y abierto a todos; “Bienvenidos a un paraíso sostenible”; “Aquí la única fábrica es de amor”.

Y había uno que produjo una honda inquietud en Pascual. Sobre fondo morado, destacaba la imagen de un hombre enjuto, con barba rasurada y perilla, pelo recogido en una coleta y ojos achinados que parecían otear misterios reservados a unos pocos ungidos. Al lado de esta estampa de Pablo Iglesias, una frase de su autoría: “Una reforma fiscal para que paguen los ricos”.

Un turbado Pascual dejó atrás el cartel y entró por fin en el pueblo: Pablogrado, único municipio de España gobernado por Podemos.

Pronto comprendió que en aquel lugar no se podía circular con vehículos a motor: una línea de pinchos clavados en el suelo impedía continuar por la calle principal. Por lo tanto, tuvo que aparcar el coche encima de una acera y continuar a pie.

No se veía un alma por las calles. Pascual, con su maletín como toda defensa, sintió que un escalofrío le recorría de arriba abajo. 

--Tengo un mal presentimiento…

Un fresco viento otoñal arrastraba las hojas secas desperdigadas por el suelo y mecía las copas peladas de los raquíticos árboles plantados aquí y allá. Las ratas, gordas y atrevidas, atacaban a su gusto las hileras de contenedores de basura diseñados para un reciclaje minucioso. 

Era difícil encontrar una pared libre de carteles o pintadas. En todo caso, los mensajes iban invariablemente en la misma dirección. Ecología. Protección animal. Diversidad e igualdad. Empoderamiento popular. Rechazo a la mercantilización (fuese eso lo que fuere). En suma, toda una colección de consignas progresistas sin demasiado sentido.

Unas extrañas estructuras situadas a ambos lados de la calle principal llamaron la atención de Pascual. Ya las había observado de lejos, pero ahora que estaba a pocos pasos de ellas pudo ver con claridad lo que eran. 

Jaulas colgantes. Y dentro de ellas se pudrían varias personas. 

Escandalizado y aterrorizado a un tiempo, Pascual corrió hasta una de las jaulas e intentó hablar con su desdichado ocupante. Éste tenía un lamentable aspecto y no abrió la boca.
Pascual sacó su teléfono móvil y marcó el número de la Guardia Civil. Entonces recordó la falta de cobertura. Cuando pidió a gritos ayuda, nadie acudió. Como no podía hacer nada más, reemprendió el camino hacia el ayuntamiento. 

Antes de llegar pasó por delante de lo que a todas luces era la iglesia del pueblo. Sin embargo, a la entrada del vetusto templo había un cartel que lo identificaba como mezquita de Pablogrado. Más abajo ponía que la única religión admitida era la musulmana. 

--Esto es de locos –musitó Pascual--, aún peor de lo que dicen los rumores. 

El edificio consistorial estaba situado en una sencilla plaza en cuyo centro se alzaba un ostentoso monumento –amplia base de granito coronada por una estatua de bronce que representaba a un perro-- que no cuadraba para nada con el estado de abandono del resto del pueblo. Pascual leyó la placa: “A Excalibur, héroe antineoliberal”. ¡Era un monumento dedicado al perro de la auxiliar de enfermería infectada de ébola tiempo atrás, ejecutado por la Comunidad de Madrid!

Cabeceando ante semejante despilfarro, llamó a la puerta del ayuntamiento, un edificio alargado, sólido y con un soportal sostenido por pilares de madera. En su balcón lucía un ramillete de banderas, ninguna la española. No faltaban, en cambio, la de Podemos, País Vasco, Cataluña, Segunda República y Venezuela.

Nadie respondió a su llamada, así que Pascual probó suerte y tiró de la puerta de cristal, que se abrió. Dentro tampoco encontró a alguien que pudiera atenderle. El interior recordaba al de una facultad tomada por la extrema izquierda, habida cuenta de los lemas pintarrajeados en las paredes, la suciedad generalizada y la proliferación de microondas. Incluso tropezó con unos sacos de dormir, aunque afortunadamente vacíos. 

