Como una vez exclamara: "¡A mí, hombres!", cuando acudieron algunos los ahuyentó con su bastón, diciendo: "¡Clamé por hombres, no por desperdicios!" (Vida de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio)







domingo, julio 14, 2013

BÁRCENAS Y RAJOY: ¿QUÉ HACER?

No comprendo por qué Rajoy se muestra tan renuente a citar a Bárcenas por su nombre, como si se tratara del mismísimo Voldemort, He-Who-Must-Not-Be-Named. Es fácilmente explicable, partiendo de ese detalle, el fracaso del PP a la hora de defenderse de las implicaciones de este caso. Una comunicación errática, confusa y carente de fuerza no conduce a nada en situaciones así. Es mejor pasar al ataque.

Aún no dudo de la honradez de Rajoy. De todo lo demás, sí. Él protegió a Bárcenas hasta el momento crítico, y ahora se niega a dar explicaciones. Rajoy, un hombre que ha hecho del silencio y del mirar a otro lado su estrategia más habitual, está cometiendo un grave error. Puede que otras veces esa estrategia le haya ayudado a capear el temporal, pero en esta ocasión la tormenta está provocando la zozobra del barco y el capitán debe, urgentemente, personarse en el puente de mando. Y una vez allí, dirigirse a la tropa fiel y a sus enemigos, para después tomar decisiones.

Comparto lo que exigió Esperanza Aguirre esta misma semana, esto es, una reacción opuesta a la de otros partidos. Que el PP se adelante a la Justicia en lo tocante a transparencia, depurar responsabilidades y limpiar sus bajos fondos. Rechazo por principio la pasividad y aún más la cobardía que está demostrando Rajoy. Éste debería hacer dos cosas básicas. Primero, comparecer ante el Parlamento. Segundo, dar una extensa rueda de prensa. No vale, por tanto, un discurso leído en Génova. Ambas actuaciones le permitirían fijar ante la opinión pública una posición clara sobre este escándalo, algo de lo que el PP adolece, pese a todos sus aspavientos, amén de que dejaría claro que no teme ninguna pregunta. Eso es necesario a fin de que no se resquebraje la confianza.

Explicarse de esa manera no significaría ceder a ningún chantaje de Bárcenas. ¿Qué chantaje? Si se trata de que no condicione la agenda política, es demasiado tarde para evitarlo. Lo único que consigue Rajoy con su silencio es que se extiendan todo tipo de versiones y teorías –menos la suya– sobre su relación con Bárcenas. Está a tiempo de abandonar su escondite sin explicar sin tapujos todo lo que haya que explicar, desde gastos de representación en el partido al sentido de esos ridículos intercambios de mensajes telefónicos con Bárcenas. El chantaje quedaría, sin ninguna duda, desactivado.

Por lo demás, tan falto de liderazgo está el PP que ni siquiera contraataca eficazmente esgrimiendo la corrupción socialista en Andalucía, mucho más honda y nociva, por supuesto, que toda la que sea imputable al PP y a Bárcenas. Así es el PP de Rajoy. Un partido acomplejado que continuamente está pidiendo perdón por existir y que deja al PSOE el lujo de proclamar que rompe relaciones con él (¿?), en una dramatización propia del mejor Rubalcaba, el del “Pásalo”, con quien Rajoy pacta ricamente fruslerías, crecimiento en vez de austeridad, más Europa, etcétera. Estupideces al por mayor de quien no ha tenido el coraje de reducir el tamaño del sector público.

Estoy asqueado del PP de Rajoy. Y harto. Harto de sus refranes, su discurso hueco y su populismo de saldo. Harto de su patriotismo de partido. Harto de su endeblez, ahora disfrazada de resistencia y conciencia tranquila. Si después de toda una vida política este hombre no es capaz de explicarse en el Parlamento y dar una rueda de prensa decente, recuperando así la iniciativa y zanjando los temas candentes, no merece seguir gobernando. Prefiero la cruda verdad a un Presidente cobarde.

Es una imagen que suelo tener presente la de Diógenes, lámpara en mano a plena luz del día, buscando a un hombre. Rajoy no lo es, según parece. Que le echen ya. Todavía hay hombres el PP, aunque sean mujeres.

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