Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, noviembre 24, 2013

EL CAMPUS DE BATALLA

La Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid ha vuelto a sufrir un ataque. Un nutrido grupo de radicales de izquierda asaltaron el edificio, destrozaron el local de una asociación universitaria de corte conservador y agredieron verbal y físicamente a varios alumnos.

No es la primera vez que la Facultad de Derecho es objeto de las atenciones de tales benefactores de la humanidad, que intentan imponer su ideología mediante la violencia. La Facultad de Derecho es para ellos un reducto de orden y buen hacer universitario, muy diferente de su modelo ideal, la Facultad de Ciencias Políticas de Somosaguas, en la que reina el caos. Allí el profesor progresista adoctrina, se persigue al disidente y hay una continua exaltación del pensamiento único y del terrorismo.

Tampoco es nueva la reacción –timorata e insuficiente-- del Rectorado. Lejos de garantizar la seguridad y tranquilidad de los alumnos, el Rectorado ha solido ponerse de parte de los bárbaros, con quienes se muestra comprensivo. Y si la policía entra en el campus, lo denuncia con rapidez, permitiendo que campen a su aire piquetes violentos u hordas como la que entró en la Facultad de Derecho.

Por culpa de Berzotas y Carrillo, la Universidad Complutense de Madrid está en la ruina económica y va perdiendo atractivo para quienes desean adquirir una formación útil a partir de la cual ganarse la vida. En cambio, los asamblearios y extremistas, los que prolongan ad infinitum sus estudios a costa del contribuyente, están encantados, pues prefieren rebozarse en un estercolero antes que se promueva la excelencia. Ellos son los que dicen que van a salvar la educación pública de las garras del neoliberalismo. A lo mejor deberían salvar la educación pública de sí mismos.

Porque la Universidad ha de ser un espacio de libertad, intercambio de ideas, transmisión de conocimientos y sosiego, no un escenario de protestas, como si aún perviviera el franquismo, y menos todavía un lugar en el que los alumnos responsables sufren insultos y agresiones inopinadas que, además, quedan impunes.

Lo más preocupante, empero, no es la actuación de estos grupos, que no es, ya lo dije, novedosa, sino el amparo que les proporcionan partidos que están en las instituciones y que, en principio, participan en el sistema, pero cuyo extremismo latente se ha ido revelando al calor de la crisis. Así, esa IU que busca en la calle lo que no obtendrá en las urnas, que llama a la revolución y pesca en el lodazal del sectarismo: lo sucedido en la Facultad de Derecho es una concreción de sus planteamientos. En un ejercicio no sé si de mala conciencia o de hipocresía, Llamazares ha sentenciado que no hay terrorismo de izquierdas. La correcta interpretación de sus palabras es que, si el terrorismo lo practica la izquierda, entonces no es terrorismo.

Contra Llamazares, IU y la chusma que contamina el campus hay que luchar sin descanso. Si se producen nuevos asaltos, los alumnos deberían organizarse y defenderse, porque seguro que son más y mejores que los atacantes. Cuando se rompen las reglas y la autoridad no actúa, no queda otra opción. Y esos alumnos que estudian y que tan sólo buscan labrarse el futuro, rechazando la utopía totalitaria de la izquierda, son los que de verdad otorgan valor a la Universidad.

2 comentarios:

octopusmagnificens dijo...

De acuerdo en todo y especialmente bien señalado lo del camarada Llamazares.

El Espantapájaros dijo...

Gracias, Octopus. Llamazares es de lo peor de la escena política española. Ese sectarismo, su rostro de amargura y enfado, como si en cualquier momento te fuera a abroncar por ejecer tu libertad...