Al cabo de un rato vagando por allí dio con un hombre menudo y contrahecho, un tanto amanerado a juzgar por sus movimientos, que estaba paseando en círculos en una espaciosa habitación vacía y hablando para sí mismo, inmerso en quién sabía qué reflexiones. Llevaba gafas redondas y un chaleco raído.

--Bunas tardes –se presentó Pascual, extendiendo su mano, gesto que no fue correspondido--. Mi nombre es Pascual González y me envía el Ministerio de Hacienda para supervisar sus cuentas y proponer medidas de obligado incumplimiento, de conformidad con la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera.

Este ensayado discurso no impresionó al hombrecillo, que se limitó a examinar atentamente a Pascual.

--Ejem, también quisiera denunciar –prosiguió el funcionario, irritado por la descortesía de aquel sujeto— que hay unas personas enjauladas ahí fuera y sometidas a un trato degradante.

--Oh, no se preocupe por eso –dijo al fin su interlocutor, y exhibió una mueca de desagrado--. Son ricos. Como dice nuestro supremo mesías, a veces hay que tratarles como a niños pequeños, darles un escarmiento, ya sabe. Y esa gente ganaba más de dos mil euros al mes, una inmoralidad. 

--¿Y eso justifica un castigo tan cruel?

--¡Es lo que ha decidido el pueblo! Este municipio funciona en concejo abierto, todos los vecinos se reúnen en asamblea para decidir la política, o sea, todo. La política lo es todo y no hay ningún aspecto de la vida que pueda escapar del control democrático.

--Hablando de los vecinos, no he visto a ninguno por la calle –comentó Pascual.

--Es normal, a estas horas están viendo a Pablo Iglesias en televisión. No hay mejor manera de informarse y ser un buen demócrata.

--¿En qué programa sale Pablo Iglesias a las cinco de la tarde de un viernes? ¿En Sálvame? –Esto último lo preguntó Pascual con cierta mordacidad.

Ignorando la pulla, el hombrecillo dijo:

--Oh, lo que ven son grabaciones. En este pueblo ha sido prohibido el acceso descontrolado a los medios de comunicación, porque, estando en manos privadas, sólo mienten y dicen maldades. No nos podemos fiar. Es preferible disfrutar de la sabiduría de nuestro mesías. Y le aseguro que tenemos material suficiente, nunca faltará su verbo en los hogares de Pablogrado. ¡Para que luego digan que los populismos generan escasez! 

 --¿Se puede saber quién es usted? –inquirió Pascual, cada vez más perplejo.

--Soy el alcalde de este pueblo, Juan Carlos Monedero.

A decir verdad, a Pascual le había resultado familiar ese rostro –las gafas redondas, la piel cetrina, la sonrisilla mezquina-- desde el principio. Ahora que se confirmaba su identidad, tuvo que reprimir las náuseas. Juan Carlos Monedero era conocido por su sectarismo y por dispensar un trato feroz a los que no coincidieran con sus ideas.

Pero él tenía un trabajo que hacer, con independencia de quién fuera el alcalde.

--En tal caso, debe una explicación al Ministerio de Hacienda sobre el estado de sus cuentas –afirmó Pascual secamente--. Se han desviado de todos los objetivos y ahora deberán corregir la senda de déficit y deuda con las medidas que yo proponga.—Monedero, despreocupado, alzó una ceja--. ¿No me entiende? El derroche ha terminado aquí. Para empezar, ¿podría explicar cómo elaboran sus presupuestos? Porque no están siguiendo nuestras recomendaciones.

Monedero, las manos metidas en los bolsillos de su chaleco, puso cara de ingenuidad.

