Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 29, 2013

EL PLANETA PERDIDO EN LOS SETENTA

Mucho antes de Jurassic Park (1993) y sus secuelas, el cine ya se había fijado en los dinosaurios y lo atractivos que podían ser en pantalla. Ejemplos destacables son El mundo perdido (1925), basada en la novela homónima de Arthur Conan Doyle publicada en 1912; King Kong (1933); Viaje al centro de la Tierra (1959 y 1976); Cuando los dinosaurios dominaban la tierra (1970); y La tierra olvidada por el tiempo (1975).

En esta línea, voy a hablar de una producción de bajo presupuesto, El planeta de los dinosaurios (1978), cuyos efectos especiales (dinosaurios animados por stop motion) fueron alabados en su tiempo. No obstante, el resto es más bien pobre.

El planeta de los dinosaurios pertenecía a esa clase de películas que, emitidas un sábado o domingo por la tarde, poseían la cualidad de sumir al niño que se topaba con ellas en una especie de delirio febril que después trasladaba a sus juegos, intentando reproducir lo que había visto con sus muñecos de plástico. Se lleva la palma de oro en esta categoría Cuando los dinosaurios dominaban la tierra, que reúne a cavernícolas, dinosaurios y cangrejos gigantes.

Tal vez por el influjo de Star Wars (1977), El planeta de los dinosaurios se presenta como ciencia-ficción. Unos viajeros espaciales sufren un percance en su nave y se ven obligados a aterrizar en un planeta desconocido y poblado por dinosaurios, hecho que se debe a su similitud con la Tierra y a que es más joven que ésta. 

Reconociendo que los dinosaurios no están mal, dentro de las limitaciones del stop motion, la película apesta y tuvo que apestar en el pasado. Conserva el encanto pop de las producciones de la época, pero poco más, pues es aburrida y lenta. 

El guión es repetitivo hasta la saciedad. El grupo de supervivientes, liderado por el capitán Lee, auténtico antecesor –en físico, vacilaciones e incompetencia-- del capitán Valladares de la serie Plutón BRB Nero (2008), va de emplazamiento en emplazamiento entrando en conflicto con varios dinosaurios, siendo su obsesión si hay que retirarse o atacar, aun arriesgando vidas, lo que ocasiona el acostumbrado choque entre oficial al mando y subordinado más experimentado y rudo. También pulula por ahí, como alivio cómico, el Vicepresidente de la empresa propietaria de la nave, que opta por quejarse de todo (“Capitán, en mi próxima nave será usted el camarero”, espeta al atribulado Lee), ganándose el rechazo de su propia secretaria, que dimite escribiendo “I quit” en una piedra.

Estéticamente, los personajes son hijos de los setenta, con bigotazos (incluso una mujer lo luce despreocupadamente), patillas, pantalones de campana y colores chillones en la ropa. Obviamente, hay una negra con peinado afro y una rubia tonta que muere al principio, no sin antes quedarse en ropa interior y ejecutar un chusco homenaje a Tiburón (1975).

La tecnología empleada por los viajeros espaciales es digna de mención. Para comunicarse, cuentan con ¡espejos de señales! Respecto al armamento, se reduce a cuatro rifles láser (son como batidoras) que corren distinta pero igualmente trágica suerte. El primero se estropea al entrar en contacto con el agua (¡!). Otro cae por un precipicio y nadie se molesta en recogerlo, a pesar de que no está demasiado lejos. El tercero también cae por un precipicio, esta vez en manos del ya liquidado Vicepresidente. Y el cuarto desaparece misteriosamente tras el ataque de un tiranosaurio. Sinceramente, mejor así, porque las pocas veces que se utilizan demuestran una eficacia nula frente a la gruesa piel de los saurios.  

El pretendido tema de la película es la supervivencia humana y el asentamiento en entornos hostiles. Pero los viajeros, que continuamente proclaman su fe en las capacidades humanas, dan muestras de un muy escaso dominio de la técnica necesaria para adaptarse. Por ejemplo, la empalizada que construyen para protegerse del ataque de los dinosaurios (de por sí una idea peregrina) es tan cochambrosa que hasta un niño podría mejorarla. 

Vistas hoy, estas películas podrían pasar por adaptaciones o, en todo caso, equivalentes fílmicos de aquellos libros de bolsillo de a duro que in illo tempore se vendían tanto y se prodigaban en viajes espaciales, monstruos varios y fantasías en general. No importaban la baja calidad o las tramas absurdas; eran productos pensados para suministrar un deleite sin contemplaciones.  

Me temo que El planeta de los dinosaurios, pese a sus estimables criaturas, falla en la misión de entretener y provoca el sopor del espectador. Ni siquiera el final es especialmente sorpresivo. 

Con todo, no la condenaría a la hoguera justamente por su adscripción a la pop culture y a las películas de dinosaurios. ¡Mantuvieron viva la llama que llegó a Michael Crichton y Steven Spielberg! Pienso en el primero viendo esta película y decidiendo que él haría algo distinto. Así, Jurassic Park vino a acabar con el stop motion y aportó seriedad y tono científico a los encontronazos entre humanos y dinosaurios, alejándose de lo que se había hecho en los años setenta.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

Nunca la he visto. Está completa en YouTube. He estado investigando y veo que bien podría compararse a El valle de Gwangi (1969).

El Espantapájaros dijo...

No es que te pierdas mucho, a no ser que seas aficionado a este tipo de películas. "El valle de Gwangi" querría verla, me da la impresión que es más entretenida y delirante.