Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 27, 2013

REFLEXIONES TRAS LA SENTENCIA CONTRA LA DOCTRINA PAROT

La sentencia de la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que anula la aplicación de la Doctrina Parot a la terrorista Inés del Río es ajustada a Derecho y, pese a que podría ser discutida sobre la base de la propia jurisprudencia del Tribunal de Estrasburgo, no voy a entrar en ese debate. Baste señalar que hay argumentos suficientes para sostener dicha doctrina, como en su día hicieron el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional; el TEDH, separándose de la interpretación de los órganos españoles, ha optado por una versión estricta del principio de no retroactividad de las normas penales desfavorables.

En este escrito tengo la intención de apuntar una serie de reflexiones nacidas al calor de esta sentencia y de los efectos que está teniendo. 

La primera es la ausencia de autocrítica de los políticos. Aunque hábilmente diluida por el cruce de decisiones judiciales, en todo este despropósito hay una culpa importante de los políticos, que durante mucho tiempo no adaptaron el Código Penal a la realidad del terrorismo o de los asesinos múltiples, por lo que tuvieron que ser los tribunales los que, Doctrina Parot mediante, enmendaran la benignidad de los beneficios penitenciarios para que no salieran a la calle terroristas, asesinos y violadores, como acertadamente ha explicado José Luis Requero

En la misma línea de exigir responsabilidades a los políticos, me pregunto si el Gobierno español ha puesto algún empeño, al margen de la actuación del abogado del Estado, en convencer a Estrasburgo de que mantuviera incólume la Doctrina Parot. Queda patente, de nuevo, la debilidad de España, que puede ser ninguneada y pisoteada con absoluta impunidad. Y el Gobierno no hace otra cosa que balbucear banalidades.

En segundo lugar, sorprende la celeridad con la que la Audiencia Nacional está dispuesta a ejecutar y extender las consecuencias de la sentencia del TEDH, una celeridad digna de mejor causa, sin duda. ¡Qué atentos son algunos jueces con los derechos de los terroristas nacionalistas vascos! 

Es de destacar, a continuación, la respuesta de la izquierda, que se ha apresurado a saludar el principio del fin de la Doctrina Parot como un triunfo del Estado de Derecho. El PSOE, al menos, ha asegurado que le repugnan las consecuencias que de ello se derivarán, en tanto que los de IU, con el infame Alberto Garzón a la cabeza, han hablado de “buena noticia”. 

La izquierda radical a la que pertenece Garzón no se debe de sentir lejos de ETA, con la que comparte ideología, el odio a España y el antifranquismo. Tengo la impresión de que ETA es lo que a ellos les hubiese gustado ser de haber combatido de verdad el franquismo. Tal vez no sean abiertamente proterroristas, pero ETA sería para ellos como ese primo lejano que es admirado por sus correrías, aventuras o calaveradas.

En todo caso, si pedir coherencia o rigor a la izquierda no fuera un esfuerzo inútil, su reacción tendría que ser descrita como chocante, muy chocante. Qué notable es, con ocasión de esta sentencia tan provechosa para ETA, la adhesión al Estado de Derecho y sus principios más clásicos de quienes abogan por la derogación de la Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía a fin de perseguir a funcionarios franquistas (no a los terroristas que también se beneficiaron de ella) y en el pasado han apoyado calurosamente a Vera y Barrionuevo en las mismas puertas de la cárcel, han arropado sin tapujos a un juez condenado por prevaricación o, más recientemente, han acosado e insultado a la juez Alaya. Y es una pena que ese mismo respeto y ejecución inmediata y sin matices (El País pide alegremente excarcelaciones masivas) no lo reclamen para resoluciones judiciales --también obligatorias, por si acaso lo dudan-- en relación con la inmersión lingüística en Cataluña. 

La última reflexión es sobre la mutación que se opera en la izquierda cuando se trata de los sentimientos de las víctimas del terrorismo. Generalmente, la actuación en la vida pública de la izquierda se guía más por emociones que por la razón, están constantemente promocionando su buen corazón y su preocupación por el sufrimiento ajeno. En cambio, en este caso la izquierda se erige en valedora de una decisión inflexible, dura lex, sed lex, frente al dolor de las víctimas, que son los únicos indignados que no cuentan con su favor. Y soy el primero que desprecia los sentimientos en política. Lo reseñable es que la izquierda, curiosamente, sólo los arrincona cuando son los de las víctimas de ETA. 

En fin, ETA no ha ganado. Afirmar tal cosa sería inexacto. Ahora bien, está gestionando una dulce derrota con la aquiescencia del Gobierno y el entusiasmo de los progresistas. Hoy es la Doctrina Parot, mañana tal vez la política de dispersión. Mientras tanto, homenajes, reconocimientos y, en especial, el pavoroso éxito de un relato execrable que se está imponiendo en el País Vasco, el de que allí hubo una guerra, con violencias equivalentes ejercidas por los dos bandos, y que no puede haber vencedores y vencidos si se quiere asegurar la paz. La diferencia es que los de un bando lloran a sus muertos en el cementerio, mientras que los del otro celebran el regreso de los del tiro en la nuca. Y sonríen.  

1 comentario:

Claudedeu dijo...

Lo que yo me pregunto es por qué no se modificó el Código Penal para introducir penas mayores en casos como el terrorismo. Es una pregunta que todavía no encontró su respuesta.