Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, diciembre 01, 2013

EL DESEMBARCO DE MARIO EN LA GAME BOY

Con la llegada de una nueva generación de videoconsolas, encuentro apetecible echar la vista atrás y recordar una serie de juegos pertenecientes a la etapa dorada de Nintendo que inauguró la Game Boy. Una dosis de nostalgia no es mala de vez en cuando.

En 1989 salió al mercado la Game Boy, la videoconsola portátil más exitosa de todos los tiempos, junto con juegos como Super Mario Land. En esta entrega de sus aventuras, el fontanero no tenía que rescatar a la princesa Peach y enfrentarse a Bowser. La secuestrada era una tal princesa Daisy de Sarasaland (sic), secuestrada por un extraterrestre, Tatanga, cuyas intenciones son más bien ignotas.

Super Mario Land no era un juego excesivamente largo pero sí difícil de completar. De un lado, no había posibilidad de guardar, en contraste con otros juegos de Mario, y superar todas las fases de corrido con un número limitado de vidas requería de no poca paciencia y habilidad. De otro, los controles, desconozco si intencionadamente, exigían una gran precisión para no caer en el abismo o en las fauces de un enemigo. Fue de los primeros juegos que tuve de la Game Boy y siempre me resultó arduo llegar al final.

Dado el éxito de ventas tanto de la Game Boy como de Super Mario Land, en 1992 apareció la segunda parte, Super Mario Land 2: 6 Golden Coins. La mejora respecto a su antecesor es evidente en todos los aspectos, desde gráficos a controles, pasando por la variedad de enemigos y fases. Además, como es tradicional en los juegos de Mario, las fases vuelven a estar en un mapa por el que uno puede desplazarse libremente y, por tanto, es posible guardar.

En aquella época, mis amigos y yo no poseíamos muchos juegos de la Game Boy, así que existía una desarrollada cultura del intercambio. Cuando Super Mario Land 2 cayó en mis manos gracias a uno de ellos, me enganchó de principio a fin. La historia es simple. A su vuelta de Sarasaland, Mario descubre que en su país un sujeto parecido a él pero con el alma corrompida ha hechizado a los habitantes para volverlos en su contra y, no contento con ello, ha ocupado su castillo. Ese villano no es otro que Wario, quien debutó en este juego exitosamente.

Super Mario Land 2 es más fácil que Super Mario Land, exceptuando la fase que tiene lugar en el espacio, donde regresa Tatanga como jefe, y el castillo de Wario, terriblemente complicado, casi tanto como aprobar unas oposiciones: llegar hasta Wario podía comportar --sin exagerar-- unos veinte intentos. Y el susodicho es uno de los jefes finales más poderosos que recuerdo en un juego de Mario, pues había que vencerle en tres ocasiones seguidas, y en la segunda y tercera utiliza dos de los objetos que dan poderes (la Zanahoria Mágica y la Flor de Fuego), permitiéndole volar y lanzar bolas de fuego.

El personaje de Wario debió de caer bien, habida cuenta de que en 1994 protagonizó Wario Land: Super Mario Land 3, un spin-off que posteriormente se volvería habitual con personajes de los juegos de Mario. Al igual que Donkey Kong, Wario pasa de villano a héroe, aunque uno muy especial. Su objetivo no es rescatar a una princesa o salvar un reino de la tiranía. Solamente busca dinero. De hecho, el mayor o menor éxito al final del juego va unido al tamaño del tesoro reunido (sustraído a los antagonistas, una banda pirata de patos). La actividad de acumulación de riqueza, que hoy sería censurada por el Papa, a mí me parecía completamente lógica en un tipo como Wario, despojado de toda gloria y bienestar material tras su derrota a manos de su némesis.

Es un juego de plataformas similar a los de Mario, pero con diferencias notables. Wario es más lento y bruto, y una característica esencial son los gorros o cascos que puede encontrar y usar a lo largo de los niveles y que confieren distintos poderes.

La serie terminó con este título, si bien es ocioso señalar que Mario y Wario fueron protagonistas de otros muchos y celebrados juegos. De los tres aquí reseñados destaco su originalidad, su voluntad de superar al anterior y el entretenimiento puro y satisfactorio que proporcionaban. Que vivan Nintendo y su vieja, mítica Game Boy, que con juegos así hizo las delicias de quienes crecimos en los noventa.

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