Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 08, 2013

NO A LA REFORMA CONSTITUCIONAL DEL PSOE

La Constitución de 1978 ha celebrado su trigésimo quinto aniversario bajo la amenaza de su reforma, amenaza proferida por parte de determinados progresistas. ¿Por qué amenaza y no oportunidad? En este escrito trataré de explicar mi posición acerca de la supuesta necesidad de reformar el texto constitucional.

No hay ninguna constitución pensada para permanecer inmutable, por lo que en ellas se prevén mecanismos de reforma. La reforma, en ocasiones, es oportuna, deseable, ya que puede servir para limar defectos o introducir ciertos principios o reglas que merecen rango constitucional. 

Empero, las últimas propuestas de reforma de la Constitución española sólo generan unas muy justificadas reservas. Con ellas no se enderezaría problema alguno, sino que serían una pérdida de tiempo o, lo que es más rechazable, empeorarían la norma y originarían nuevos embrollos. 

Así sucede con el federalismo que receta el PSOE. Un federalismo del que poco se sabe y cuya intención es calmar a los nacionalistas (eso dicen). Lo cierto es que difícilmente la implantación un modelo federal enterraría la pulsión separatista. Mariano Rajoy, excelente, como de costumbre, en sede parlamentaria, dijo: “Es un error cambiar la Constitución para satisfacer a quien no se sentirá satisfecho”. Opinión que comparte Alfonso Guerra: “El Estado autonómico es federal, funciona como un Estado federal. Tengo dudas de que esa reforma pueda satisfacer las aspiraciones de los dirigentes nacionalistas catalanes”. 

La reforma enarbolada por Rubalcaba y su tropa de enanos intelectuales cae en un viejo error del constitucionalismo español, el de otorgar un valor taumatúrgico a un nuevo texto constitucional, como si pudiera obrar milagros. De paso, su propuesta –insustancial y poco meditada-- les permite enmascarar sus propias contradicciones, así como el reconocimiento de la verdadera causa de los males territoriales de España, que no es otra que la pujanza de un nacionalismo que debería ser combatido con ahínco. Para ello no hace falta reformar nada, sino deslegitimar a los nacionalistas y defender la unidad de España sin ambages.

El PSOE alberga, asimismo, la idea de introducir en el texto constitucional buena parte de su chatarra ideológica, incurriendo en este caso en el vicio, igualmente característico del pasado, de aspirar a una constitución de partido.

Pues bien, la Constitución de 1978 posee la virtud de la flexibilidad, al igual que la Constitución de 1876, la que más tiempo estuvo vigente en España a fecha de hoy. De las ventajas de semejante virtud dio cuenta Francisco Silvela en relación con el texto de 1876: “Bajo esta Constitución pueden realizarse todas las políticas posibles dentro del sistema monárquico constitucional. El proyecto de Constitución no es más que un conjunto de instituciones con virtualidad suficiente para que esas posibilidades se desarrollen”.

Que la Constitución pasara a responder a una ideología concreta tendría como consecuencia inmediata que el siguiente partido en el poder la cambiaría para consagrar la suya, y así sucesivamente.

Descartadas las propuestas socialistas, diré que hay una con la que sí estoy de acuerdo, mas es improbable que se lleve a cabo. Me refiero a la formulada por el Consejo de Estado a principios de 2006. El órgano consultivo, para espanto de Zapatero, sostuvo que el sistema abierto del Título VIII había causado inoperancia y tensiones perjudiciales y recomendó que la Constitución fijara el techo de las competencias autonómicas, que se recuperara el recurso previo de inconstitucionalidad para controlar reformas estatutarias y que se concretara el concepto de solidaridad a fin de fomentar comportamientos solidarios y combatir los que no lo fuesen. Huelga decir que esta propuesta se sitúa en el extremo opuesto a la de Rubalcaba y compañía, que promueven un federalismo tan desastroso como el que ha cuarteado su propio partido.

En conclusión, la necesidad de cambiar la Constitución en este momento es, cuando menos, muy discutible: las propuestas que se manejan no presentan el menor atractivo, toda vez que entrañan más riesgos que eventuales beneficios para el conjunto de los españoles y la pervivencia del sistema. Por lo tanto, condeno la fiebre reformista que sufren los socialistas y espero y deseo que Rajoy que no se deje embaucar por Rubalcaba. 

El PSOE vuelve a errar en todo. El mejor servicio que este partido podría rendir a España sería su disolución inmediata. Y basta de reformas idiotas.

7 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

He visto a Rubalcaba timorato en el rechazo a la "consulta".

El Espantapájaros dijo...

La posición del PSOE no es en absoluto unánime. Navarro, con la aquiescencia del señor Rubalcaba, dice cada día una cosa distinta, sin que sea posible, en este momento, determinar qué busca.

Llegada la hora de la verdad, que antes o después llegará, Rubalcaba se comportará igual que en el acto académico que le boicotearon: se aquietará para no generar tensión y renunciará a lo que supuestamente considera irrenunciable. Es decir, no creo que el PSOE apoye al Gobierno cuando haya que pasar de las palabras a la acción.

octopusmagnificens dijo...

Te digo que Pere Navarro probablemente me parece el político español más insustancial. Todo en él es irrelevante.

El Espantapájaros dijo...

Supera en grisura y vacuidad a Montilla, que ya es decir.

octopusmagnificens dijo...

¿Quieres ver algo sorprendente? Mira lo bien que ha estado Zapatero esta semana refutando a un comunista sobre los recortes: Zapatero defiende los recortes del Gobierno de Rajoy

El Espantapájaros dijo...

Sorprendente, impresionante y otros muchos elogios podría dedicar a un discurso que no puedo sino calificar de acertado.

Se opone a la democracia directa y asamblearia, rebate a los progresistas que creen que reducir el déficit es un capricho... Excelente.

Zapatero es culpable de muchas cosas y le considero el peor presidente de la democracia, pero en su última etapa abrazó los recortes, las privatizaciones e incluso a la OTAN, y dijo una frase que a mí me encanta: "Íbamos a reformar los mercados y los mercados nos han reformado a nosotros". Esa sinceridad la aplaudo.

Ahora, como ex presidente, está mostrando más lucidez que durante la mayor parte de sus dos mandatos.

El Espantapájaros dijo...

Que no se me olvide el gazapo del comunista: "Entiendo su adversión (sic) al referéndum...".