--No comprendo nada de lo que me dice. Yo me debo al pueblo, no al Ministerio de Hacienda, y es por ello que nuestros presupuestos son participativos. Todos los ciudadanos expresan sus deseos, ejercen su derecho a decidir. Y de esta forma hemos alcanzado unos altos niveles de protección social.—El alcalde señaló con el mentón un cartel pegado en la pared que anunciaba una renta básica universal--. ¿Ve eso? Se llama dignidad. Antes había gente que trabajaba en una fábrica de chorizos. Un trabajo muy duro. Ya no necesitan trabajar… En cuanto a la fábrica, tuvimos que castigarla, poner límite a su crecimiento, y acabó cerrando. Lo mismo ha sucedido con otros comercios de por aquí que abusaron de la avaricia. No los necesitamos. Basta la solidaridad y…

--La solidaridad no se come –cortó Pascual--. Usted habla de unos gastos muy generosos. ¿Cómo los va a financiar en el largo plazo? Este ente local ya no puede endeudarse más y dudo mucho que obtenga cuantiosos ingresos tributarios.

--Recurriré al crowdfunding –repuso Monedero, encogiéndose de hombros--. Fuera de aquí tenemos muchos amigos dispuestos a que este pueblo se mantenga como referente.

--¿Es una broma? Eso no durará para siempre y no garantiza la recaudación necesaria. Debe poner fin a esta gestión desastrosa, abandonar el populismo y equilibrar las cuentas. 

--Ya le he dicho lo que hay, mercenario de los mercados –le espetó Monedero con una nota de enfado en la voz.

Se hizo el silencio en el salón. El funcionario, tratando de contenerse, apretó los puños. Deseaba estampar su maletín en la cara del acalde.

--Si no me hace caso, nos veremos obligados a disolver los órganos de esta corporación, según dicta la Ley de Bases de Régimen Local –advirtió--. Se va a meter en un serio problema.

--Es usted el que está en un problema –replicó Monedero, e hizo una seña dirigida a alguien que estaba detrás de Pascual. 

El funcionario quiso voltearse al darse cuenta de lo que ocurría, pero entonces el garrote cayó sobre su cabeza y perdió el conocimiento.

Despertó con un fuerte dolor de cabeza. Notaba el cuerpo rígido, paralizado. Al principio temió que el brutal estacazo hubiera afectado a su movilidad. Pero acto seguido descubrió que no podía moverse porque estaba atado con cuerdas a un poste. 

Ya no se encontraba en el ayuntamiento, sino en un campo llano e inmenso sobre el que caía la luz anaranjada del atardecer. Enfrente de él se erguía una figura de unos cuatro metros de altura hecha de mimbre, hueca, con un vago parecido a Pablo Iglesias. 

--Estupendo, el fascista ha vuelto a su ser –dijo Monedero, ocupando repentinamente el campo de visión de Pascual. Había sustituido su chaleco y camisa marrón por un traje de lagartera. 

Esta vez el acalde no estaba solo. Alrededor de Pascual y del hombre de mimbre se había formado un círculo. Debían de ser los vecinos del pueblo, y cubrían sus rostros con máscaras de animales. 

--Demos comienzo a la asamblea vecinal y ciudadana –dijo solemnemente un zorro--. Pero antes elevemos nuestras plegarias hacia nuestro salvador.

Los integrantes del círculo se cogieron de la mano, agacharon la cabeza y empezaron a entonar una letanía (“Sí se puede, sí se puede, sí se puede, sí se puede…”) en tono cada vez más alto.

--¡Sí se puede, sí se puede, sí se puede! –gritaban los vecinos, absolutamente entregados a su plegaria.

Pascual intentó en vano aflojar sus ataduras. De todos modos, aunque lo consiguiera, ¿qué podía hacer? Le rodeaban los vecinos y no sabía ni dónde estaba. 

--El pueblo va a decidir sobre el destino de este agente al servicio de la dictadura de los mercados que ha venido a imponer normas que no reconocemos –habló entonces Monedero --. Los distintos círculos ya se han pronunciado.—Echó una ojeada a unos papeles que sostenía en la mano--. El Círculo Matarife de Ricos sugiere que este infame pecador y lacayo de la casta sea democratizado.

Pascual se preguntó en su fuero interno qué podría significar ser democratizado. Sospechaba que pronto lo averiguaría.

--¡Democratizado! ¡Democratizado! –rugió el círculo. 

--¡Que vote el pueblo! –dijo Monedero a voz en cuello, abriendo los brazos.

El pueblo entero levantó la mano.

