Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, septiembre 29, 2013

LA IZQUIERDA NO ES DUEÑA DE LO PÚBLICO

No ha desperdiciado Rubalcaba una nueva ocasión para mostrarse tal y como es, miserable y sectario, afirmando que, de haber sido el Rey, se habría operado en un hospital público (Rubalcaba, conviene recordar, es usuario por elección propia de un hospital madrileño de gestión privada, la que de tarde en tarde demoniza en sus mítines para borregos). Antonio Burgos ha resumido muy bien el asunto: “Los mismos que mandaban a la señora Cifuentes a la privada querían mandar al Rey a la pública”. En el fondo, el objetivo es que Su Majestad se ponga al servicio de la propaganda de la izquierda putrefacta. 

La misma izquierda que esta semana ha estado berreando en Baleares por la aprobación de un decreto que, en esencia, reduce las horas de estudio en catalán. El pretexto de la Marea (o mejor, meada) Verde es la defensa de la educación pública, aunque realmente protestan porque se les priva de imponer más horas de catalán a los niños.

La izquierda española (IU y su ridículo imitador, el PSOE) se cree en poder de la educación y sanidad públicas, de manera que prostituye estos servicios en favor de sus arteras causas, ora poner en un brete al Rey, ora dar satisfacción a la agenda nacionalista en Baleares. El relato que construyen los progresistas –y el PP, de ordinario, se lo permite— es que la educación y la sanidad de que disfrutan los españoles, así como la Seguridad Social, se deben a ellos, por lo que sólo ellos pueden introducir cambios. Es terreno vedado. Toda intromisión será tachada de ataque a las conquistas sociales por parte de una política neoliberal (hipótesis que cae sin remisión ante la mera contemplación de Rajoy y Montoro).

El drama de la izquierda es que su reinado de fantasía está tocando a su fin, más por la realidad de las cosas que por el discurso reformista del PP. Y es que, en un escenario de contracción de la recaudación y paro elevado, seguir otorgando becas sin apenas exigencias o no pensar en modelos de gestión de servicios públicos que posibiliten ahorrar costes es, pura y simplemente, suicida. No dejaré de asegurar que los peores enemigos de lo público no son los neoliberales (que no existen), sino los inmovilistas que se atrincheran en sus ideologías atrasadas o que lo utilizan como parapeto de sus propios intereses (caso de profesionales sanitarios y profesores).

A los bien cebados sindicalistas, bolivarianos de IU o a Rubalcaba se les llena la boca hablando del Estado de Bienestar, pero ni aunque el dinero cayera del cielo serían capaces de garantizar su sostenibilidad. Que su única respuesta ante la crisis de la que hablé la semana pasada sea invariablemente gastar más y aumentar los ingresos es indicativo del erial intelectual en el que transitan los supuestos benefactores de los españoles menesterosos.

Hay que apreciar el valor de los servicios públicos sin caer en el temor o rechazo visceral al sector privado. La colaboración público-privada y el probar nuevas fórmulas  no han de ser motivo de alerta, a pesar del continuo recurso al miedo que emplean los progresistas. Frente a los que exaltan lo público ocultando intereses partidistas, tengamos presente la advertencia de Adam Smith: “Nunca he visto muchas cosas buenas hechas por los que pretenden actuar en bien del pueblo”.

2 comentarios:

Claudedeu dijo...

No creo que el drama del PSOE esté tocando a su fin. Mas bien todo lo contrario. Ante la falta de ideas claras en el Partido Popular, ocurrirá lo mismo de siempre: la PSOE volverá a ascender al trono y a manejar enseñanza y sanidad como cotos privados. Tomad dinero, el que queráis, pues como dijo aquella Ministra, es dinero no es de nadie.

El Espantapájaros dijo...

La ventaja que tiene el PSOE es que el PP está perdiendo, como de costumbre, la batalla de la comunicación: no elabora un discurso convincente sobre sus proyectos, sino que pide perdón por ellos.

Aun así, la posición de la izquierda española carece de parangón en el mundo civilizado. En todas partes se están acometiendo profundas reformas, o ya se han hecho, sobre el Estado de Bienestar y los servicios públicos. En Inglaterra, en Suecia, ahora en Holanda, donde gobierna el centro izquierda... En España su discurso se limita a aumentar los ingresos (cosa asumida por el Gobierno, por otra parte).

Reconozco, con todo, que también cuentan con una población algo confundida al respecto, según refleja la encuesta de la que hablé el otro día.