Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, agosto 18, 2013

SUEÑOS

Encontré el guión (mejor con tilde) de Pulp Fiction en una mesa de la biblioteca pública donde cualquiera puede dejar libros o, como suele ser mi caso, llevárselos. Era un ejemplar en buen estado, sólo levemente desgastado, con el valor añadido de ser una primera edición (1994) en inglés.
Al abrirlo, me llevé una pequeña sorpresa. Había una nota manuscrita en la página de respeto, una dedicatoria que rezaba así: “Algún día Tarantino se fijará en ti, pero hasta entonces creo que tendrás que conformarte con leer sus guiones. Por algo se empieza, ¿no? Muchas felicidades. Elena”.
Mi curiosidad se activó de inmediato. ¿Quién era Elena? ¿Novia? ¿Amiga? ¿Familiar? ¿Y quién era el destinatario de la dedicatoria, o a qué se dedicaba o pensaba dedicarse cuando recibió el guión? Parece claro que al cine… ¿Tal vez como guionista? Compuse la imagen de un ser encerrado en su cuarto, escribiendo a máquina delirantes guiones a imitación de Tarantino y enviándolos a productoras españolas que, invariablemente, los rechazarían, porque en España –sobre todo en los noventa– sólo se hacen comedias con tetas, dramas con tetas y panfletos frentepopulistas sobre la Guerra Civil.
Y ahora, supongo que muchos años después, guión y dedicatoria habían terminado en la mesa de la biblioteca donde la gente abandona los libros que, a su entender, no valen el espacio que ocupan. El paso que va del regalo con buenas intenciones a la res derelictae esconde, en este caso, un inocultable fracaso.

“Por algo se empieza, ¿no?”… Está visto que, a veces, sólo se empieza. Y es que, como aseguraba Jardiel Poncela, pocos sueños se cumplen y la gran mayoría se roncan.

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