--¡Unanimidad una vez más! –exclamó Monedero, lleno de gozo--. Coged, pues, al prisionero y meterlo dentro de la estatua del mesías. ¡Vamos a democratizarlo! 

Un cerdo, dos conejos y un ratón agarraron a Pascual. El funcionario opuso toda la resistencia que pudo, pero no costó mucho encerrarle dentro de la estatua de mimbre atado de pies y manos. 

--Y ahora, a fin de completar el proceso de democratización, prenderemos fuego a esta estatua –explicó Monedero, dirigiéndose a Pascual--. Es una ofrenda a nuestro mesías y, por ende, a la democracia. ¡Y tus cenizas se extenderán por el aire y pasarán a ser un bien común! 

--¡Estáis todos locos! –bramó Pascual, empapado de sudor. Vio cómo dos vecinos se acercaban con antorchas en la mano--. ¡Dejadme en paz, bastardos! ¡Vais a pagar por esto!
Pero el círculo no parecía preocupado. Al contrario, estaba disfrutando enormemente. Hubo risas y burlas. El inefable Monedero, quién sabe si llevado por la alegría o como parte del ritual, comenzó a ejecutar un complicado baile. 

Pascual no podía creer que su vida fuera a terminar en aquel pueblo perdido y miserable y de esa terrible forma, en medio de tan esperpéntica ceremonia y consumido por el fuego.
 
Los de las antorchas acercaron la llama a la estatua de mimbre…

Pascual cerró los ojos, sabiéndose perdido. Pero no olió humo ni sintió calor, y no oía el crepitar de las llamas.

Oía, empero, gritos de pánico y a Monedero dando órdenes. Y, lo que era más esperanzador, el ruido de un motor. 

Abrió los ojos justo cuando un gran todoterreno irrumpía en el círculo, rompiendo la formación y dispersando a los vecinos. Llegó hasta la misma estatua de mimbre y de él bajó un hombre corpulento que, sin dudar ni un solo segundo, manejó un hacha con la que cortó la madera y ayudó al funcionario a introducirse en el vehículo.

Entretanto Monedero y los vecinos se habían reagrupado. Empezaron a lanzar piedras contra el todoterreno y varios otros corrieron hacia él agitando hachas y garrotes sobre sus cabezas.
 
El salvador de Pascual dio marcha atrás a toda velocidad alejándose de los atacantes y, una vez hubo puesto distancia, giró el vehículo y siguió la escapada campo a través.   

--Les hemos dejado atrás –informó Pascual, suspirando de alivio. Su salvador le ayudó a cortar sus ataduras con una navaja--. ¡Un momento! ¡Usted es…!

Bertín Osborne le dedicó una franca y amigable sonrisa.

--Así es, que no le resulte extraño verme aquí, amigo –dijo el bonachón cantante y presentador--. Tengo asuntos pendientes con este pueblo.

--¿De qué se trata? 

--Hace dos años realicé una inversión. Compré unas tierras y quería montar una bodega. Cuando por fin empezaba a ganar dinero, ese canalla de Monedero me expropió. Hoy la bodega sólo produce pérdidas, nadie se ocupa de ella en serio. 

--Comprendo. Después de la experiencia que acabo de vivir, no diré que quiera regresar, pero hay que hacer algo para detener a esa banda de tarados.

--Por supuesto, y no voy a cejar en el empeño de…

La luna trasera reventó en ese instante, esparciendo fragmentos por todo el interior. 

--Nos atacan –dijo Bertín con sangre fría, y pisó el acelerador.

Pascual se asomó por la ventanilla. Bertín tenía a razón. Les seguía una muy veloz camioneta morada con el techo abierto, pinchos en las ruedas y parachoques reforzado. Transportaba a un nutrido grupo de vecinos enmascarados y a Monedero, quien iba armado con un trabuco.

El alcalde volvió a disparar y uno de los retrovisores del todoterreno de Bertín desapareció.

--¡Ese cacharro es muy rápido! –exclamó Pascual.

