Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, octubre 20, 2013

DURAN, UN ESTADISTA DE PACOTILLA

No entiendo a los que afirman que Duran Lleida es un político responsable y con sentido de Estado. Se trata ésta de una visión muy extendida y sorpresivamente avalada por las encuestas, pero resulta de todo punto insostenible.

Duran Lleida es un político camaleónico, ambiguo, taimado y al que solamente le preocupa su propio interés. Quiere seguir alojándose en el Palace y que a la vez en Cataluña no le llamen botifler. A tal fin, un día da vivas a la Cataluña libre y al siguiente asegura que la secesión es imposible y rechazable. Duran Lleida es defender una posición, la contraria y la de más allá si se tercia, y normalmente sin ningún fundamento, con una pobreza intelectual abismal, característica que comparte con la mayoría de políticos catalanes, meros charlatanes de feria que subsisten gracias a la fiebre nacionalistas y no a su mérito y capacidad. 

Cuando Duran advirtió a Rajoy que si perseveraba en su pasividad ante el problema catalán podía encontrarse al cabo del tiempo con una declaración unilateral de independencia, el Presidente estuvo atinado al señalar que el propio Duran, si tan concernido al respecto estaba, podía “defender posiciones sensatas y de sentido común”. Y puede, sin duda: romper con Convergencia supondría un duro varapalo a los planes de Artur Mas.  

No es ése, claro está, el propósito de Duran, que se limita a ganar tiempo y jugar a dos bandas para que, cuando el partido se decante, él no esté en el lado equivocado, porque, como ha reconocido, fuera de la política no ganaría lo suficiente, y es hombre de gustos caros y sumamente sibarita. 

Por otra parte, sus aportaciones como político son inexistentes. ¿Qué logro se le puede atribuir después de una vida en política? Nada serio, tan sólo filfa parlamentaria y, actualmente, una tercera vía para las aspiraciones catalanas que, en concordancia con la vaciedad de nuestro hombre, carece de contenido y no vale de nada, aparte de para seguir hablando y llenando páginas de periódicos y tertulias. En descartar despectivamente la vía sugerida por Duran es en lo único que coincido con Artur Mas.

En suma, es lícito decir que Duran es una copia mala de Francesc Cambó, una parodia grotesca y adaptada a la mediocridad de esta época del gran político catalán. Rajoy haría bien en no perder tiempo en atender a su cháchara sin importancia y dedicarse desde ya mismo a articular una estrategia clara, rotunda y ambiciosa que impida que se cumpla el programa separatista de Mas y su jefe, el gordo de ERC.

Y que Duran se dedique a lo único que sabe hacer, que no es otra cosa que formar parte del mobiliario del Congreso de los Diputados.