--Ya lo veo –dijo Bertín, maniobrando para no ofrecer un blanco fácil a Monedero--. No sé si podremos dejarlos atrás…

--¿Quién ha dicho que debamos dejarlos atrás? –dijo Pascual, envalentonado. Había recordado quién era él y que debía ocuparse de Pablogrado. No se iba a dejar vencer tan fácilmente.

Bertín le miró con sorpresa y, a renglón seguido, con complicidad.

--Me parece estupendo. ¡Vamos a echarle casta entonces!

Frenó a la vez que giraba bruscamente el volante, colocándose frente a la camioneta morada, que tuvo que desviarse para no colisionar. 

--¡Parad, idiotas! –ordenó Monedero, esgrimiendo el trabuco--. ¡Ese todoterreno será su tumba! ¡Id a por ellos!

No sin antes votar para decidir quién debía ir primero, el grupo de vecinos, pertrechado con garrotes, horcas y palos, rodeó cautelosamente el todoterreno. Monedero se había quedado atrás y daba instrucciones.

--Tienen que estar dentro, no han podido ir a ningún lado. Obligadles a salir y yo mismo les pegaré un tiro. 

Pero no llegaron a tocar la portezuela. El todoterreno explotó y la onda expansiva hizo volar por los aires a los vecinos. Monedero, más resguardado, evitó la peor parte, aunque perdió el trabuco en la confusión.

--Que Chávez me ampare… --murmuró cuando fue capaz de hablar.

Todos los pueblerinos estaban malheridos o inconscientes. Para rematar el estado de absoluto estupor del alcalde, de una loma cercana salieron Pascual y Bertín. Debían de haber abandonado el todoterreno justo al cruzarse con la camioneta, protegidos por la oscuridad de la noche.

--Fue una buena idea instalar un dispositivo de autodestrucción –dijo ufanamente Bertín--. Prefiero mi coche hecho trizas antes que en las sucias manos de estos palurdos. 

Monedero pateó el suelo. 

--Esto no acaba aquí. Pronto el resto del pueblo vendrá en mi ayuda y el sacrificio al mesías será doble.   

--Señor alcalde, está usted en minoría –se burló Pascual, avanzando hacia Monedero--. Será llevado a Madrid, donde responderá de sus crímenes. Y, cómo no, haremos una parada en el programa de televisión que presenta Esperanza Aguirre. 

--¡No, ni hablar! –chilló Monedero, presa del mayor espanto--. ¡No quiero juntarme con esa mujer! ¡Ya se burló lo suficiente de mí cuando fui sin poder al acto de conciliación de la querella que presentamos contra ella! ¡Aléjate, fascista, perro lanoso! –Y apareció en su mano un afilado puñal sacado de su traje de lagartera.

Pero el funcionario no se arredró y propinó un potente derechazo a Monedero, que cayó al suelo. No hizo falta hacer más, pues el acalde, noqueado, no dio más problemas.   

 Poco después emprendieron el camino de vuelta a Madrid en la camioneta morada, transportando como prisionero al todavía inconsciente Monedero.

Ya en la capital Bertín manifestó que no quería verse mezclado en aquel asunto cuando saliera a la luz, por lo que decidieron separarse en ese momento. Pascual agradeció a su inesperado benefactor todo lo que había hecho por él, así como por los superiores intereses del Estado. Después, arrancó la camioneta y siguió su rumbo.

Bertín Osborne no volvió a saber de su amigo hasta una semana más tarde, cuando vio su foto en el periódico que leía por las mañanas. “Sigue en busca y captura el funcionario asesino”, rezaba el titular. Y especificaba lo que sigue: “El asesino, que asfixia a sus víctimas con un alambre para luego despedazarlas con una sierra y sumergirlas en lejía, está trastornado y sigue creyendo que trabaja para el Ministerio de Hacienda, actuando como si cumpliera órdenes de sus superiores”. 

Preparado para disfrutar de aquel luminoso día de noviembre, Bertín dejó a un lado el periódico, se recostó en su butaca y pensó que, al fin y a la postre, Monedero no iba a aparecer en el programa de Esperanza Aguirre. 

Creo que nada puede ser más terrorífico que la actualidad española, pero igualmente espero que este modesto relato sirva para amenizar vuestra noche de Halloween.